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CAVALL DE BASTOS / OPINIÓN

Nueva derecha regionalista, de entrada sí

Si a algo se parece el PPCV de hoy en día es sin duda al Deutsche Bank. Una organización hasta hace poco hegemónica, casi todopoderosa, pero ahora carcomida, con credibilidad en caída libre y con sus graves problemas de solvencia

14/02/2016 - 

Si a algo se parece el PPCV de hoy en día es sin duda al Deutsche Bank. Una organización hasta hace poco hegemónica, casi todopoderosa, pero ahora carcomida, con credibilidad en caída libre y con sus graves problemas de solvencia convertidos en ya en metástasis imparable en los medios y los tribunales. En particular, su estructura en la provincia de Valencia está prácticamente desintegrado; fuera del gobierno de la Diputación, de todos los grandes Ayuntamientos -tan sólo Alfafar resiste ahora y siempre al invasor. Si en Alicante la situación parece menos acuciante, la ruptura del pacto de gobierno en la Diputación y el juicio de Brugal amenaza tormenta a lo que queda del partido en las comarcas meridionales valencianas.

Si la responsabilidad penal está por esclarecer, la política no ofrece muchas dudas: todos los supuestos renovadores estaban allí

Aunque Isabel Bonig esgrima la bandera de la refundación del partido, lo cierto es que el horizonte judicial no da tregua, y la aportación de información por parte de las administraciones y los partidos del Botànic amenaza con abrir casos nuevos y agravar los existentes. No es probable que el PPCV tenga un respiro para pensar en un congreso. El segundo elemento clave es su preocupante falta de banquillo: por la comisión de investigación de CIEGSA que les Corts acordaron abrir esta semana habrán de desfilar previsiblemente no sólo Alejandro Font de Mora, Gerardo Camps o Esteban González Pons; también referentes supuestamente renovadores, como Maria José Català, bajo cuyo mandato en la Conselleria se asumió la deuda de CIEGSA sin hacer preguntas, o la propia Isabel Bonig, que sirvió durante años como asesora en el gabinete de Font de Mora y supuestamente no vio nada de las andanzas de Máximo Caturla y sus yonquis del dinero. Si la responsabilidad penal está por esclarecer, la política no ofrece muchas dudas: todos los supuestos renovadores estaban allí y o bien no vieron o no quisieron hacer nada. De hecho, que para refundar algo tan importante como el PP en Valencia la dirección opte por Vicente Ferrer, un exdiputado apartado en su día por conducir ebrio, indica hasta qué punto van faltos de relevo en la calle Quart. En Extramurs no huele precisamente a refundación.

Lo único que salva al PPCV de su completa disolución, como pasara en su día con Unió Mallorquina y su eterna presidenta Maria Antònia Munar es que, como el Deutsche Bank,es too big to fail: sería muy difícil explicar por qué el PPCV debe caer y el PP murciano, por ejemplo, debe seguir de una pieza incluso ante el terrible dato que más de un 50% de los municipios murcianos se han visto involucrados en casos de corrupción. También el de Madrid, ante las terribles evidencias de la metástasis de las tramas Gürtel y Púnica. O el gallego, ante la prolongada y demostrable camaradería de sus dirigentes con narcotraficantes en yates y cremita en la espalda. Quizá es un error: Unió Mallorquina se disolvió y sus militantes pasaron a Proposta per les Illes, que hoy en día conserva el espacio sociológico -y los tres diputados de siempre-, habiendo ejecutado una renovación estética.

Hay una diferencia sustancial: Unió Mallorquina era un partido independiente, no una simple franquicia como el PPCV. La dirección autóctona ha comprendido que, burbuja inmobiliaria aparte, uno de los elementos que explicaba la hegemonía diferencial del PPCV de Zaplana y Camps frente al PP de otras comunidades autónomas era ser el partido que conectaba con la percepción de defender mejor los intereses de los valencianos. Un indicador que se desplomó 30 puntos de 2010 a 2015 y tiene mucho que ver con la fagocitación que se hizo de Unió Valenciana en la segunda mitad de los 90. Pero la dirección de Génova no quiere experimentos centrífugos y ha demostrado el margen real con el que cuenta el PPCV para decidir sus asuntos: cero. Lo que no les beneficia demasiado para ganar credibilidad en este indicador en el que Compromís está ganándole terreno.

En el último lustro, más movidos por la táctica y el olfato que cualquier estrategia concreta, Compromís se ha acercado a la procesión cívica de la Senyera, a las Fallas y comisiones de fiestas populares; atiende los intereses del pequeño comercio y las PYME’s en aspectos claves como los horarios comerciales y se atreve con aspectos de movilidad, ocio y desarrollo urbano que no había tocado hasta el momento.  Un estilo que se parece más a una síntesis entre el estilo del Scottish National Party escocés y los Verdes alemanes, al precio de enterrar el conflicto identitario bajo siete llaves. Incluso en materia educativa y modelo lingüístico -el sempiterno caballo de batalla del nacionalismo- se hace énfasis en el consenso pedagógico y de mesas sectoriales. La pérdida de terreno del PP tiene lugar en un contexto cada vez más abierto y menos dado a la polarización identitaria.

Pero es obvio que Compromís no puede cubrir todo este espectro. Los datos históricos del CIS en el País Valenciano apuntaban a que buena parte del espectro sociológico que se considera más valenciano que español y partidario de una mayor descentralización se sitúa en el centro-derecha. Por esto mismo un partido como Ciudadanos, con una estrategia profundamente españolista y dirigida según los criterios a gusto de Madrid y Barcelona puede tener problemas para penetrar en este campo social. Más aún si, como es el caso, tiene escasas sinergias con el tejido empresarial y con la Iglesia Católica, sustentos del centro-derecha de la misma manera que los sindicatos, movimientos sociales y el mundo educativo pueden serlo para la izquierda. El PPCV ha dejado un gran espacio socio-político huérfano. Y hay elementos para pensar que pueda ser ocupado de nuevo. 

¿Una nueva derecha regional en ciernes?

La gran crisis en el PP y la indisimulada guerra interna por el control del aparato de Ciudadanos, se une al hecho de que el gran estabilizador del sistema político valenciano, la barrera del 5% autonómico que tanto perjudicara a UPV-Bloc y después también a Unió Valenciana, desaparecerá previsiblemente en esta legislatura en el marco de una nueva Ley Electoral Valenciana que se negocia en les Corts. La Ley necesita de dos terceras partes de les Corts para su aprobación, lo que significa que los partidos del Botànic de acuerdo con C’s pueden aprobarla sin el PP. Entre otros elementos de corrección de proporcionalidad, la bajada de la barrera electoral a un 3% autonómico -incluso provincial, como en la LOREG- puede ser el acicate necesario para la aparición de nuevos partidos. El campo está abonado para que el centro-derecha regionalista recupere una presencia propia. 

la barrera del 5% autonómico que tanto perjudicara a UPV-Bloc y después también a Unió Valenciana, desaparecerá previsiblemente en esta legislatura

Dice Josep Vicent Boira, el flamante secretario autonómico de Territorio, en un artículo de 2005 en la revista l’Espill -que en su momento fundara Joan Fuster- que la gran anomalía valenciana respecto a su burguesía era la ruptura absoluta entre la derecha regional(ista) anterior a la Transición y la posterior, lo que él llama "involución de la derecha valenciana". En el artículo, que el propio Boira ha rescatado estos días a propósito de la crisis y eventual refundación del PP, señala que la izquierda conoce mucho mejor a la Derecha Regional Valenciana de los años 30. 

Su fundador, Lluís Lucia, quien fuera ministro y vicepresidente de la CEDA pero, al contrario que Gil Robles, siempre leal a la República, es mucho más conocido entre las filas de la izquierda que las de la derecha. Igual que su compañero Ignasi Villalonga, financiero y presidente de la Cámara de Comercio de Valencia. Ya en 1932 Villalonga pedía un Estatut d’Autonomia como el catalán para “La unitat del País Valencià, l’equiparació del valencià amb el castellà i l’hizenda (sic) pròpia” según cita el propio Boira. Lucia y Villalonga servirían de inspiración para que un joven Manuel Broseta declarara en un congreso en 1968 “Todos los datos anteriores […] nos hacen pensar que Valencia está sufriendo un colonialismo financiero”. De gente como Francesc de Paula Burguera o Pere Maria Orts, hombres ilustrados y con trayectoria intelectual, en la actual derecha valenciana no queda nada. 

La Transición, más que el franquismo, transformó a aquella derecha pro-hacienda propia y contra el colonialismo financiero en la clase de caricatura ágrafa del “Per ofrenar” y “El cabinista” en que se convertiría poco después, arrastrando en el tránsito a la patronal con algunas ideas propias e interesantes que había estado detrás de la fundación de CIERVAL y de AVE, entre otras asociaciones. De ahí a los yonquis del dinero de Benavent y Caturla y sus formas propias de la n’drangheta calabresa ya sólo fue cuesta abajo y sin frenos. Pero como dice maliciosamente Pablo Iglesias, a veces el destino ofrece sonrisas inesperadas, y la patronal valenciana tiene una nueva oportunidad para reinventar su proyecto político casi desde cero, teniendo a favor una sociedad con ganas de pasar página y un cráter demográfico-electoral descomunal ante sus ojos. Quizá las ruinas del coloso PPCV alumbren algún hijo ilegítimo en el campo de la derecha. A ver si esta vez tenemos suerte y, por primera vez en democracia, nos aparece alfabetizada de serie. Tratándose de la derecha, tan pía, es lo suyo creer en milagros… ¿no creen?

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