VALÈNCIA. (EP) El 18 de mayo se conmemora internacionalmente el Día de los Museos para recordar la importancia de estos espacios consagrados a la cultura, que no se limitan a los grandes 'buques insignia', sino que llegan también a poblaciones de pequeño tamaño con propuestas diversas y de calidad. En la Comunitat Valenciana se localizan un buen número de iniciativas museísticas que abren sus puertas alejadas de las urbes más masificadas.
Un proyecto muy especial es del Museo Escolar de la pedanía rural de Puçol, en Elche (Alicante), que nació como proyecto pedagógico en el año 1969. Guiados por un equipo de maestros y colaboradores externos, los escolares investigaron el rico patrimonio ilicitano en contacto directo con los depositarios de las tradiciones. A partir de la década de los noventa, el campo de actuación del proyecto se extiende a la propia ciudad de Elche y las donaciones crecen enormemente.
El gran reconocimiento al trabajo y años dedicados a este proyecto de carácter comunitario, abierto y participativo llega en 2009, cuando Unesco lo inscribe en el Registro de Buenas Prácticas de Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, convirtiéndose desde entonces en el Tercer Patrimonio de la Humanidad de Elche.
Este museo, por tanto, no solo custodia objetos, sino la forma de vida de todo un pueblo, algo muy en consonancia con el lema elegido para este 2026 --'Museos uniendo un mundo dividido'--, que destaca el fomento del respeto y la convivencia entre personas y comunidades.
Una paradas muy popular si se buscar una ruta museística alternativa a la ciudad es, sin duda, el Castell de Guadalest (Alicante), un pueblo de unos pocos centenares de vecinos que ostenta el récord nacional de más museos por habitante de toda España. Casi todos son curiosas colecciones privadas, que van desde las microminiaturas, entre las que pueden admirar auténticas filigranas como una Estatua de la Libertad dentro del ojo de una aguja, al "único centro en Europa" dedicado a saleros y pimenteros.
En las comarcas valencianas, el patrimonio arqueológico ligado a los yacimientos hace posible que enclaves reducidos alberguen iniciativas de un nivel científico altísimo. Es el caso de Moixent (Valencia), donde el Museo Arqueológico Municipal explica la historia de La Bastida de les Alcusses, una de las ciudades íberas más importantes del siglo IV a.C., con su réplica del famoso Guerrero de Moixent, auténtico símbolo de la arqueología valenciana.
Alpuente (Valencia) es un núcleo clave para la paleontología con una interesante colección de fósiles de dinosaurios visitable en una antigua ermita del siglo XIV. Aquí se guardan los huesos de los dinosaurios que se han recuperado en las excavaciones realizadas en la zona incluido un esqueleto, bastante completo, de un saurópodo.
También en la provincia de Valencia, Bocairent es famoso por sus 'Covetes dels Moros' o el Barrio Medieval, pero esconde también el Museo Vicent Casanova, que expone piezas que van desde el Paleolítico hasta la Edad Media. Destacan las cerámicas del Neolítico procedentes de la Cova de la Sarsa, considerada uno de los yacimientos más importantes del Mediterráneo occidental en su género.
Es imposible olvidar en este repaso el Museu de la Valltorta de Tírig (Castellón), centro de referencia del Arte Rupestre Levantino, declarado Patrimonio de la Humanidad. El museo no solo tiene reproducciones y explicaciones sobre cómo pintaban nuestros antepasados hace miles de años, sino que es el punto de partida de las visitas guiadas a los abrigos (cuevas abiertas) donde se ven las pinturas originales de escenas de caza y danza.
Cielos limpios para ver estrellas
Y en Aras de los Olmos (Valencia), la arqueología se une a la astronomía, puesto que entre sus atractivos figura un Ecomuseo con una completa sección con restos íberos y romanos hallados en la zona. Además, el pueblo es Reserva Starlight con sus cielos limpios para ver estrellas. De este modo, conecta el pasado de la Tierra con el futuro y el espacio, aprovechando su observatorio astronómico.
No todos los museos tienen paredes. Fanzara (Castellón) es la casa del MIAU (Museo Inacabado de Arte Urbano). Artistas de todo el mundo han cubierto los muros del municipio con murales de grafiti que lo han transformado en una galería de arte al aire libre constante.
Por su parte, la localidad valenciana de Otos invita a conocer la Ruta de los Relojes de Sol. Es una experiencia peculiar caminar por sus calles "leyendo" la hora en obras de arte de cerámica, metal o piedra a través de los más de 30 relojes diseñados por artistas como Arcadi Blasco, Elisa Marti, Rafael Armengol, Manuel Boix, Toni Miró, Andreu Alfaro, Artur Heras o Rafael Amorós.
El Museo de Arte Contemporáneo Vicente Aguilera Cerni de Vilafamés (Castellón) es más 'ortodoxo' en cuanto al contenido, pero no deja de sorprender encontrar uno de los mejores museos de arte contemporáneo de España en un pueblo de menos de 2.000 habitantes. Tiene una extensa colección con nombres tan relevantes como los de Joan Miró, Antoni Tàpies, Picasso, Marc Chagall, Equipo Crónica, Josep Renau, Eusebio Sempere, Soledad Sevilla, Manuel Viola, Miquel Barceló, Antonio Saura o Robert Motherwell, entre muchos otros.
Los proyectos museísticos surgen también estrechamente vinculados a la actividad comercial. En Onil (Alicante), una casa señorial del siglo XVIII se ha habilitado como Museo de la Muñeca para explicar cómo esta población se consolidó como 'corazón' del llamado Valle del Juguete. Sus fondos de muñecas antiguas, sobre el proceso de fabricación tradicional y los clicks de Playmobil son algunos de sus atractivos.
En Segorbe (Castellón), se encuentra el Museo del Aceite. Instalado en una antigua almazara rehabilitada, destaca por su cascada de aceite y por el uso de efectos visuales y maquinaria original del siglo XIX que pretenden 'sumergir' al público en la cultura del "oro líquido" de la Sierra de Espadán. Para finalizar el recorrido, se tributa un homenaje a un olivo singular, 'La Morruda', relacionando su historia milenaria con la de la localidad