entrevista CON LA DIRECTORA DE LA FERIA DEL LIBRO DE GUADALAJARA

Marisol Schulz: el hada madrina de las letras hispanas

Poca gente lo sabe, pero la presidenta de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México) es de origen valenciano. Inagotable y con una vitalidad digna de admiración, estas dos cualidades le han permitido bregar con los mejores autores en castellano de las últimas décadas

20/05/2018 - 

 VALÈNCIA.- Es algo así como el hada madrina de las letras hispanas. Porque aunque la modestia es una de sus virtudes, cuando cada mes de noviembre ella agita su varita mágica y se abren las puertas de la la Feria Internacional del Libro (FIL), sobre la ciudad de Jalisco en Guadalajara (México) una nube mágica lo envuelve todo. La urbe se vuelve más mestiza, si cabe. Y allí, bajo el influjo de esa inusual atmósfera, se produce algo muy parecido a un milagro en el que muchos autores verán cumplidos sus sueños, pues durante unos días los autores y las autoras encuentran editor, los editores y las editoras encuentran autores y autoras, y también los libreros, distribuidores, ilustradores, traductores y correctores de estilo se dan a conocer en la industria del libro en español.

Marisol Schulz Manault (Ciudad de México, 1957) es la directora general de FIL Guadalajara, feria reconocida desde 2013 como el encuentro del libro en español más importante del mundo. Allí llegó tras haber estado al frente de la LéaLA de Los Ángeles (EEUU). Hija del exilio español, poca gente sabe que su madre huyó de la Guerra Civil para recalar en México. Sus constantes idas y venidas por el mundo hacen muy complicado retenerla unas horas para conversar. Pero lo hemos conseguido.

Y con Marisol hemos hablado de sus raíces valencianas, su vinculación al mundo de la edición y cómo, actualmente, reina en las tierras altas de la literatura junto a Raúl Padilla, presidente de FIL Guadalajara. Como directora ejecutiva es la cara visible y una de las principales voces de un complejo equipo que, junto a las editoriales participantes y un comité académico vinculado a la Universidad de Guadalajara, hacen posible este proyecto cultural de repercusión mundial, que reúne a más de 20.000 profesionales del libro. Que se dice pronto.

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­­— Esos ojos azules... ¿son mexicanos o valencianos?

­­— Son de ambos lados [ríe]. Mi padre, mexicano, tenía ojos verdes, y también por parte de mi madre hay gente muy rubia. Aunque mi madre, que nació en València, era morena clara... Mi familia paterna era mexicana. Esto implicó que yo sea producto de un verdadero mestizaje. He convivido toda mi existencia con estas dos culturas. Soy profundamente nacionalista en cuanto a México pero sigo estando cercana y muy orgullosa de mis raíces valencianas.

­­— Háblanos de tus orígenes valencianos.

­­— Mi abuela materna, María Estruch Noverques, nació en Catadau. Marchó joven a la ciudad de València para casarse con mi abuelo, Guillermo Manaut Viglietti. Les tocó la Guerra Civil y a mi abuela lo más feo de la guerra: quedarse con dos niñas pequeñas mientras el marido se iba a pelear, y luego al exilio. Mi abuelo militó en Esquerra Republicana, según tengo entendido, y toda su familia era republicana.

­­— Dices que la familia de tu abuelo materno era muy liberal.

­­— ¡Mucho! —dice con contundencia— Eran luchadores sociales y librepensadores. Mi bisabuelo, José Manaut Nogués, fue decano del Colegio de Abogados de València, además de pintor y crítico de arte. Como abogado fue quien firmó el primer divorcio en València y también quien instauró las escuelas mixtas. 

­­— ¿Qué ocurrió cuando la Guerra Civil?

­­— Mi madre tenía tres años cuando su padre —mi abuelo­­— se fue a luchar al frente como miliciano. Cuando las tropas franquistas entraron en la ciudad de València, mi abuelo Guillermo Manaut Viglietti, su hermano Enrique y mi bisabuelo José Manaut Nogués, de 80 años, tuvieron que huir porque estaban sentenciados a muerte. Salieron en el último barco, el Satandbook, con todos los republicanos que quedaban camino de un campo de concentración francés en África, del que ahora no recuerdo el nombre. Creo que vivieron en África, después en Francia y allí fue cuando el cónsul de México les consiguió el salvoconducto para poder llegar a México como exiliados. Mi madre ya no volvió a ver a su padre hasta que se reunieron a este lado del Atlántico. 

­­— Y en València quedó tu abuela con sus dos hijas…

­­— Sí. Mi abuela María quedó sola con sus dos hijas de corta edad, Marita y Dolores —mi madre­­— y durante la Guerra Civil y la posguerra tuvo que lidiar con la situación de ser mujer de un republicano. Pero gracias a la solidaridad de su familia en Catadau y de muchos amigos y parientes en València, pudo sacar adelante a sus hijas. Mi madre tenía nueve años cuando acabó la guerra. Y cuando mi abuelo, ya en México, se asientó es cuando consiguió reunir a su familia. A México acudieron mi abuela y sus dos hijas. Mi madre tenía dieciséis años cuando se reencuentra con su padre. Una vez en México nacerá su otra hermana, mi tía Maya, la única que aún vive. A México, tiempo después, también viajó mi tía abuela Mercedes Estruch Noverques.

­­— Una familia ilustrada pero también de artistas.

­­— Cierto. Mi abuelo, Guillermo Manaut Viglietti, fue un escultor y pintor valenciano, alumno de Benlliure. Mi tío abuelo fue el pintor José Manaut Viglietti, alumno de Sorolla. Él fue preso político tras la guerra, lo que le impidió darse a conocer y tener el reconocimiento que su obra merecería. En València, mi bisabuelo organizaba tertulias literarias y artísticas en casa, a las que acudía la intelectualidad valenciana. Mi abuelo Guillermo siempre me contaba de pequeña —yo tenía unos diez años­­— que Joaquín Sorolla y Vicente Blasco Ibáñez fueron grandes amigos de su padre, José Manaut. De estos intelectuales abrevó mi abuelo, con quien conviví quince años de mi existencia.

­­— Y una vez todos en México... ¿dónde os quedó València?

­­— Muy cerca, a pesar de la distancia —dice con contundencia—. Conviví más con mis abuelos maternos y con mi tía abuela, y al ser todos valencianos, en la casa se hablaba de València todos los días... Siempre sentimos a la ciudad cerca. Además, entre ellos hablaban en valenciano, y cuando venían sus amigos también, y a los cuatro hermanos nos ocurre que cuando vamos a València, aunque no hablamos valenciano, lo entendemos perfectamente. 

­­— Dices que tu bisabuelo fundó en México la Casa Regional Valenciana.

­­— Sí, así es y cada 19 de marzo celebraban en México Las Fallas y los hermanos nos vestíamos con los trajes tradicionales. La última Falla fue en 1975 de la que, por cierto, yo fui la Fallera Mayor. La familia nos inculcó mucho amor por València. Hoy en día, muchas de las reuniones familiares las hacemos en torno a una paella. Es más, mi hermana es una experta paellera y se dedica profesionalmente a hacerlas. 

­— ¿Qué otros guisos valencianos habéis heredado?

­­— El hervido­­ —contesta rápidamente­­— algún otro arroz y los pastissets de moniato son parte de mi repertorio. 

­­— ¿Se te quemó algún hervido revisando textos de algún premio Nobel?

­­— [Risas] Sí me llevaba trabajo a casa pero nunca se me quemó el hervido mientras revisaba una novela. ¡Es difícil que un hervido se queme! [risas] Es una comida familiar a la que recurrimos. Aquí le ponemos cebolla, papas (patatas), guisantes y judías verdes. Uno idéntico a este que hacía mi madre lo he comido en un pueblo cerca de Gandia.

­­— ¡Y también cocinas pastissets de moniato! 

­­— [Risas] En Navidad sí. 

­­— ¿Y te salen buenos… ?

­­— ... pues... yo digo que sí [risas], pero no sé.

­­— Y Marisol crece, lee mucho, estudia historia en la universidad, dirige revistas, publicaciones en centros académicos y se hace editora.

­­— Desde muy joven comencé a editar libros y revistas. A principios de los años noventa comencé a trabajar como editora ejecutiva en Grupo Santillana, y quedo a cargo del área de ediciones generales. Y en 2000 me nombran directora editorial en México de Alfaguara y Taurus y Altea. Fue un tiempo de picar piedra porque si Alfaguara era bien conocida en España, en México solo se conocía en círculos literarios cerrados. No había un departamento de Derechos de Autor, ni siquiera un área editorial propia. Con quien era mi jefe entonces, Sealtiel Alatriste, me tocó trabajar de cero. Luego, en el 2000 me quedé al cargo. Y cuando me fui en 2010 la editorial ya gozaba de un enorme prestigio, lo que me llena de orgullo por todo el trabajo que hicimos. De ahí marcho a la Feria del Libro de Los Ángeles, LEAla.

«conviví más con mis abuelos maternos y con mi tía abuela, y al ser todos valencianos, en la casa se hablaba de valència todos los días»LéaLA. 

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— ¿Y dices que tu jefe se llamaba Alatriste?

­­— Sí. Sealtiel Alatristre era el editor de Pérez Reverte en México y de ahí que el autor tomara su nombre para el capitán. Pérez Reverte y Alatriste eran buenos amigos. 

­­— En Santillana, durante diecisiete años, fuiste editora de…

­­— De grandes nombres, como Carlos Fuentes, Alberto Ruy Sánchez, Mario Vargas Llosa, José Saramago, Mario Benedetti, Arturo Pérez-Reverte y muchos autores mexicanos con los que guardo mucha amistad. A Arturo Pérez-Reverte lo conozco muchísimo, desde 1993. De Vargas Llosa puedo decir que es un escritor al que admiro mucho y con quien hasta la fecha tengo mucho trato. Es todo un caballero y un escritor de primera. Pero al no haber vivido en México nuestra relación ha sido más profesional que personal.

­­— De qué te sientes afortunada…

­­— Con Carlos Fuentes la relación editora-autor fue más profunda, lo considero un mentor, con él crecí como editora y a él le debo muchísimo en términos profesionales. Con él tuve largas conversaciones y aunque él vivía entre Londres y México, cuando venía a México conversábamos mucho. Tal vez al que menos conocí personalmente fue a Benedetti porque por aquel entonces ya tenía problemas de asma y venía poco a la ciudad de México. Otra gran fortuna profesional para mí fue trabajar como editora en México de Saramago, pues tuve una gran relación de cariño y amistad con él. Actualmente soy muy amiga de su viuda, Pilar del Río. 

­­— ¿Con qué escritor te quedarías?

­­— Como editora nunca elijo a un autor. Me quedo con todos. Elegir sería traicionarme a mí misma. 

­­— Define tu papel como editora 

­­— Eres un mediador, un intermediario entre el autor y su público. Vas a hacer todo lo posible para que la obra se dé a conocer. 

­­— Pero no eres un intermediario cualquiera… 

­­— Por supuesto. Eres un intermediario de peso, porque de tu trabajo dependen muchas cosas, si lo haces bien. El trabajo del editor se mide más cuando da a conocer a un buen autor poco conocido. Y de esa parte es de la que me siento más orgullosa. De haber ayudado a autores a iniciarse. Un buen editor siempre debe estar en la sombra. Yo pude sentarme horas enteras con Fuentes, pero si en sus textos no se nota mi presencia, mejor. 

­­— ¿Cómo lleva el autor que el editor le corrija?

­­— Cuanto más experimentado es el autor, cuanto más ha publicado y más tiempo tiene su obra, entiende mejor el papel del editor y no se ofende. Las sugerencias nunca son imposiciones, son para mejorar el libro; pero si el autor dice «así se queda», pues así se queda. La última palabra siempre la tiene el autor. 

­­— Si hablamos de autores valencianos, me dices que has leído a Blasco Ibáñez, Miguel Hernández, Joan Fuster, Manuel Vicent, Juan José Millás...

­­— La verdad, no entiendo por qué de muy chica leía a Blasco Ibañez, libros como La Barraca... Supongo que era una influencia familiar. Pero en aquella época fue un mundo interesante para descubrir. Hoy por hoy leo con emoción las columnas de Manuel Vicent y Juan José Millás, no porque sean valencianos, los leo porque son buenos escritores. 

­­— Y en el 2013 Marisol llega a la dirección de FIL Guadalajara

— Esta es una feria del libro sui generis, que va más allá porque es una feria de profesionales del libro. Es el punto de encuentro de todo el mundo de la literatura en español. 

­­— ¿Hay presencia valenciana en la FIL?

­­— Hay pero poca. Estamos viendo la posibilidad de que se incorporen más. Muchas vienen a través del stand de la Federación de Gremios de España. A algunas editoriales como Pre-Textos las conozco bien y tengo la mejor opinión, pero no conozco a todas las que vienen. A FIL vienen 2.200 editoriales.

— ¿Cada año la FIL tiene una ciudad o país invitado. En el 2017 fue Madrid, este año es Portugal. Para cuando la Comunitat Valenciana?

­­— ¡Me encantaría! Ser invitado de honor es un tema complejo, que conlleva costos importantes. Hemos tenido a Cataluña, Andalucía, Castilla-La Mancha, a Madrid. Sería sensacional tener a la Comunitat.

 ­­— Llevas toda una vida fortaleciendo el español a través del libro. ¿Qué momento atraviesa la lengua?

­­— El castellano tiene un vigor brutal. Yo creo que después del inglés es la lengua que más se ha esparcido. Obviamente el mandarín lo hablan muchos más ciudadanos, pero el español como lengua está más esparcido. La presencia del español en EEUU es contundente y personajes como Trump la ven como una amenaza. El español en Estados Unidos es la segunda lengua, y por más que hagan, no la pueden detener. En algunos lugares de EEUU es incluso la primera lengua.

­­— ¿Trump ve al idioma español como una amenaza?

­­— Quisieron detener el impulso de los latinos y además quiere construir un muro. Pero tiene más que ver con el ‘miedo a lo otro’. El español está vivísimo y va a más, con sus diferencias, matices, con su riqueza. Porque no es el mismo español el que se habla en Cuba, que en Los Ángeles, incluso hay matices entre México DF y Guadalajara, igual como entre Andalucía y Madrid. Una riqueza brutal. Yo siempre digo que la lengua suma. El bilingüísmo ayuda al cerebro del niño. Tener dos idiomas es una riqueza cultural. En el caso de California, un caso que conozco bien, algunos latinos no fomentaron en sus hijos el español por muy diversos motivos. Vi muchas mujeres que eran casi analfabetas en inglés y no enseñaron a sus hijos el español... y ahora se encuentran con una doble tragedia, dreamers deportados a un país cuyo idioma no son incapaces de hablan. 

­­— Te reconoces lectora compulsiva, ¿a quién sigues actualmente?

­­— Según la edad tienes autores y libros que te van marcando. Pero tantos años leí libros en español por Alfaguara que cuando salí me propuse leer a los autores que escriben en inglés. Ahora sigo a Ian MacEwan, Julian Barnes, a Paul Auster. Hace poco releí los Hermanos Karamazov, pero también leo de no ficción... a Yuval Noah Harari y temas de actualidad o de historia de México.   

­­— Y un deseo tuyo para terminar 

­­— Pienso que para México sería muy importante que España vuelva a los ojos hacia lo que se hace por estas tierras. A nivel popular no se comprende a América Latina. Más que un lamento es una exhortación a que se entienda el papel que cumplen las Américas en esta nueva etapa del orden mundial. Falta mucho más intercambio cultural entre España y Latinoamérica. Hay un gran camino por delante.

* Este artículo se publicó originalmente en el número 43 de la revista Plaza