El ‘caso Villena’, Sorolla o los festivales: los puntos ‘calientes’ de la vuelta al cole cultural

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VALÈNCIA. El nuevo curso político ha dado sus primeros compases, el último de la legislatura, el esprint final. Y estos primeros días parecen ser la avanzadilla al alto voltaje de los próximos meses. El robo del conjunto patrimonial de Villena es la protagonista del primer tiro y afloja institucional entre el Ministerio y la Conselleria de Cultura.

El Tesoro de Villena, uno de los conjuntos de orfebrería prehistórica más importantes de Europa, fue sustraído parcialmente en la madrugada del pasado 27 de agosto del Museo de Villena (MUVI), un equipamiento de titularidad y gestión municipal pero integrado en el Sistema Valenciano de Museos. El caso ha abierto un cruce de acusaciones entre las distintas administraciones sobre las medidas de seguridad y, sobre todo, sobre quién debía haber hecho qué para evitar el robo.

La Generalitat ha reclamado al Ministerio de Cultura una actuación más rápida ante la sucesión de robos de piezas de oro registrados este año en museos españoles y reclama que la reunión convocada para el 10 de septiembre no se limite a otro diagnóstico, sino que concluya con un protocolo concreto, financiación específica y un sistema permanente de coordinación con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Al mismo tiempo, la Dirección General de Patrimonio Cultural ha requerido al Ayuntamiento de Villena toda la documentación relativa al robo, después de asegurar que no había recibido comunicación oficial sobre lo sucedido.

El Ministerio, por su parte, asegura que solicitó en dos ocasiones a la Generalitat información sobre los museos con piezas de oro, plata y otros materiales preciosos para reforzar su protección y que estas peticiones quedaron sin respuesta antes del robo. El Consell rechaza ese relato y pone el acento en la necesidad de reforzar los protocolos. Todos contra todos.

  • El Tesoro de Villena, en el MUVI, en una imagen de archivo. -

Nuevos tiempos para los museos

Sin duda, el Museo Sorolla de València es la gran apuesta de ámbito cultural de la legislatura, con lo que estos últimos meses de la misma son clave para su desarrollo. Tras varios vaivenes, problemas y cambios de calendario, la reciente apertura del proceso de licitación del transporte de las obras de la Hispanic Society of America -a la que se ha presentado una única empresa- definió el que se antoja como calendario definitivo de la millonaria operación.

Será en noviembre cuando aterricen y en enero, tal y como se refleja en las bases, cuando los visitantes puedan ver por fin las obras de Joaquín Sorolla en el Museu de la Ciutat, que ha cerrado sus puertas esta misma semana para acometer los distintos trabajos de adecuación del espacio, entre los que se incluye un aumento de la seguridad para asegurar los fondos de la Hispanic, entre los que se incluyen piezas como Niños en la playa o Bueyes sacando la barca.

Queda pendiente, con todo, la publicación de la licitación de la redacción del proyecto de adecuación del Palau de les Comunicacions, sede inicial de la exposición y cuyo retraso en la puesta en marcha llevó al gobierno a buscar un ‘plan B’ para lograr una apertura de puertas en esta legislatura. La misma quedó desierta en junio, con el compromiso de la Generalitat de ‘relanzarla’, un proceso que de momento no se ha iniciado, lo que aleja en el calendario la reubicación de los fondos en el antiguo edificio de Correos.

En materia expositiva, otro de los espacios donde este año se posarán más ojos es el MuVIM. El museo de la Diputació de València encara una nueva etapa en la que abandona el perfil con el que se inauguró para dedicarse a la difusión de la colección de arte de la corporación provincial, que hasta ahora salía del almacén donde se guarda para formar parte de muestras temporales o para decorar despachos y demás espacios institucionales. A partir de ahora tendrá un hogar fijo en un MuVIM que se transformará bajo el mandato de David Gimilio, que asumió la dirección hace apenas unos meses.

“La percepción que se tiene del MuVIM es la de un museo que ha ido un poco a menos, esto es lo que ha provocado todo este movimiento.Yo creo que los políticos, pero también los gestores culturales, eran conscientes de que el MuVIM tiene un edificio extraordinario, está en un punto estratégico de la ciudad de València y tiene una buena colección de arte”, reflexionó Gimilio en una reciente entrevista con Culturplaza.

Esta revolución en el museo verá como sus salas acogerán en los próximos meses las obras maestras de una colección que acumula piezas de de autores como Sorolla, Benlliure, Pinazo o Ferrándiz, una reestructuración que, tal y como avanzó este diario, también pasa por la eliminación de la exposición permanente L’aventura del pensament -actualmente cerrada por problemas técnicos- y una reorganización de la sala Parpalló, que combinará propuestas emergentes con arte del siglo XIX y XX.

La inestabilidad en los cargos que no cesa

Si hay un denominador común en la gestión cultural de la Generalitat durante los últimos meses (tal vez en toda la legislatura) es la inestabilidad. El Institut Valencià de Cultura (IVC) encara el último tramo de legislatura con un nuevo concurso para elegir a su director general, después de la salida de Álvaro López-Jamar y de que Ignacio Prieto, apenas un mes después de asumir la Dirección General de Cultura, pasara a ejercer también las funciones del máximo responsable del instituto para evitar su paralización administrativa. El puesto, que será el tercero que ocupa la dirección general del IVC durante la legislatura, estaba previsto que quedara cubierto a principios de septiembre.

Las bases del concurso recuperan la baremación que había desaparecido en la convocatoria anterior, pero mantienen un jurado en el que la Administración conserva la mayoría de los puestos. La comisión está formada por cuatro representantes de la Generalitat y únicamente dos perfiles externos. Es el intento de recomponer la cúpula de un organismo que, además, ha perdido este verano a Angélica Manrique, responsable de la sección de Ayudas, en plena resolución de varias líneas de subvenciones.

La sucesión de movimientos ha alimentado además las críticas del sector cultural, especialmente de las artes escénicas, que en los últimos años han señalado problemas en la gestión del Circuit Cultural y la desaparición de los Premios de las Artes Escénicas Valencianas. El PSPV ha anunciado, de hecho, que reclamará la comparecencia de la consellera Carmen Ortí para que explique una cadena de ceses y dimisiones que, según los socialistas, evidencia el “desgobierno del IVC”.

El otro gran interrogante está en Les Arts, aunque aquí la incógnita tiene nombre y apellido: Jesús Iglesias Noriega. Su continuidad al frente de la dirección artística se da por hecha después de que el Patronato aprobara por unanimidad respaldar su renovación, pero el procedimiento administrativo sigue sin concretarse a menos de cuatro meses de que finalice su contrato, el próximo 31 de diciembre. La Conselleria asegura que el proceso está en marcha y que se resolverá antes de esa fecha, pero todavía no ha ofrecido un calendario.

El problema está en los propios estatutos del Palau, que establecen que al finalizar un contrato la nueva dirección debe acogerse al Código de Buenas Prácticas, un modelo que PP y Vox han ido eliminando de los procedimientos de selección de las instituciones culturales valencianas. El Consell ha modificado durante la legislatura diferentes estatutos y leyes para adaptar esos procesos, pero la fórmula que permitirá encajar la continuidad de Iglesias Noriega en Les Arts todavía no se ha materializado. El próximo movimiento, según fuentes oficiales, deberá partir del Patronato.

Los festivales de música: un asunto por resolver

El último gran frente abierto está en la música en directo. La sentencia que ha puesto en cuestión la celebración de festivales en el entorno de la Ciutat de les Arts i les Ciències ha convertido en urgente un problema que el sector llevaba años señalando: la falta de espacios adecuados para acoger grandes eventos sin entrar en conflicto con el vecindario. El caso del Bigsound, trasladado este año a Torrent, ha demostrado que existen alternativas, pero también ha dejado claro que la solución no puede consistir en buscar una nueva ubicación cada vez que aparece un conflicto.

El problema, además, trasciende la ciudad de València. La industria afronta un escenario global de aumento de los costes de producción, cachés elevados y un público que empieza a seleccionar más sus compras. Después de varios años de crecimiento acelerado tras la pandemia, algunos promotores ya hablan abiertamente de un cambio de ciclo: los sold out son menos frecuentes, algunos ciclos desaparecen o reducen su tamaño y otros proyectos directamente no llegan a ponerse en marcha.

En este contexto, la promesa de convertir València en una Music City llega a su prueba de fuego. El Ayuntamiento impulsó durante 2025 una estrategia que pretendía abarcar desde las sociedades musicales y la creación experimental hasta los grandes festivales. Algunas medidas, como la revisión del modelo de medición acústica o la creación de una ventanilla única, han avanzado, pero la sentencia y la ausencia de una infraestructura municipal específica para grandes eventos han dejado al descubierto las carencias de la estrategia.

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Tampoco la Generalitat ha encontrado todavía un encaje estable para esta industria. El proyecto anunciado en 2024 por el entonces president Carlos Mazón para crear una Dirección General de Industria Musical dependiente de Presidencia quedó paralizado tras la dana y ahora está descartado, mientras que Mediterranew Musix ha perdido peso como herramienta de promoción más allá de sus líneas de ayudas. El IVC, por su parte, continúa concentrando su acción en ámbitos musicales más concretos y no ha terminado de asumir el papel de interlocutor global que reclama un sector cuyo peso económico, según un estudio del IVIE, superó los 384 millones de euros para el PIB valenciano en 2024.

El nuevo curso deberá, por tanto, decidir si los festivales valencianos están ante un bache coyuntural o ante una transformación más profunda del modelo. La respuesta no pasa únicamente por encontrar una parcela donde instalar escenarios, sino por resolver la convivencia con los vecinos, adaptar la regulación a la música en directo, recuperar una interlocución estable con las administraciones y asumir que el mercado ya no funciona con la misma facilidad que hace unos años. La música sigue teniendo potencial para ser una de las grandes industrias culturales valencianas, pero la legislatura encara su recta final con demasiadas cuestiones todavía por resolver.

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