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CONVERSACIONES CULTURPLAZA

Meritxell Barberá: "Queremos que 10 Sentidos cruce las fronteras valencianas"

17/04/2019 - 

VALÈNCIA. Ahora que estamos en época de análisis, deseos y promesas de papeleta, no harían mal los futuros gestores públicos en escuchar las voces de aquellos que generan la cultura valenciana y la muestran al mundo. Junto a Inma García, el otro 50% de Taiat Dansa, Meritxell Barberá se ha convertido en una de las voces que aporta más claridad en la disección del ecosistema cultural local. Ella, como tantos otros compañeros de profesión, respira cultura por los cuatro costados, una ambición de la que acaba beneficiándose esa abstracta idea de ‘marca València’. Ahora, las coreógrafas y bailarinas presentan el festival de artes vivas 10 Sentidos, que celebra ocho ediciones batallando por crear un foco artístico que ya empieza a alzar la vista. Su objetivo a medio plazo: contar con sedes 'satélite' fuera de la Comunitat Valenciana. Pero antes -o entretanto- lidiarán con las Bestias que conforman la nueva edición del festival. Este es el lema de 2019, año en el que buscan reflexionar sobre la violencia desde diferentes puntos de vista, incluyendo la que protagonizamos. Quizá por esto, el evento, apoyado por Caixa Popular, plantea para su inauguración una inmersión -casi literal- en esta temática. La banda danesa Between Musica llevará a San Miguel de los Reyes Aquasonic, un concierto bajo el agua en el que tendrán que lidiar con la adversidad del espacio. Es hora de enfrentarse a las Bestias.

-¿Por qué Bestias?
-Este festival tiene un compromiso social importantísimo y pone el foco a partes iguales entre lo artístico y la acción social, pero yo diría que este año -con este lema- se da el festival más comprometido. Desgraciadamente la violencia nos sacude por todas partes, en escenarios y a perfiles distintos. Hablamos de violencia en un sentido amplio. Nosotras como mujeres estamos especialmente sensibilizadas con la violencia de género y por eso es una de las reflexiones grandes que hacemos, pero también hablamos de LGTBfobia -con el espectáculo de la artista transexual Phia Ménard- o la violencia contra las personas mayores, contra el medio ambiente...

-De hecho, el punto de partida no es solo el análisis de las violencias que observamos, sino también de nuestra propia violencia, ¿cómo se traslada en el festival?
-No ha sido difícil porque es algo muy latente y el arte se hace eco de esto. Lo más complicado ha sido hacer la selección de las propuestas que hemos recibido, para que también esté representado todo este lienzo de diferentes bestias. También, por ejemplo, la violencia en las nuevas tecnologías, como el espectáculo de la compañía Nerval. Harán un trabajo comunitario con un grupo de personas muy jóvenes y otro grupo de personas mayores para hablar de la violencia en redes sociales.

Aquasonic.

-La pieza 'Macho Man’, de Àlex Rigola, habla de esa violencia explícita, un claro ejemplo de esas Bestias.
-Este espectáculo, que es una coproducción entre el festival 10 Sentidos, los Teatros del Canal y el festival Temporada Alta de Girona, es muy complejo. Volvimos del estreno conmocionadas, para bien y para mal. Para bien, porque era el espectáculo que deseábamos, y para mal porque es muy duro. Hemos hecho una gran apuesta didáctica, es una propuesta muy pedagógica. Las mañanas del espectáculo están reservadas para institutos porque creemos que es muy necesario que este espectáculo lo vea gente muy joven, para generar ese debate sobre la violencia y la visión de la mujer. La pieza no deja de ser un habitáculo enorme donde el visitante tiene esa experiencia en primera persona, en la que te pones en su piel. Una de las primeras cosas que te dicen al entrar es que una de cada tres mujeres que entra a este espectáculo ha sido, será o es víctima de violencia de género. Así arranca. Muchos chavales jóvenes se derrumbaban porque, después de pasar por esta instalación, son conscientes de que en su casa vivían una situación de malos tratos y no eran conscientes. 

-Además, esta reflexión llega en un momento en el que vemos cómo gente muy joven está repitiendo estas conductas, no parece que vaya a menos. 
-Es una lacra. Lo que hace esta instalación es ponerte los datos delante, datos que estás acostumbrado a escuchar todos los días en los telediarios, pero no es lo mismo que vivirlos a través de este proceso artístico. Ayuda a tomar conciencia real de la situación tan horrible en la que estamos y que, como dices, no avanza. No está mejorando la situación. Hay que plantearse qué hacer. 

-¿Es hoy más necesaria que nunca la vinculación entre activismo y creación/gestión cultural?
-El arte en sí es social, no hace falta que sea más o menos explícito. Es cierto que el festival 10 Sentidos tiene un carácter explícito y tiene la responsabilidad de dar un altavoz, pero esta es nuestra manera de hacerlo. Para nosotras es muy necesario, pero no creo que todo el arte tengan que tener esa pátina tan explícita. El arte siempre tiene asociado una reflexión que importa, esté más o menos diluida.

-Durante la joranda ‘Talento urgente’ en Rambleta dijo que cuando uno impulsa un proyecto debe preguntarse primero cuál es su diferencia. Con ocho ediciones en la mochila, ¿cuál es la particularidad que ha hecho que se haya afianzado el festival?
-Ocho ediciones es como para poder hacer esta reflexión… son muchas. El festival 10 Sentidos ha encontrado un lugar único, que le pertenece. Además de lo social, también con la participación ciudadana, que es fundamental. Están llamados a participar como público activo, con encuentros o masterclass. Los creadores siempre estamos interesados en potenciar esa cercanía, en romper esa cuarta pared con el público. Otra cuestión importante es que vienen grandes figuras internacionales que no pasan por València. Este año tenemos a Louise Lecavalier o Wim Vandekeybus, en convivencia con artistas nacionales, locales y emergentes, que para nosotras es muy importante. El Certamen Coreográfico es una muestra de esta ventana a los nuevos creadores. 

Louise Lecavalier.

-Este año sumáis nuevas sedes, ¿por qué es interesante deslocalizarse?
-Nuestra idea es que cuanto más invadamos la ciudad, el territorio, más posibilidades hay de que cale el mensaje.

-¿Siempre territorio valenciano?
-No. Queremos cruzar las fronteras valencianas. Es complicado, pero estamos en ello. Creemos que puede ser y, quizá, en 2020 también haya un satélite fuera de la Comunitat Valenciana. Aunque sea complicado, nos gustan los retos. Hemos encontrado un mensaje que nos singulariza y, de hecho, otros festivales han surgido en España a colación de 10 Sentidos, nos tienen como referencia. Me obsesiona crear nuevo público, no por la idea de grandiosidad, sino porque es muy satisfactorio ver que el trabajo llega a mucha gente. Mucha gente y diversa, que es también importante. Me apetece que el festival pueda atrapar a gente a la que le cuesta ir a eventos culturales.

-Entiendo que por eso es tan importante la acción urbana, con proyectos como los de Gerardo Esteve o Shamel Pitts.
-Estoy especialmente emocionada con el proyecto de Shamel Pitts. Era la primera vez que trabajaba en un sentido social y su implicación ha sido brutal. Le pedimos que creara un material coreográfico en denuncia contra la violencia, material que han aprendido tres coreógrafos valencianos que a su vez los trasladan a grupos de 30 o 40 personas. Esta convivencia está siendo impresionante.

-¿Cuál es la ambición internacional del festival?
-Desde el principio teníamos claro que queríamos que el festival tuviera presencia internacional. Es muy complicado generar cultura sin viajar, sin nutrirte de lo que se está haciendo fuera. Pero eso tiene que ser un viaje de ida y vuelta. Después de ocho ediciones, creo que podemos decir que empieza a ser un referente a nivel internacional. Han venido muchísimos artistas y eso crea discurso fuera de nuestras fronteras, se habla de ese festival que se hace en València. El boca a oreja funciona. 

-El Certamen Coreográfico es una de las apuestas clave del festival, ¿qué papel juega en 10 Sentidos?
-El Certamen nos hace sentirnos especialmente orgullosas. Ya tiene entidad propia. Aunque nació de una manera humilde ha ido tomando una fuerza increíble. Este año hemos recibido 367 propuestas de todas partes del mundo. El nivel es cada vez mayor, el festival tiene su discurso fuera, y esto se está difundiendo entre muchos creadores, de los que se han seleccionado 10 propuestas, que actuarán delante de figuras internacionales, programadores... Esto crea un flujo de interés increíble. 

-Es curioso que ese trabajo tan potente de atracción se esté llevando a cabo desde una estructura pequeña, ¿qué análisis haces de ese espacio que estáis trabajando y en el que, de alguna manera, parece que estáis solas?
-Esa es mi sensación. Sigo pensando que lo que nos diferencia con respecto al trabajo de programación de otras instituciones valencianas es la parte de internacionalización, que deja mucho que deja mucho que desear todavía y que tanto reclamamos los creadores valencianos. El público necesita ver trabajos de fuera y de dentro y, a su vez, los creadores valencianos necesitamos salir fuera. Muchos de los participantes en el Certamen Coreográfico -que vienen de Australia, de Latinoamérica, de India, etc- tienen ayuda de sus gobiernos para poder participar en él, porque es muy caro. Las compañías valencianas nos arruinamos muchas veces para tener presencia en un festival internacional. Por poner el caso de Taiat Dansa, hasta que no te programan una o dos veces en un festival, no te cubren los gastos que significa mostrar tu espectáculo fuera. Lo ideal sería que el gobierno local te apoyara para arrancar. Siempre digo eso, pero es que hasta Phia Ménard o Louise Lecavalier tienen un apoyo brutal. Esto el festival 10 Sentidos lo tiene muy en cuenta y estamos trabajando mucho con embajadas u otras instituciones para poder traer a sus creadores y generar esas sinergias. Creo que el festiva 10 Sentidos ha sentado un precedente en torno a esto.

Foto: ESTRELLA JOVER.

-Un precedente… privado. Estamos a días de las elecciones autonómicas, ¿cuáles son los deseos/peticiones?
-Como comentaba, la internacionalización es fundamental, a todos los niveles, una pata que está todavía por atender. Otra de las cosa que hay que tener en cuenta, para no ahogar a las compañías, es la necesidad de que los pagos se agilicen. No podemos estar siempre poniendo el dinero por delante para que luego la institución, pasados casi un año, cubra esos gastos. Muchos proyectos acaban tirando la toalla porque no tienen la posibilidad de ir adelantando ese dinero. La transparencia que tanto se ha promulgado tiene que variar. Está fenomenal como inicio, pero luego hay que ser mucho más ágil. En todos los sentidos. También para que alguien pueda repetir, porque la ley prohibe que el mismo creador pueda actuar dos años seguidos... cosas que para mí están enrareciendo que las cosas fluctúen de una manera más rápida. 

-¿Necesitan las artes en València una voz única que batalle por esto?
-Creo que cuando a Cultura de verdad se le dé la importancia que se le tiene que dar, estaremos todos más unidos. Mientras Educación y Cultura convivan... es un sinsentido. Al final una tiene más peso. Cultura necesita ser un ente particular donde además haya representantes a los que la cultura les interesa en primer orden. Quizá cuando haya una voz que nos represente posiblemente todos los agentes culturales estaremos más unidos. 

-Hace algunas semanas desde Culturplaza lanzábamos a los impulsores de festivales audiovisuales la pregunta sobre si había demasiados certámenes en València, ¿qué análisis haces del ecosistema de festivales locales en vuestro ámbito?
-En realidad, a mí no me preocupa que haya demasiada oferta cultural, no soy de esas voces críticas. A lo mejor sí que a nivel público deberían reorganizarse para ver cómo hacen esos apoyos y quizá a nivel institucional no hace falta tanto festival sino que haya más presupuesto para grandes citas, pero en la iniciativa privada está bien que existan. Estoy convencida de que cada uno está encontrando su propio público, discurso, y al final lo bueno es que sepamos convivir. Hay cabida para todos, siempre y cuando el público salga beneficiado de esto.

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