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la opinión publicada / OPINIÓN

Pedro el Quesero se prepara para seguir resistiendo

Foto: Jesús Hellín/ EP
5/11/2022 - 

Alberto Núñez Feijóo cayó de pie en la presidencia del Partido Popular. Tras el veletismo y la inconsistencia de Casado, Feijóo nos remitía a la aburrida previsibilidad de Mariano Rajoy: otro funcionario gallego que gestionaría España como un colmado de barrio. Para la derecha española, la misma que en su momento había cerrado el paso a la sucesora de Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría, el plan sonaba como música celestial, porque a estas alturas ya tenían claro que con Casado no iban a recuperar La Moncloa.

Casado asustaba a votantes de centro (o, para ser más preciso, los desmotivaba), y tampoco recuperaba terreno con Vox (más bien al contrario). En cambio, Núñez Feijóo se presentaba como un político solvente, con años y años de experiencia de gestión a sus espaldas, y con un perfil ideológico difuminado para agrupar en torno a sí a los votantes del centro-derecha, y también a algunos de los huidos de la derecha del PP a Vox, que lo que quieren, ante todo y por encima de todo, es echar a Pedro Sánchez de La Moncloa. Y lograr eso es mucho menos probable votando a un partido de freaks ultraderechistas con un claro techo en su crecimiento potencial.

Pero la luna de miel de Feijóo con los medios, las encuestas de opinión (que le dan casi unánimemente vencedor de las elecciones... salvo el CIS, claro), y sobre todo con su propio partido, ha comenzado a agotarse. La fallida renovación del Consejo General del Poder Judicial (un tema que probablemente a usted no le interese nada, a menos que sea usted juez o dirigente político que aspira a colocar a sus propios jueces de partido) ha dejado secuelas en Núñez Feijóo, sobre todo a nivel interno: los que le han presionado para que rompiera el acuerdo, a pesar del éxito -o precisamente gracias a él, porque han olido la debilidad del líder-, ahora se preguntan por su consistencia y su capacidad de liderazgo. ¿No sería mejor tener al frente a alguien con principios, entendiendo por tales principios no pactar nunca nada con los socialistas ni los nacionalistas, al menos hasta alcanzar el poder, sobre todo si pactando perdemos peso en el mentado CGPJ?

Alguien como, pongamos por caso, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que en estos últimos meses había quedado en segundo plano tras la victoria de Juanma Moreno en Andalucía y el ascenso de Núñez Feijóo en el PP (por no hablar de sus últimas chapuzas en materia de Sanidad o de apoyo cerrado al desastroso plan fiscal de Liz Truss, la Breve).

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. Foto: Marta Fernández/ EP

Esta situación, tan habitual en el PP cuando no manda la derecha más esencialista, abre un nuevo campo de oportunidades para Pedro Sánchez, que ha esperado pacientemente todos estos meses en los que las encuestas le eran adversas. Sánchez aprendió de Rajoy las virtudes de esperar, aunque no es que haya estado todo este tiempo sin hacer nada; con sus insuficiencias y sus veleidades, el Gobierno está buscando mitigar los efectos de la crisis incrementando el gasto y adoptando medidas que protegen a la población más vulnerable, para que cuando llegue el momento tengan argumentos para movilizar a su electorado frente a la amenaza de "la ultraderecha reaccionaria más extrema que cabe imaginar"; es decir, el slogan electoral del PSOE desde tiempos inmemoriables, se presente quien se presente. Pero esta vez el argumento tiene más solidez, y no sólo por la presencia de Vox, sino porque Núñez Feijóo, que intenta hacer méritos ante el ala neoliberal-integrista del partido, comienza a prodigarse en actos y declaraciones extemporáneas para hacerse perdonar su galleguismo sospechosamente poco madrileño.

Sánchez sabe que aún queda mucho tiempo para las elecciones y pueden pasar muchas cosas; y no todas tienen por qué resultar adversas para sus intereses. Por tanto, está dispuesto a resistir lo que haga falta, entendiendo por "resistir" mantenerse en La Moncloa contra viento y marea. Y es totalmente legítimo que así lo haga, por supuesto; de hecho, demuestra que su capacidad para aguantar todo tipo de críticas y adversidades es aparentemente inagotable.

En ese sentido, Sánchez es un dirigente que parece hecho de una pasta muy distinta a los anteriores presidentes del Gobierno, tanto socialistas como populares. Su antecesor, Mariano Rajoy, nos fastidió a muchos analistas el argumento recurrente de que era un hombre con una capacidad sobrenatural para mantenerse en su puesto durante eones, sin hacer nada, mientras los demás se desgastaban esperando. Se enfrentó a una moción de censura con esa misma táctica (no hacer nada), y cuando quiso darse cuenta estaba fuera de La Moncloa. Y además para siempre, porque tampoco intentó seguir al frente del partido.

José Luis Rodríguez Zapatero, el anterior presidente socialista, decidió no presentarse a la reelección, y mandó a la hoguera a su vicepresidente, Alfredo Pérez Rubalcaba. Otros presidentes se fueron por cumplir una promesa electoral (José María Aznar), por perder unas elecciones que estuvieron a punto de remontar (Felipe González), o por evitar un golpe de Estado finalmente consumado (Adolfo Suárez).

Es pronto para saber cómo se irá Pedro Sánchez, por supuesto; pero no tiene ninguna pinta de que vaya a irse dentro de poco, y ni mucho menos de que vaya a abandonar; este hombre, como se ha encargado de detallar en libros que le han escrito, como el "Manual de Resistencia", aguantará todo lo que haga falta y pondrá toda la carne en el asador para seguir en el poder, sea en el Gobierno, en su partido, o en ambos. No lo tiene fácil, pero no descarten que Sánchez acabe haciéndole a Núñez Feijóo un "Mariano Rajoy" in your face: sentarse a esperar a que Feijóo se erosione en declaraciones y peleas intestinas mientras Sánchez disfruta de los deliciosos quesos sorianos.

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