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Pilar Mellado: «Los diseños de Pedro Miralles mantienen hoy toda su vigencia»

12/10/2018 - 

VALÈNCIA. Pilar Mellado, profesora de Ingeniería en Diseño Industrial en Elisava, es comisaria de la muestra sobre Pedro Miralles que se expone actualmente en Las Naves. Una retrospectiva que coincide con el 25 aniversario del fallecimiento del diseñador valenciano y la publicación del libro Diseño y emoción, sobre su trayectoria.

—Esta muestra cuenta con un antecedente directo: una exposición organizada, hace varios años, en la Universitat Politècnica de València.

—La diferencia reside en que la actual colección cuenta con el doble de piezas. Así hemos conseguido cubrir toda su trayectoria. De hecho, mientras terminaba la tesis sobre Miralles descubrí una pieza de 1983, la silla Watty, su primer proyecto. De ahí que la exposición abarque desde ese año hasta 1993. La mayoría de muebles expuestos son de su hermano Emilio. También hay piezas de Margaret Watty como el prototipo del reloj Lapsus, la mesa Demi-line o la lámpara Olímpica.

—¿Cómo llega a establecerse la relación con Margaret Watty?

—Watty era socia de Jesús del Pozo en los primeros años del estudio del diseñador de moda. Pedro, nada más terminar la carrera de Arquitectura, estuvo dos años trabajando con Del Pozo. Para Miralles, el dibujo era una forma de comunicar, transmitir sus inquietudes, y lo hacía con la elegancia que siempre le caracterizó.

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—Esas relaciones son producto de un mismo ambiente.

—Miralles coincide con la Movida madrileña. Aunque empieza a estudiar Arquitectura en la Universitat Politècnica de València, en 1977 se traslada hasta la capital, donde ya se había asentado su hermano previamente, y allí termina la licenciatura. 

—Arquitectura, diseño de moda, diseño de producto... ¿Miralles no tenía claro hacia dónde dirigir sus energías?

—Era una persona curiosa e inquieta respecto al diseño y la cultura. También era calmado y reflexivo, por lo que se dio cuenta de que los tiempos en la moda no iban con él. Un ejemplo es el proceso de desarrollo de sus proyectos, que madura durante años. Mientras trabaja con Del Pozo ya comienza a articular sus primeros proyectos de diseño de producto. El diseño fue una manera natural de volcar su inquietud, sus pasiones.

—¿Qué influencia tiene su formación como arquitecto en sus diseños?

—Toda. Él es muy calculador y preciso. Sus piezas son estructuradas, con un gran peso de la geometría. En algunas de sus primeras piezas  se aprecia la simplicidad de las grandes construcciones, líneas horizontales y verticales. Aunque nunca llegó a ejercer como arquitecto, siempre firmaba sus proyectos bajo este epígrafe. No se refería a sí mismo como diseñador. Una de sus piezas más conocidas, el escritorio Compás, está basada en un elemento clave en la arquitectura, el propio compás de dibujo.

—¿Tiene Miralles interés por el diseño de interior?

—Para él todas las piezas comunican algo; todas tienen un peso simbólico. Quiere transmitir al usuario y conectar con él. Pretendía trasladar su universo al hogar a través de piezas elegantes y bien construidas.

—Llevas muchos años detrás de la figura de Pedro Miralles.

—Todo nace de un estudio que hice sobre el diseño en la Comunitat Valenciana en la década de los noventa, con nombres como Vicent Martínez, Ximo Roca, Vicente Blasco... Sobre todos ellos había información, menos de Pedro Miralles. Por casualidad, Javier Pastor, director de mi tesis, había oído hablar de Miralles y de su trabajo durante su paso por la Domus Academy de Milán, ya que Miralles también estudió allí en 1987 gracias a la beca Impiva. Ese fue el origen.

—¿Por qué no había información sobre Miralles?

—Creo que fue por su temprano fallecimiento. Internet estaba naciendo y simplemente no había pasado el tiempo suficiente. Aparece citado en revistas especializadas pero no había un reportaje específico sobre su obra o trayectoria.

—¿Mantiene relación con València?

—Sí. Aunque él tenía el estudio en Madrid, muchos de sus diseños eran producidos por empresas valencianas como Punt, Muebles Do+ce, Encanya, Ebanis, Chueca, Andreu World...

—¿En qué momento se encuentra la industria del mueble de la Comunitat Valenciana cuando Miralles produce sus diseños?

—En un muy buen momento. La industria empezaba a tomar en consideración al diseñador en el desarrollo de sus productos. Y las instituciones públicas apoyaban decididamente al sector.

—¿Tiene Miralles alguna opinión sobre el momento en que se inscribe su trabajo?

—Él afirma que le gusta cuidar cada detalle de sus piezas, no porque sienta nostalgia de los muebles del pasado sino porque cree que en los noventa pueden producirse diseños con ese mismo nivel de detalles. Para Miralles, sus diseños se adscriben totalmente a su época.

—El clasicismo que aporta a sus piezas...

—Pero es un clasicismo reinterpretado con elegancia. Sus diseños podrían inscribirse en un posmodernismo contenido.

—A pesar de que su trayectoria es breve, ¿siempre encuentras algo que te sorprende en Pedro Miralles?

—Su propia evolución, porque empieza con diseños básicos, composiciones de formas primarias aunque cargadas de simbolismo. Y con el tiempo, en su última etapa, comienza a trabajar con materiales de calidad, caso del escritorio Compás, o el aparador Poynton, el mueble más rico en cuanto a materiales, además de las mesitas Andrew Sisters o la consola Alfiler.

—¿De no haber fallecido tan pronto su figura sería hoy más reconocida?

—Seguro. Ten en cuenta que sus diseños mantienen hoy en día su vigencia. Un ejemplo es la consola Alfiler, de Punt Mobles, que creo que se podría producir perfectamente en la actualidad. De no haber fallecido es muy posible que hubiera tenido una clara influencia sobre más de un diseñador.

—Exposiciones como la dedicada a Miralles, centradas en mobiliario, son escasas en València.

—Es raro, porque el mueble ha sido y es una base importante en la economía y en la industria valenciana. Sería fantástico que una retrospectiva como esta tuviera continuidad en figuras como Vicent Martínez, por ejemplo, u otros grandes diseñadores valencianos. Como también que el diseño de producto, con el mueble a la cabeza, se asentara en un centro público, desde donde se le diera la difusión que merece, porque el trabajo desarrollado por los profesionales valencianos es excelente. Sería muy importante para los actuales estudiantes de diseño: conocer los precedentes de su futura profesión.   

* Este artículo se publicó originalmente en el número 48 de la revista Plaza

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