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Alicante, el Mediterráneo más luminoso

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VALÈNCIA. Alicante simboliza la esencia mediterránea. Una ciudad llena de luz y de contrastes que más allá de sus impresionantes playas, sorprende por su gran oferta cultural, su vibrante vida nocturna y una excelente gastronomía que la ha convertido en Capital Española de la Gastronomía 2025. 

Pasear junto al mar y embeberse de historia y de patrimonio es aquí posible. Y es que son más de 3.000 años de historia los que contemplan la ciudad.

Uno de los lugares más emblemáticos y un buen punto de partida para nuestra visita es el castillo de Santa Bárbara. Desde allí arriba, a 166 metros de altura, nos haremos una buena idea de las dimensiones de la ciudad y disfrutaremos además de unas vistas privilegiadas de la bahía de Alicante, con el turquesa del mar de fondo. Enclavado en lo alto del monte Benacantil, este castillo medieval fue una de las fortalezas más importantes de España. Podemos visitar su aljibe renacentista, los antiguos calabozos, el patio de armas, el Macho del castillo o el antiguo hospital a través de una visita guiada e incluso con una visita teatralizada.

Para seguir buceando en la historia del territorio, nos acercaremos hasta el Museo Arqueológico Provincial MARQ,  un referente a nivel nacional e internacional. Lejos de la idea tradicional de museo estático, propone un recorrido ameno y didáctico por el pasado a través de piezas originales, recursos audiovisuales y reconstrucciones que permiten entender cómo vivieron los que habitaron estas tierras antes que nosotros. El Museo nos ofrece además la posibilidad de conocer de primera mano cuáles son los métodos de trabajo de los arqueólogos. 

Pero para tomarle el pulso cotidiano a una ciudad nada mejor que visitar su mercado. El Mercado Central de Alicante, un edificio modernista de principios del s. XX, bulle cada mañana bajo una cúpula donde se mezclan aromas, sabores y colores. Pescados recién llegados de la lonja, verduras de la huerta, salazones o especias dan fe de que la buena cocina empieza con la selección del mejor producto. 

Otros monumentos que merece la pena visitar son la Basílica de Santa María, la más antigua de la ciudad, con su fachada barroca y su interior gótico que nos recuerdan la mezcla de culturas que enriquece la ciudad; y muy cerca, la renacentista Concatedral de Nicolás de Bari y su reconocible cúpula azul.

Un buen plan es simplemente pasear bajo el clima amable de la ciudad. La Explanada de España, con su suelo ondulante, formado por miles de teselas que reproducen las olas del mar, es el paseo más emblemático y lugar de encuentro de los locales. Aquí se puede admirar la Casa Carbonell, un bello edificio que muestra la riqueza de los fabricantes textiles de principios del s. XX.

Y si nos animamos a abandonar los confines de la ciudad, hay una isla que nos está esperando. Tabarca, a apenas 20 km, es la única isla habitada de la Comunitat Valenciana. Refugio de piratas berberiscos en el pasado, es hoy un oasis de calma y belleza. El origen de su nombre se remonta al s. XVIII, cuando Carlos III ordenó fortificar la isla para alojar a varias familias de pescadores de Génova que estaban cautivos en la ciudad tunecina de Tabarka. Las murallas que rodean su núcleo urbano han sido declaradas Conjunto Histórico Artístico y Bien de Interés Cultural. La isla es además reserva marina. 

Pero sin duda uno de los motivos que por sí solo bien valen una visita a Alicante es su gastronomía, sustentada en dos pilares fundamentales: el mar y la tierra. Los pescados frescos, el marisco, las frutas, verduras y hortalizas de la huerta son la materia prima de recetas tradicionales como el caldero, la olleta alicantina o las cocas, una masa elaborada con harina, cubierta con una gran variedad de ingredientes.

Tampoco faltan en ninguna despensa los salazones, con los que se cocinan platos tan típicos como la pericana, hecha de capellanes o bacalao, ñoras o pimientos secos, ajos y aceite de oliva. Un plato tradicional es la borreta, elaborada con patatas, bacalao desmigado, ñoras, espinacas, sal y aceite de oliva. Y como toque final, varios huevos en la olla. 

Por supuesto, un lugar destacado merecen sus arroces, de fama mundial, que han llevado al Ayuntamiento a crear su propia marca de calidad “Alicante Ciudad del Arroz”. Y es que el apelativo de “la ciudad de los 1001 arroces”, como se la conoce, refleja la enorme variedad de formas de prepararlos.

De postre, nada mejor que el pan de higo (pasta de higos secos), el turrón (hecho de almendras tostadas, miel y azúcar) y los helados de Jijona.

Y para maridar, no hace falta salir de la provincia. Los vinos con Denominación de Origen Alicante, blancos aromáticos de la Marina Alta, tintos con personalidad del Vinalopó, o el Fondillón, un vino de licor viejo muy apreciado como vino de postre, satisfacen los mejores paladares. 

¿Pero y las playas? ¿Hemos olvidado las famosas playas de Alicante? Además de encontrar calas increíbles de aguas cristalinas a pocos kilómetros, en la propia ciudad podemos disfrutar de la playa del Postiguet, junto al centro, de la playa de San juan, una de las más largas, ideal para deportes de playa, o La Albufereta, más tranquila y familiar. 

Y es que Alicante, sin presumir, lo tiene todo: clima, cultura, playas, castillo, gastronomía, pero sobre todo una forma de vivir mediterránea que invita a quedarse. 

www.comunitatvalenciana.com

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