VALÈNCIA. En la ciudad, en casi todas las ciudades con un cierto tamaño y dinamismo, solía ser habitual que un barrio degradado y cargado de bajos espaciosos y baratos, prendiera como el barrio creativo. En 2016 se hubieran llamado barros hipsters. Afortunadamente el término caducó como un yogur olvidado. También como una reacción más propia de la química, esos barrios aprovechaban el mambo bohemio para revalorizar a medio plazo sus propiedades. En último término, los propios profesionales creativos y artísticos tenían serias dificultades para sostenerse en esas mismas ubicaciones y terminaban alejándose hasta encontrar nuevas ubicaciones.
Russafa es un caso paradigmático en València, Poblenou en Barcelona, Malasaña o Lavapiés en Madrid. El aumento en el precio de la ‘suscripción’ a esos distritos ha emborronado el mapa. Para buena parte de la clase profesional creativa, la ciudad ya no es opción. O al menos la ciudad encorsetada que hasta ahora presumía de acogerles.

- Futuro espacio El Clavell -
- Foto: CRIS CABALLERO
Clap en Sollana
El estudio Clap, premios nacionales de diseño en 2023 -modalidad de jóvenes profesionales-, dejaron València para mudarse, ahora hace año y medio, a “una nave industrial de techos altos, luz natural cenital y grandes ventanales” en Sollana, cuentan sus responsables, Angela Montagud y Jordi Iranzo. Eligieron un polígono agrícola, junto a la estación, que les conecta por tren a València en 25 minutos. Son cerca de 200 m2 donde trabajan siete personas y que les aportan capacidad de crecimiento en los momentos de picos de trabajo. También tienen espacio suficiente para testear materiales, hacer maquetas y prototipos para los proyectos que desarrollan.
“Encontrar una nave industrial asequible y poder transformarla en estudio, situada en un área tranquila, hoy en día es casi imposible en la ciudad”, contestan cuando se les pregunta qué tiene en Sollana que no pudieran encontrar entre los distritos de València.
Su reubicación ha conllevado cambios que van más allá de logística o distancias. “La vida corre a otro ritmo aquí, más lento. Eso nos permite permite concentrarnos mucho más en lo que hacemos, en el momento presente”.
Su decisión de abandonar el barrio del Carmen se gestó ya en 2019. Progresivamente se dieron cuenta que “más del 80 % de nuestros clientes eran extranjeros y que, en realidad, daba igual dónde tuviéramos el estudio. En ese momento, antes de mudarnos a Sollana, vivíamos en la casa del portero de una finca en Pont de Fusta, cuyas únicas ventanas daban a un patio de luces, y trabajábamos en el Carmen, compartiendo un espacio muy limitado con unas amigas”.
Haciendo balance de este tiempo en Sollana, de donde es Montagud, se cuestionan el hecho de que “que trabajadores y colaboradores se desplacen en tren. Puede puede ser un contra, ya que dependes de RENFE y su puntualidad. Sin embargo, el trayecto hasta Sollana es coger un tren de 25 minutos atravesando los campos de arroz que rodean el pueblo, y eso ya te coloca en otro estado mental. Es cierto que tenemos menos servicios cercanos a pie, en cambio muchos de nuestros proveedores están en pueblos de alrededor y desplazarnos es prácticamente lo mismo que si estuviéramos en València, pero sin el tráfico constante”.

- Futuro espacio El Clavell -
- Foto: CRIS CABALLERO
Inma Femenía en Faitanar
La artista valenciana Inma Femenía prepara (e imagina) su futuro estudio en la huerta de Faitanar, donde toma cuerpo a partir de la rehabilitación de una antigua nave-taller. Llevará el nombre de El Clavell y será -explica Femenía- “un espacio directamente vinculado a un paisaje de identidad valenciana”. Frente a la ciudad compacta, pero alejado de ella, le permitirá trabajar a una escala mayor, establecer una relación más directa y constante con la luz natural.
La oportunidad surgió al descubrir una nave industrial de los años cincuenta que llevaba más de dos décadas abandonada. Un espacio en desuso que, más allá de resolver una necesidad funcional, abría la posibilidad de, como definió Jane Jacobs, alumbrar usos nuevos en espacios viejos. “Me pareció una buena oportunidad para darle una nueva vida y adaptarla a un uso creativo”, explica.
Entre los aspectos positivos, Femenía destaca la luz cenital -clave en su obra- y la posibilidad de contribuir, desde su actividad, al mantenimiento y conservación de una zona agrícola. Como contrapartida, la distancia con respecto a la ciudad implica más desplazamientos y una mayor dependencia del vehículo privado en el día a día.

- Futuro espacio El Clavell -
- Foto: CRIS CABALLERO
Empar Juanes en Llombai
La historia de Empar Juanes -exponente de la joyería contemporánea, con la piedra por bandera- es la de un regreso y una renuncia asumida. Su espacio de trabajo en Llombai, con el nombre de Pedra, es una casa-estudio que ha ido construyendo, literalmente, con sus propias manos. Es allí donde corta la piedra -el corazón de su trabajo- y es allí donde, tras años viviendo por Europa, regresó desde Alemania y se encontró con un dilema: en la ciudad o en las afueras. Vivir alquilada en la ciudad y mantener un estudio propio le resultaba económicamente inviable. La reforma de una casa antigua en Llombai se convirtió, así, en una decisión estratégica para su carrera.
Hoy dispone de 250 metros cuadrados donde conviven la maquinaria, el espacio de orfebrería, la zona de corte de piedra y un aula donde imparte clases de joyería contemporánea. Ha podido recibir en la casa estudio a creadores de Los Ángeles, Nueva York o Buenos Aires, tejiendo una red internacional desde la Ribera Alta.
La falta de transporte público la obliga a depender al cien por cien del coche. “Paso bastante tiempo aislada, es una vida un poco solitaria y cada vez que tengo que socializar tengo que ir a València”. Juanes reconoce que, si tuviera los recursos económicos suficientes, trabajaría en la ciudad. “Pero no puedo tenerlo todo y me veo durante unos cuantos años aquí, porque me da oportunidades que en la ciudad serían imposibles”.
Lejos del lamento, aquí una nueva realidad. Un nuevo mapa punteado y más disperso, que necesitará mayor trabajo para conectar a sus integrantes y generar una mínima comunidad. Convendría, desde València, atender a estos nuevos movimientos para comprender qué otras formas debe encarar la ciudad para aprovechar el talento que ahora le circunda.

- Espacio de trabajo de Empar Juanes -