VALÈNCIA. El mito de Medea toma la Sala Iturbi para aprovechar todo su espacio sonoro y físico. Jose María Sánchez-Verdú, compositor en residencia del Palau de la Música esta temporada, estrenará un monodrama de 45 minutos a partir del icono de la mitología griega. El propio Palau de la Música ha querido superar la etiqueta de ópera para esta presentación ya que es “demasiado reduccionista”, según explicaba ayer la subdirectora musical, Nieves Pascual.
Pero es una obra dramática en la que intervendrá la música de la Orquestra de València y la voz de la soprano Ángeles Blancas, que obviamente, tomará al personaje. La pieza de nueva creación de Sánchez-Verdú toma como referencia el poemario que dedicó Chantal Maillard a la figura conocida principalmente por matar a sus hijos en un acto de venganza contra su marido Jasón.
Ya hace mucho tiempo que los relatos sobre Medea intentan escapar del reduccionismo de la sinopsis de su mito y le han dado otras dimensiones. Maillard publicó un poemario en 2020 que ubica a Medea en el futuro, en el final de su vida, aún en la barca a punto de escapar, haciendo balance de todo aquello que sintió y vivió.
Sánchez-Verdú, cuya trayectoria musical está precisamente marcada por la influencia de las culturas tradicionales y los mitos en sus obras, leyó el libro y lo dejó “encima de la mesa”: “Sabía que haría algo con él en algún momento”.
Su propuesta ha sido darle forma de la manera más disruptiva posible para que generar una experiencia “inmersiva de verdad”. El público se sentará y serán los únicos que permanecerán inmóviles. Algunos instrumentos se moverán por el espacio, al igual que la propia Blancas, que interpretará el tránsito de la propia Medea en el barco. La Orquestra crecerá y ocupará nuevos espacios; por ejemplo, cuatro oboes se subirán hasta la altura del órgano.

- Jose María Sánchez-Verdú y Ángeles Blancas. -
- Foto: LIVE MUSIC VALENCIA
No solo harán se expanden espacialmente. La partitura de Sánchez-Verdú también genera, con los instrumentos de los que dispone la formación del Palau de la Música, nuevas texturas que acercarán su sonido al sonido del aulós o de la flauta de pan. “Componer significa construir un instrumento”, hacía el compositor suyas las palabras de Helmut lacHenmann. “Entiendo cada obra como un espacio de pensamiento y como una reflexión sobre el propio espacio”, añadía.
Alexander Liebreich dirigirá a la OV en este viaje. Y aunque admite que se trata de un encargo complejo, dirección de la institución y de la formación empujan por darle un espacio al repertorio contemporáneo. “Me encanta el enfoque humanista de Sánchez-Verdú”, declaraba ayer el maestro, que aseguraba que “la Orquestra está preparada para esto”.
A la Orquestra de València le acompañará un carnyx, interpretado por Abrahám Cupeiro. Se trata de un instrumento de origen celta que remite a episodios bélicos de la época. Todo para trasladar la Sala Iturbi al contexto psicológico de Medea. Porque, no actualizándola, sino dándole espacio a la profundidad, la obra hablará de venganza, pero también de al traición, de los remordimientos o incluso del Mediterráneo.
Ángeles Blancas no solo pondrá en la piel de Medea: “Su vida y dolor personal trasciende a través del icono de Medea, y yo me he sepultado ante eso”, explicaba en la presentación ayer. Un papel exigente, que defenderá en solitario con un monólogo interior que le exige entregarse “no solo con el corazón, sino de una manera muy espiritual”.
“La gama vocal es muy extrema, y no puede ser de otra manera. Los sentimientos, la prosa, porque hay momentos en que recito, tienen que ser así, tienen que ser sorpresivos”, añadía. Según ha explicado el propio compositor, “el centro de la partitura es la voz. La voz suspira, grita, habla, y a partir de ahí se crea todo un espacio de resonancia”.