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Entrevista | directora general de atlántica agrícola

Marta Gutiérrez: "Industrializar la agricultura mejora la eficiencia y reduce el impacto ambiental"

19/09/2021 - 

VILLENA. A sus 38 años, la madrileña Marta Gutiérrez se ha convertido en la primera mujer CEO del sector de agronutrientes y bioestimulantes. Hace tres meses que Atlántica Agrícola, una empresa villenense con cuatro décadas de historia y nueve filiales distribuidas por el mundo —que, en 2020, facturó 30,8 millones de euros—, la fichó para sustituir a Francisco Miguel en su apuesta por llevar a cabo un relevo generacional. Como ingeniera industrial, ha trabajado durante los últimos 15 años en mercados internacionales y ha conocido de cerca áreas como el aprovisionamiento, el comercio entre países o la cadena de suministro. Antes de tomar las riendas de Atlántica, había trabajado en diversos sectores, entre ellos el cemento, la farmacia o la tecnología. Su última dirección general la ejecutó, de hecho, en SigneBlock, una plataforma dedicada a la digitalización de los procesos de negocio. Sin embargo, nunca antes había pisado una fábrica de fertilizantes naturales. Su irrupción en el gremio es, por tanto, la declaración innegable de que la actual revolución industrial también está afectando a los liderazgos.

Técnicamente, y también de una forma más sencilla, ¿a qué se dedica Atlántica Agrícola?

Somos una empresa perteneciente a la agroindustria. Elaboramos fundamentalmente agronutrientes, bioestimulantes y productos de biocontrol. La característica principal que tiene Atlántica es que es una empresa que se funda en el año 82, por lo que tenemos una larga trayectoria en todo lo que tiene que ver con el concepto de la agricultura sostenible. Hace 25 años que empezamos a ser pioneros en extractos botánicos o “plantas que curan plantas”, y actualmente estamos estudiando nuevas formas de tecnificar la agricultura; buscando metodologías, productos, sistemas y servicios que, de una manera integrada, nos permitan regenerar suelos, que los cultivos estén más sanos y que los agricultores —dentro del concepto de la agricultura 4.0, que es el horizonte al que vamos— puedan producir de una forma más sana y más verde.

¿Qué es eso de la agricultura 4.0?

Como ya ha pasado en revoluciones anteriores, cada vez que ha habido una revolución industrial importante, eso ha impactado de alguna forma en el comportamiento social, en los hábitos, en la capacidad para producir, en qué nuevas cosas se pueden producir y cómo… Igual que las revoluciones anteriores ya habían impactado en la forma de hacer agricultura —que no deja de ser un sector, una industria—, actualmente, las nuevas tecnologías están impactando de tal manera que tenemos la capacidad de producir cosas nuevas y de una forma diferente. Han llegado los habilitadores digitales, como el big data, la inteligencia artificial, el blockchain, etc. Nosotros tenemos la capacitad de integrar toda esa tecnología en procesos productivos. La agricultura también se está tecnificando cada vez más. Se trata de integrar todos los elementos industriales disponibles para producir de una manera más sostenible y, a la vez, mucho más eficiente.

¿Cómo es posible combinar industria y agricultura sostenible?

Esto se explica mejor con un ejemplo sencillo. Puedes reducir el consumo de agua tecnificando mucho más el sistema de riego de los cultivos, de tal manera que sepas en qué momento debes regar y tengas la capacidad de recurrir a mecanismos que te permitan realizar un consumo efectivo. Dentro de las nuevas líneas que estamos desarrollando, hay una que viene con muchísima fuerza, que es la de los microorganismos. Podemos recurrir a elementos naturales para regenerar los suelos, por ejemplo. Otro tipo de herramientas que tenemos ya muy integradas en nuestra vida diaria como pueden ser las aplicaciones móviles también pueden ser usadas en el sector agro. Todo eso ayuda al agricultor y a la cadena de valor de la agricultura a mejorar la eficiencia del proceso sin que eso conlleve un mayor impacto ambiental. Al revés, lo que intentamos es reducirlo. Es lo que se denomina “agricultura de precisión”. Ahora que estamos en pleno cambio climático, cada vez la incertidumbre es mayor. Cuando tenemos la capacidad de controlar ese sistema, de industrializarlo, podemos generar previsiones de cuándo vamos a producir, qué vamos a consumir, qué riesgo tenemos, cómo hacer que la planta esté mejor nutrida sin necesidad de recurrir a plaguicidas... Saber qué necesita el cultivo en cada momento es lo que nos permite ser más sostenibles y más eficientes.

¿Esto serviría también para evitar catástrofes como la del Mar Menor, donde han muerto miles de peces por el uso de químicos en la agricultura?

Yo no hablaría solo del producto químico de la agricultura, porque se pone el foco en un elemento cierto pero de manera descontextualizada. Nosotros hemos llegado a hacer análisis incluso de cómo el antropocentrismo está ocasionando grandes perjuicios. En los últimos 50-60 años, el desarrollo industrial que hemos tenido, la emisión de gases de efecto invernadero y un millón de cosas más han provocado que, actualmente, una de nuestras mayores preocupaciones sea el cambio climático. Ahora es cuando nos hemos dado cuenta de que debemos generar el menor impacto posible en el medio ambiente y vivir en consonancia con el resto del planeta y de seres vivos. Por eso, no es tanto recurrir a productos que mejoren los cultivos, sino que estos tengan un bajo o nulo impacto medioambiental. Ahí sí que está habiendo un cambio de perspectiva interesante por parte de determinadas empresas, como es nuestro caso, en el que, de manera colaborativa, el objetivo está siendo promover. O sea, no esperar a avanzar en base a lo que la legislación nos vaya imponiendo, sino generar iniciativas congruentes con los valores que intentamos trasladar, precisamente para que no ocurran hechos como los del Mar Menor.

Y en ese cambio de perspectiva y de generación, Atlántica Agrícola te propone ser su nueva directora general. ¿Qué ha significado esto para ti y para el sector? 

Resulta un poco extraño, a priori, pensar que, en un sector en el que la tendencia es que los máximos responsables sean personas con mucha experiencia, capten a alguien totalmente neófito en el tema agrícola. Aunque también tiene bastante sentido, porque mi llegada tiene mucho que ver con el relevo generacional y el planteamiento que la compañía tiene de cara al futuro, que básicamente va a ser tecnológico, industrializado y que necesita incorporar cada vez más conocimiento y más diverso. Una de las claves del éxito para todas las organizaciones es tener esa capacidad para atraer y retener talento, y ya teníamos muchísimo talento en la especialización agro. Por tanto, desde mi punto de vista, mi incorporación es un complemento al conocimiento y la capacidad de avance que la empresa ya tenía.

¿En qué situación se encontraba Atlántica cuando asumiste el mando?

He tenido el lujo de encontrarme una empresa en unas condiciones excelentes. Es cierto que, además, este sector está resultando a día de hoy superatractivo para los inversores. En estos momentos, precisamente, en los que tanto en el presente como de cara al futuro existe tanta incertidumbre, es un sector cuya estructura se está viendo profundamente alterada, porque están desapareciendo la mayor parte de los players que existían con características similares a las nuestras y, a partir de adquisiciones y fusiones, se están creando grandes holdings. Eso puede poner de manifiesto cuál está siendo la evolución del sector, lo cual, para cualquier director general, es maravilloso, porque tiene todos los ingredientes para poder crear futuro.

En este sentido, te consideras parte de lo que has denominado Next Generation Leadership (liderazgo de próxima generación). ¿A qué hace referencia este concepto?

Debemos tener en cuenta cuál es la estructura del tejido empresarial español, puesto que casi en su totalidad (un 80 o 90 %) está constituido por microempresas y pymes. Hay muchísimas iniciativas como la nuestra que pueden partir de una primera generación, en torno a los años 70 u 80, que a día de hoy se han convertido en empresas de éxito y de reconocimiento internacional. Sin embargo, llega un momento en el que se tiene que producir el relevo generacional y, para mí, es un momento apasionante, porque creo que hay dos formas de enfocarlo: puede ser el principio del fin o el principio de algo maravilloso. En algunos casos, no resulta bien porque existe una tendencia a la continuidad. En otros procesos, esa transformación aprovecha lo mejor del conocimiento y genera un equipo que, con todo el respeto y toda la fidelidad al legado, crea un nuevo proyecto de lo que llamamos Next Generation, que para nada es un término que esté vinculado a la edad. Es una forma de pensamiento crítico, de cuestionarnos por qué se hacen las cosas de una determinada manera, cómo está cambiando el mundo y cómo eso nos afecta a la nueva forma con la que tenemos que liderar una asociación.

¿Qué tipo de perfiles profesionales confluyen en Atlántica?

Una variedad enorme, porque tenemos la parte de gestión y la parte de fábrica. Tenemos muchísimo conocimiento dentro de la casa, gente muy preparada, por supuesto ingenieros agrónomos, administrativos, mucha gente que viene de la biotecnología… En esta nueva forma de enfrentar el futuro, los organigramas tradicionales no me gustan mucho. Por eso, los hemos definido como los supermakers, que son nuestros grandes hacedores, esas personas que hacen las cosas en el día a día y que nos permiten generar presente (la gente de producción, de calidad, de ventas, de logística, I+D+i, estrategia y desarrollo de negocio...). Luego tenemos a los superhelpers, que son todas esas personas que dan soporte diario para que esto tenga sentido (administración, control, recursos humanos…). Por último, estoy yo, que soy la server leader; estoy para lo que el resto necesite.

¿Cuáles son, por tanto, tus principales retos o propuestas de negocio como nueva CEO de Atlántica?

Si lo tuviese que resumir de una forma sencilla y sin desvelar ninguna de las líneas del plan estratégico —que, obviamente, no podemos compartir—, lo que me planteo como reto es crear un legado para el año 2030, es decir, no solo dejar algo más grande en lo empresarial, sino generar un fuerte impacto positivo: que tenga más repercusión social, que sea más verde, más tecnificado, que aportemos y ayudemos en I+D+i, que innovemos, que investiguemos, que desarrollemos… Creo que, trabajando en esas grandes líneas, el éxito caerá por sí solo.


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