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el muro / OPINIÓN

Pensiones vitalicias en los presupuestos

Los recortes en Cultura no afectan a todos por igual; algunos beneficiados por las 'pensiones' de los premios al Mérito Cultural siguen cobrando

8/11/2015 - 

Un presupuesto identifica a una empresa, un gobierno o una familia. Y en esas estamos en la actualidad, presentando documentos. Así que ya tenemos anteproyecto de presupuestos de la Generalitat para 2016 y por lo que se cuenta, el de Educación, Cultura y Deportes alcanzará los casi 4.300 millones de euros, un 4,7% más que el anterior ejercicio. El área de Cultura dispondrá de 84,3 millones, un incremento de 5.3 millones frente al de 2015. Todo eso, sin entrar a valorar de lleno partida por partida.

Al menos, en esta ocasión no será del todo como dijo Víctor Hugo ante una propuesta ministerial tendente a recortar fondos para la cultura, que las reducciones en los gastos en ciencias, letras y artes son “doblemente perversas”. Y añadía, “insignificantes desde el punto de vista financiero y nocivas desde todos los puntos de vista”. No lo creen de la misma manera todos los gobiernos, aunque pregonen su inteligencia. Sólo hay que analizar el azote del IVA.

También es cierto que, aunque exista cierto incremento, algo o muchísimo irá a reducir deuda, por ejemplo de CulturArts que pese a los recortes y escabechinas varias de sus institutos ha sido un saco sin fondo en tiempos sucesivos. Y con puestos sin cubrir, otros de baja por rebeldía y algún converso. También irá una parte importante a reforzar ciertas áreas. Un presupuesto, sin embargo, también es manejable. Por tanto, lo que hoy aparece por un lado mañana puede acabar en otro.

Pero lo que mueve el ojo en esta insignificante atención de largas y farragosas cuentas de toda la vida no es comprobar si el IVAM ha crecido unos puntos porcentuales hasta los 5,8 millones, que también; Les Arts suba 2,4 millones hasta alcanzar los 22 millones para poder ofrecer cultura en mayúsculas y de paso intentar sostener el contenedor que nos dotaron y que devora una parte importante de su dotación aunque aspira a revivir después de sus meses de convulsión, o que CulturArts y el teatro público que depende del holding deba mostrarnos todavía momentos de reflexión económica mientras se ordena lo que ha de venir o se reflexiona sobre la forma en qué se ha de hacer.

No. La sorpresa llega al comprobar que una de las partidas del departamento de la Dirección General de Cultura y Patrimonio se nos va a ir, un año más, a pagar “pensiones vitalicias” de algunos de los galardonados con la Distinción al Mérito Cultural. Sí, en abonar sueldos a 16 premiados en su momento con el premio gordo del 9 d’Octubre.

Hasta que no se reinterprete de nuevo la norma se irán un año más 204.340 euros en el abono pecuniario a los premiados, esto es, 12.020 por cabeza. Viendo los nombres –se lo reconocieron en su día y es suyo por decreto- dudo mucho de estrecheces personales.

No está mal para la lista de agraciados un premio que sí lo sería para muchas familias necesitadas, comedores escolares, libros de texto o programas de la misma dirección general que aparecen más que condicionados por las circunstancias económicas.

Las Distinción al Mérito Cultural fue creada por el anterior gobierno socialista de la Generalitat en 1986. Su fin era reconocer a personas físicas que hubieran prestado relevantes servicios a la Comunitat Valenciana en los diversos ámbitos culturales. Pero, en el fondo, buscaba sacar de ciertos apuros económicos a muchos intelectuales y artistas que habían dejado su vida en el trabajo mientras sus últimos años de vida no eran lo suficientemente boyantes desde la perspectiva monetaria para sujetarse emocional y económicamente.

Además, era en su momento el Consell Valencià de Cultura, al que se dejó de escuchar por ser algo díscolo con el poder, quien ponía la lupa sobre los posibles candidatos. Sólo que el premio se fue convirtiendo de la mano del PP en una espiral discrecional. Se llegaron incluso a entregar galardones con claros mensajes electoralistas. Así hasta que comenzaron las denuncias periodísticas y la entonces consellera popular de Cultura, Lola Johnson, sometida a la presión lógica del momento y hoy camino del banquillo, tuvo que modificar la orden de creación de las distinciones para que dejaran de tener un reconocimiento económico que iba engordando año tras año y ya se desbordaba. Corría 2011. Pero el mismo decreto, si bien dejaba a los futuros galardonados sin premio económico, no hacía lo mismos con los anteriores premiados por lo que su beneficio quedaba de forma vitalicia para las personas físicas, pero no así para las entidades civiles que sólo percibían la cantidad en el momento de su concesión. Más provecho saca una entidad civil con un euro, y más aún una ONG, que una persona física bien remunerada.

Quizás en otras circunstancias la cuantía sería considerara hasta divertida o irrisoria, e incluso hubiera pasado de largo o escocería menos. Pero un presupuesto también debe marcar prioridades. Y deslumbra que mientras se reparten 204.000 euros al año por el hecho de haber sido premiado, que ya debería ser suficiente honor en sí mismo, la ayuda a la producción editorial vaya a contar con una cantidad muy similar, como la desinada a la Promoción de las Artes y la Cultura. O también que signifique el doble que lo que van a percibir las aulas de la Tercera Edad, o la adenda a la Academia de Bellas Artes de San Carlos por la cesión de su patrimonio al Museo de Bellas Artes de Valencia San Pío V, y sólo cinco mil euros menos que lo que se va destinar en todo el ejercicio al fomento del libro y la lectura, por enumerar sólo unos simples ejemplos de los innumerables que podríamos añadir.

Este año, además del director teatral José María Morera, era distinguido de forma póstuma el mecenas y coleccionista Jesús Martínez Guerricabeitia. Curiosamente, él nunca percibió nada, pero sí legó a la Generalitat y la Universitat de València su colección de arte y su biblioteca. Tampoco pidió nada a cambio por este gesto. Nunca. Ni él, ni su familia. Primero dio, y bien tarde recibió. Eso sí son prohombres. Ahora corren momentos de otras necesidades. Que cunda el ejemplo.

Homenaje a una generación

La muerte del escultor José Esteve Edo este pasado domingo -fue también Director del Departamento de Escultura y primer Decano de la Facultad de Bellas Artes de San Carlos a la que se ha de añadir la perdida en julio de 2014 de Silvestre de Edeta, cierra una de las generaciones más brillantes de la escultura valenciana y sobre todo renovadora de la disciplina. En una sociedad tan dada a las exposiciones, muchas de ellas efímeras y otras a veces intrascendentes, bien estaría revisar los años de creación de una generación y escuela única como homenaje a su memoria. Lo merecen ellos tanto como sus maestros. La sociedad podría de esta manera entender mejor cómo ha evolucionado la escultura y lo que han aportado socialmente artistas silenciosos, decididos y siempre generosos. Es nuestra deuda. La escultora y catedrática Amparo Carbonell hereda una obligación siendo discípula de todos ellos, buena conocedora de su obra y activista del mundo del arte. De ella depende. Son sus maestros. Yo me apuntaría.

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