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Manteros: «Si viene la policía, hago el Santa Claus»

Inexistentes para la estadística, pero a la vez el eslabón más visible de la venta ambulante ilegal y de falsificaciones que trae de cabeza a las administraciones municipales. El debate se divide entre criminalizar a un colectivo de por sí muy vulnerable o pecar de permisivos. Manteros. ¿Camino a la legalización?

20/12/2018 - 

VALÈNCIA.-A golpe de trap salió Dara Dia del top manta. Ahora se llama Lory Money y es todo un fenómeno que acumula millones de visitas en YouTube y que ha firmado contrato con Universal y Planeta, además de colaborar con Valencia Plaza. Llegó de Senegal en patera en 2006. Ocho días a la deriva desde Dakar a Tenerife para acabar en el Mercado Central de València vendiendo películas y discos pirata en su manta. Y si el Trap —ese género musical tan en boga— por definición canta a la supervivencia en los márgenes, Lory tiene mucho que contar... o que cantar. En 2011, el destino le puso en el camino a Chris, hoy su productor y entonces el camarero en el bar donde cada mañana entraba en calor con un cortado. El nihilismo hizo el resto.

«Película de miedo, también de Mickey Mouse / Si viene policía hago el Santa Claus / Hago el Santa Claus». Descripción gráfica de cómo convertir la manta en una mochila en un solo gesto, para llevarse la mercancía cuando se acerca un decomiso policial. El tema que se hizo viral. Le siguió el Ola k ase y Lory dejó la manta, pero a ojos de la ley no dejó de ser un «ilegal». Se enfrentó a una orden de expulsión que, gracias a los contratos que tenía apalabrados, fue revocada. El mantero-trapero consiguió los papeles, aunque su caso no deja de ser la excepción. 

Trece años después de llegar a España, Falu Faye sigue con su fardo a cuestas. Este sábado, en el mercado de Benicalap de València. Cuando ve patrullar a la policía local hace el Santa Claus: se echa el saco a la espalda y sale corriendo. Luego vuelve para pedir disculpas a las personas que pueda haber empujado en la huida. «¿Por qué pronuncias con vergüenza top manta?—, pregunta durante la entrevista—«Para mí es un medio honrado de vida con el que me saco el pan. Si no, estaría pidiendo. Y me niego a tender la mano».

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Falu ha tardado diez años en regularizar sus papeles. «Cuando llegas necesitas estar tres años para poder solicitar el arraigo. Mientras tanto, ¿cómo vas a sobrevivir? Sigues los pasos de los que ya están aquí. Un tío te deja cien euros para comprar los productos. Luego se los devuelves. Así empiezas. Es la ley de Extranjería la que nos empuja a esta actividad. No hay alternativa sin un contrato de por medio, ni de arreglar tus papeles ni de salir de la manta», lamenta. 

El gato y el ratón

La venta ambulante sin autorización es una infracción grave en la ordenanza municipal de València y, además, faculta a la policía local a decomisar los productos y a poder levantar una denuncia. Tanto a Lory como a Falu les han confiscado la mercancía en varias ocasiones. «Fue quizá de lo peor que me ha pasado. Me gasté todos los ahorros en unos bolsos y carteras y me lo quitaron todo, por eso me pasé a los CD», cuenta Lory. «Esto no tiene nada que ver con una mafia. La mercancía es tuya. Compras y vendes con un margen de cinco o diez euros de ganancia. Depende del día. Y vas sacándote el jornal para pagar el alquiler, la luz y mandar algo a la familia en Senegal, por eso cuando nos la quitan nos hacen polvo», explica Falu.

«La policía persigue un delito y no la actividad de los manteros», explica la concejala de Seguridad Ciudadana de València, Anaïs Menguzzato. «Hacemos actuaciones semanales. Tenemos los efectivos que tenemos, pero no miramos hacia otro lado», señala. Precisamente el cuerpo policial del que es responsable ha sido tachado de ser demasiado permisivo con los manteros a partir del cambio de gobierno, y especialmente, a raíz de la disolución del Grupo de Operaciones Especiales de Seguridad. «Los GOES no solo se dedicaban a perseguir la venta ilegal. Pero si hubiera sido así, qué mal funcionaban porque, con el Partido Popular, también había top manta. La Policía Local es el último sujeto que actúa en esta situación. Hay que intervenir en la llegada de la mercancía a los puertos, el reparto y todo el entramado que hay detrás. Si pretendemos que la policía local acabe con esto estamos equivocados», señala Menguzzato. 

«Película de miedo /

 también de Mickey Mouse.

Si viene policía /

hago el Santa Claus»

Desde la Asociación Nacional para la Defensa de la Marca coinciden en que la venta a pie de calle es el peldaño final de un entramado mucho más complejo. José Antonio Moreno, director general de Andema señala desde Madrid que la venta de falsificaciones es el negocio que mueve el equivalente al 2,5% del comercio mundial. En España repercute directamente en trece sectores de la industria con pérdidas de 6.165 millones de euros cada año y miles de puestos de trabajo. «Desde la entrada de estos productos a puerto hasta su destino final, que es el comprador, no hay ni una factura, ni una tasa, ni un impuesto pagado. Eso hace que el impacto sea mayor. El ministerio de Hacienda nunca ha evaluado el daño de esta economía sumergida. Desgraciadamente la administración pública se ha puesto de espaldas a sus comerciantes y esto está empoderando a los que practican la venta ilegal», indica.

Rafael Torres, presidente de la Confederación de Empresarios del Comercio y Servicios de la Comunidad Valenciana, tiene un comercio en pleno casco histórico de València donde la policía local tiene una campaña de vigilancia expresa con motivo de las fechas navideñas. «No es  solo en navidades. Es Semana Santa, Fallas, verano, y así todo el año. Es insultante ver que se nos colocan en los escaparates, obstaculizan la entrada, ocupan aceras y la vía pública, y que tú como comerciante, encima, no les puedes decir nada», comenta. «Las persecuciones son peligrosas porque hay empujones. Y cada vez hay más venta. Hablan de 400 manteros en València -el Ayuntamiento los cifra en 200- pero estamos seguros de que son muchos centenares más». Falu replica. «En estos años he visto de todo. Piernas rotas, detenciones, nos insultan, nos persiguen y nosotros no nos atrevemos a denunciar porque muchos no están regularizados. Nos tachan de violentos, pero en diez años en la calle puedo contar los altercados con la policía con los dedos de la mano». La concejala de seguridad señala que ahora las intervenciones no son tan visibles porque se trabaja desde la prevención. «En zonas donde sabemos que hay venta constante instalamos patrullas y se disuelven», indica. 

¿Un mercadillo propio?

«Me moría de vergüenza cada vez que la policía salía a por nosotros. Es muy jodido. Entiendo a los comerciantes, pero hay que entendernos a nosotros también. Los que compran saben lo que compran». Lo dice Thimbo Samb. En la actualidad cosecha éxitos como actor. Entre sus últimos trabajos, un papel en El silencio del pantano. Comenta que en su país se dedicaba al teatro. Aquí acabó durmiendo en la calle. Un día, una conocida le llevó a su grupo de teatro. El profesor le ofreció la oportunidad de estudiar de forma gratuita Arte Dramático. Tuvo que elegir entre actuar o comer de lo que se sacaba en el top manta. 

«No es incompatible ser social y mantener la ley. Los comerciantes pedimos la creación de una mesa de trabajo con ayuntamientos, policía y delegación de lgobierno para solventar los vacíos legales y solucionarlos, pero falta voluntad política», sentencia Torres. ¿Y si la voluntad pasa también por tomar el pulso al propio colectivo? 

Hace unas semanas, València lanzó el primer Plan integral de Inmigración e Interculturalidad 2019-22, entre cuyos 68 puntos se plantea la creación de un espacio a modo de mercado para los vendedores del top manta, y se estudia la forma legal de esa actividad bajo la creación de una cooperativa o sociedad laboral. El documento recoge además la emisión de una tarjeta de vecindad mediante la que las personas migrantes puedan acreditar el arraigo en València para facilitar su regularización. Aunque todavía es un germen, lo que está claro es que el espacio, si se llega a un consenso con los propios interesados, estará ubicado en la ciudad y no en las afueras. 

Fátima tiene su puesto en los mercadillos. Vende artesanía y bisutería. Llegó en 2008 y, como tantas paisanas senegalesas, se dedicó a la venta ambulante. «Las mujeres no somos tan visibles. Intentamos no exponernos. Normalmente estamos en la playa, vendemos artesanía, algunas hacen trenzas. Venimos con esperanza. Estamos hartos de correr. Eso  solo provoca más odio y más racismo. Creo que un mercado sería una buena idea pero que no  solo sea de inmigrantes porque volveremos a estar en las mismas. ¿Quién vendrá  solo a comprarnos a nosotros? Y encima si está en una zona poco transitada...», señala. 

Hay otro factor. «Yo no me veía vendiendo toda la vida. Y como me pasa a mí les pasa a muchos chicos. Ninguno llegó aquí para dedicarse a esto», comenta Thimbo. «Es algo que tiene que tener en cuenta la administración». «Después de muchos años, acabas resignado, pero casi todos nosotros somos jóvenes y hemos venido con oficios. Yo era mecánico en mi país y me encantaría tener una oportunidad de salir del top manta, si me preguntan», añade Falu. 

los manteros son el eslabón más débil de una cadena mafiosa que provoca más de 6.000 millones anuales de pérdidas al sector

Desde Valencia Acoge, Estefanía Daras Cebrián, responsable del programa de orientación socio laboral, matiza que «una cooperativa o el emprendimiento debería ir acompañado de espacios de formación y gestión, de algún tipo de certificación laboral que facilite el acceso al arraigo, al empleo o al autoempleo. Si no, corremos el riesgo de que no sea una solución para todo el colectivo». 

«Hasta ahora, la única forma de tratar el tema ha sido con la persecución, las detenciones, los CIE y la expulsión. Por primera vez hay una concejalía de migraciones que lo que pretende es cambiar el enfoque y apostar por aunar opiniones, por hablar con otras concejalías como empleo, seguridad, comercio y, ante todo, por el reconocimiento de los derechos de las personas», explica la concejala de Cooperación al Desarrollo y Migración, Neus Fábregas. «Llevamos muchos meses reuniéndonos con las personas que venden en la calle y una de sus principales demandas era tener un espacio propio, pero somos conscientes de que no todo el colectivo desea dedicarse al comercio. Es importante saber cuántas personas sí quieren hacerlo, en qué situación legal están y, en base a ello, buscar opciones. Obviamente el ayuntamiento no va a permitir productos falsificados, pero no necesariamente tienen que vender  solo artesanía», añade Fábregas. 

 Este medio ha contactado también con el Ayuntamiento de Alicante, pero la respuesta desde el gabinete de prensa ha sido que en la ciudad no hay top manta «ni lugar a polémicas como en València». Desde la oposición, la versión es diferente. Julia Angulo, quien fuera la responsable de acción social y vivienda del consistorio por Guanyar Alacant señala que, en apenas año y medio, los manteros han sido borrados de las dos principales ubicaciones en las que se ponían: la Explanada y la playa de San Juan. «El discurso es que espantan al turismo. Nosotros nos llegamos a reunir con 120 vendedores y todos querían regularizar su situación, pagar un puesto, y por supuesto, no vender falsificaciones sino artesanía. Lo que buscan es un poco de seguridad. Son un colectivo muy vulnerable que no está acostumbrado a pedir ayuda por lo que ahora se encuentran mucho más marginados», indica, mientras avanza que su grupo va a exigir la modificación de la ordenanza municipal. Durante su etapa como concejala, Angulo, ecuatoriana de origen, afirma que llegó a ser increpada y recibió ataques racistas porque «quería llenar de africanos como yo la Explanada». º

Comisiones manteras

De estar perseguidos a buscar vías de cooperativismo en las que el propio ayuntamiento garantiza la solvencia del proyecto. Es el caso de Barcelona. En 2017 el consistorio regularizó a 69 manteros con un contrato de trabajo, pero son cifras escasas comparadas con el millar que vende en la ciudad. Se constituyó el Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes y nació la niña de sus ojos, la marca de ropa, Top Manta «ropa legal hecha por gente ilegal».

Rizoma Abogados ayudó de forma altruista en el registro de la marca. «El proyecto tenía un mensaje claro. Nosotros también podemos crear y emprender. Somos como vosotros. Recibieron el impulso del ayuntamiento. Hicieron además un crowfunding para comprar una máquina de imprenta y tuvieron un eco mediático muy importante», comenta desde Barcelona la abogada Laura Rull. Después del éxito sin precedentes de la iniciativa, solo el logo ha podido ser registrado, pero no el nombre, mientras que las ganancias aún se centran en la devolución de lo recaudado. 

Andema se posicionó en contra del registro de marca. Moreno indica que seguían usando diseños protegidos y que pretendían registrar un nombre genérico como marca, pero, sobre todo, «algo tan kafkiano como que estaban dando legalidad a algo ilícito como el top manta». Rull discrepa: «Era justamente vaciar de significado negativo el término y dignificarlo. El proyecto ganó en Nueva York el reconocimiento al impacto social. Una idea llena de ilusión que, a la larga, sí o sí necesitará de apoyo institucional». 

En el momento de realización de este reportaje, el portavoz del sindicato, Lamine Sarr, y otros seis manteros se sientan en el banquillo por falsificar ropa. La fiscalía de Barcelona pide de tres a seis años de prisión a los acusados por unos hechos ocurridos en 2016, y que se conmute la prisión de los detenidos sin documentación por una orden de expulsión de España. «¿Por qué no hay algo parecido aquí a lo de Barcelona? No es fácil perder el miedo. Al sindicato le pasa de todo», sentencia Thimbo.   

* Este artículo se publicó originalmente en el número 50 de la revista Plaza

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