VALÈNCIA. La celebración del Día Internacional de los Museos siempre sirve para hacer una radiografía crítica del papel de los estos. Qué es un museo, para qué sirve, qué marcos debe acoger y cuáles debe proponer, qué relación han de tejer con la ciudadanía (qué significa, por tanto, ciudadanías)… Las eternas preguntas, siempre irresolubles.
De fondo, otra de las grandes cuestiones: ¿cómo seguir siendo relevantes en un presente atravesado por la aceleración digital, la fragmentación social y las nuevas formas de consumo cultural? Culturplaza le ha pedido a cinco museos valencianos (Fundación Bancaja, Museo de Bellas Artes, IVAM, L'Etno y el Consorci de Museus) que escriban una carta al futuro, pensando en los valores irrenunciables de su proyecto pero también imaginando qué habrá cambiado en el horizonte.
Y algunas respuestas coinciden en el diagnóstico, aunque cada uno lo formule desde su propio lenguaje: el futuro pasa por dejar de ser espacios contemplativos para convertirse en lugares habitables, permeables y conectados con la ciudadanía. “Tenemos que convertirnos en un oasis para la ciudadanía”, resume el director del Museo de Bellas Artes de València, Pablo González Tornel.
La idea del museo como refugio es intrínseco al museo, pero se acentúa en un contexto marcado por “la aceleración digital, la polarización y la crisis climática”. En este sentido, la directora del IVAM, Blanca de la Torre, considera que el gran reto será “seguir siendo un espacio de pensamiento crítico y encuentro ciudadano”. Para ello, defiende un museo capaz de “generar impacto social real sin perder complejidad ni profundidad cultural”.
Desde el Museo de Bellas Artes de València, González Tornel va más allá y define directamente el museo como “un paraíso”. “Un espacio en el que los muchos aspectos negativos de la vida y la actualidad no pueden entrar”, señala. Para el historiador del arte, las salas de un museo son “el refugio de las mayores creaciones del intelecto y la sensibilidad del ser humano”.
La transformación de los museos, sin embargo, no pasa únicamente por su dimensión simbólica. Buena parte de los responsables culturales consultados sitúan la sostenibilidad, la inclusión y la apertura social como los ejes fundamentales de los próximos años. De la Torre plantea directamente la necesidad de “superar el halo de elitismo que aún tienen” los museos y hacerlos “más cercanos, participativos y accesibles”. En su caso, imagina el IVAM “como un anfibio”, un organismo capaz de habitar distintos territorios físicos y simbólicos, funcionando como mediador entre comunidades, memorias y saberes.

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La directora del museo valenciano insiste en la necesidad de pensar las instituciones culturales desde una perspectiva “ecosocial”, en la que la sostenibilidad atraviese tanto la programación como los cuidados laborales, la museografía o la relación con el territorio. “La sostenibilidad no se limita únicamente a cuestiones ecológicas, sino también a cómo el museo produce conocimiento”, apunta.
Esa idea de museo conectado con su contexto atraviesa especialmente a L'Etno. Desde el museo de Diputació de València señalan que uno de sus principales desafíos será “la integración y la consolidación de la función social de la institución más allá de sus funciones clásicas”. La institución imagina además un visitante “más diverso y más amplio en términos sociales”.
El público del futuro
Los nuevos públicos son ese concepto heterogéneo del que se suele hablar en abstracto, pero que ciertamente, reflejará mucho de las políticas de un museo. En este sentido, por ejemplo, Rafael Alcón, presidente de Fundación Bancaja, considera que los museos tendrán que seguir siendo relevantes “para cada vez más personas”. “Tenemos por delante el desafío de conectar con nuevas generaciones y nuevas formas de acceso a la cultura sin perder la esencia, la calidad y el rigor”, explica. Para Alcón, el visitante del futuro será “exigente, crítico y muy informado”, alguien que buscará experiencias “auténticas” capaces de despertar emociones a la vez que reflexión intelectual.
Una percepción que comparte el gerente del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, Nicolás Bugeda, que destaca el cambio de perfil que ya se está produciendo en el Centre del Carme Cultura Contemporània. “Cada vez el grupo de jóvenes es más numeroso”, apunta, destacando además el impacto que está teniendo en el centro cultural las políticas de accesibilidad y gratuidad.
Bugeda defiende que la mediación cultural será cada vez más importante y celebra que el museo haya abierto “espacios para la primera infancia” o reforzado su compromiso con la inclusión. “Imaginamos unos públicos diversos que han integrado el espacio museístico como un lugar de vida habitual”, explica.

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Trascender la exposición
En paralelo a la transformación social, los museos también se preparan para una mutación de sus formatos expositivos. La tecnología aparece como lo omnipresente, aunque casi todos los responsables consultados advierten de la necesidad de no convertirla en un fin en sí mismo.
En el Museo de Bellas Artes, González Tornel considera que las innovaciones tecnológicas supondrán “un enorme avance en cuanto a accesibilidad universal”, pero insiste en que “la tecnología será siempre un medio”. El director defiende una museografía basada en “una ordenación científica y pedagógica” de las colecciones, sustentada en el conocimiento de historiadores del arte y restauradores.
Una línea similar mantienen desde L'Etno, donde prevén exposiciones “más inmersivas y experienciales”, aunque advierten que “se puede ser experiencial sin ser excesivamente tecnológico”.
El Centre del Carme, por su parte, apuesta por continuar ampliando los márgenes de lo que históricamente se entendía como museo. Bugeda recuerda cómo el espacio que dirige ha incorporado disciplinas como “el arte urbano o las fallas”, además de prácticas tradicionalmente consideradas menores como “la fotografía, el textil o la cerámica”. También prevé que la hibridación entre artes visuales, música, cine, danza o performance siga marcando la evolución de los espacios culturales.
La flexibilidad será otro de los conceptos clave. Alcón imagina “formatos más libres” capaces de adaptarse a distintos perfiles de públicos y recursos tecnológicos. Pero matiza: “Cualquier museografía será siempre complementaria a la experiencia única e insustituible de estar delante de una obra de arte original”.

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Y lo irrenunciable
El futuro ha de ser evolución, pero no olvido. En este sentido, el cuestionario enviado a los diferentes museos incluía la siguiente pregunta: “De vuestra filosofía de trabajo, ¿qué tres pilares deben quedar impasibles al tiempo?”.
En el Bellas Artes, González Tornel resume los pilares de la institución en “investigación, creatividad y tenacidad”. El IVAM señala la sostenibilidad, el vínculo con el territorio y una concepción amplia del patrimonio. Fundación Bancaja habla de “gestión, humildad, trabajo y reflexión”, mientras que el Consorci de Museus insiste en el apoyo a los artistas valencianos y en garantizar “el acceso a la cultura de todas las personas”.
Pese a las diferencias de enfoque, hay una palabra que se repite de manera significativa. Tanto Fundación Bancaja como L'Etno o el Centre del Carme se definen como un “espacio de encuentro”. Un lugar donde “se contagian saberes e incluso cuidados”, apuntan en este caso desde el museo etnológico.
Lo que serán estos y todos los museos depende del tiempo, del apoyo y del contexto. Solo queda desear que DIM ayude a pensar y cuidar su horizonte, para hacerlos más relevantes en el mundo que viene porque, cuando más relevantes, mejor le vendrá al mundo también.