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Makoki: 'fuga en la modelo'

Makoki, Pipo y el Emo: redescubriendo La Modelo 40 años después

26/02/2017 - 

VALÈNCIA. Antes que nada, para poner en situación al lector y contextualizar este escrito, diré que nunca había escuchado hablar de Makoki, ni de la cárcel La Modelo, ni de un perro que sabía conducir. También quiero reconocer, muy a mi pesar, que nunca había leído un cómic. Fuga en la Modelo ha sido un reto, podría decirme que es un experimento para saber cómo alguien que ha nacido en los años 90 entiende estas viñetas, la situación en la que sucede todo y el vocabulario en cuestión. No ha sido un "muermo", como se diría en las viñetas donde transcurre la historia de una posible fuga de la cárcel con una historia de drogas y cruzar el estrecho de por medio. 

Las situaciones que se narran y se ilustran en Fuga en la Modelo seguro que han sido reales, algo satíricas e irónicas pero dudo que estén exageradas. Como unos personajes, no sé que oficio ni profesión podrían tener, aparecen en Melilla para conseguir hachís, "pura goma marrocana" o "costo" entre otros términos, y consiguen cruzar el estrecho para vender esta droga. La imagen de los militares, corruptos, son cómplices de este tráfico tan ¿inusual? y que al final son ellos quienes escapan con la mercancía. La verdad es que me llamó la atención la imagen que muestran de estos agentes, cuerpos policiales, llamémosles X. La vista gorda de los policías españoles y la persecución a una moto de los guardias "moros". 

Y ya dejando de lado las surrealistas, o no tanto, conversaciones de los protagonistas y vamos a darle un poco de protagonismo a las ilustraciones. Página a página, viñeta a viñeta vas encontrando detalles que te teletransportan a aquella época de hace 40 años. La pegatina "Nuclear? No gracies" en un vehículo de los militares, el monumento a Colón en la ciudad condal o la Plaza de España de Madrid, con todo lujo de detalle. No puedes echar en falta nada en toda la historia, viajas a "Graná", antes a "Madrí" y vives una noche de desenfreno en el barrio de Malasaña y, finalmente eres un preso más en la Modelo. 

¿Todo es bueno? Claro que sí. Aún así

Hay momentos de la historia bastante explícitos: "Ven aquí guapa que te voy a meter este puro en la boca que te vas a creer que tienes sinco mil pelas de chicle", dejo libre la imaginación del lector para situar esta flamante frase de Emo hacia una de "las niñas de Graná".  La jerga relacionada con la droga está asegurada para ampliar tu vocabulario, las mil meteduras de pata que pueden hacer unos inexpertos camellos te harán reír y penar que el ser humano ha evolucionado, o no. Respecto a Pipo, el perro que conducía y que le daban "de fumá", quiero pensar que esa es la única situación que no ha pasado en realidad. 

Finalizando, "chapando" este texto, un cómic que narra la historia de una posible fuga de la cárcel y los tejeymanejes de Makoki, Emo, el niñato, el Cuco y un sin fin de personajes, ha conseguido tenerme absorta dentro de la historia en mis viajes de ida y vuelta en Metro Valencia. Las ilustraciones que como su nombre bien indican te llevan hasta Madrid, Melilla o incluso ves la silueta de Colón en Barcelona. Frases hechas que te hacen reír, humor ¿duro? por decirlo de alguna forma a mi entender pero aún así gracioso. Vocabulario malagueño, palabras castizas y algún que otro chascarrillo catalán de algún preso de la Modelo. ¿Recomiendo leerlo? Sí, ¿por qué no? ¿Volvería a leer otro cómic de este estilo? 'Oyes, asín sí'.

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