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tribuna libre / OPINIÓN

Regiones ricas, regiones pobres: el antes y el después del Estado Autonómico

12/11/2019 - 

La corrección de las desigualdades interregionales constituye uno de los objetivos asumidos por la Unión Europea y la Constitución Española. La primera acumula una extensa tradición de política regional, encauzada principalmente mediante los fondos estructurales orientados a las regiones con menor nivel de renta per cápita. La segunda menciona hasta en tres ocasiones el equilibrio entre las partes del territorio español, como resultado del ejercicio de la solidaridad interterritorial, previendo incluso la presencia de un Fondo de Compensación para hacerla efectiva.

Junto a los anteriores, la creación del Estado de las Autonomías también podría considerarse un factor de reequilibrio si se acepta que la proximidad al territorio y el ejercicio de sus competencias permite estimular áreas de crecimiento más difíciles de detectar y estimular desde la administración central. Sin embargo, el impacto de las políticas autonómicas se enfrenta a diversos límites. Las modestas cuantías asignadas al Fondo de Compensación Territorial han avanzado en paralelo al extenso uso de los fondos europeos por el Estado y las CCAA, de modo que aquél se ha reducido a un lánguido apéndice de las políticas de reequilibrio. A su vez, gran parte de los fondos europeos y estatales se ha concentrado en las estructuras radiales de las infraestructuras terrestres.

Además, el éxito de las políticas de reequilibrio territorial depende de los flujos de inversión de empresas y familias, lo que constituye un pesado lastre para los territorios más desfavorecidos ya que la concentración territorial de la riqueza tiende a retroalimentarse espontáneamente. Lo hace porque en las áreas ricas suelen existir mayores y mejores condiciones para promover la productividad empresarial y la eficiencia de la inversión pública. A ello se añade, en los países no federales, una razón exógena: la capacidad de atracción del factor capitalidad sobre las sedes empresariales y las grandes fortunas.

Finalmente, a las anteriores consideraciones se añade la actual intensidad del debate territorial y la introducción de la recentralización en el debate público. Partiendo de este telón de fondo, se observa a continuación la distribución regional del PIB, población y PIB per cápita, desde una perspectiva a largo plazo. Para ello se utilizan las series construidas por FEDEA, que abarcan desde 1955 a 2018 . Convencionalmente, hemos tomado 1980 como punto de arranque del Estado Autonómico. Una elección que admite matices sobre su idoneidad, puesto que el Estado Autonómico no se ha desarrollado sincrónicamente, pero ante el cual otras alternativas tampoco resultan plenamente satisfactorias.

Alguna evidencia para España en la etapa autonómica

Si se admite que la potencia económica de un territorio puede deducirse del volumen de su PIB, la CCAA que mayor avance ha conseguido, entre 1980 y 2018, ha sido la Comunidad de Madrid (Tabla 1). Su PIB, en 2018, era el más importante del conjunto de las CCAA, al absorber el 19,3% del total español, frente al 16,8 de 1980 y el 15,4% de 1955. Le sigue Cataluña (18,9%, en 2018), que se mantiene en una proporción muy similar a la de 1980 y registra, asimismo, un avance respecto a 1955 (17,8%), aunque sensiblemente inferior al de Madrid. 

De las restantes CCAA, las que han perdido mayor peso relativo, durante el periodo autonómico, han sido, de mayor a menor, Asturias y el País Vasco, seguidas de Castilla-León, Galicia y, en menor medida, Cantabria y Aragón. 

La introducción de la población también nos permite observar que, de nuevo, Madrid ha sido la CCAA de mayor crecimiento, tanto entre 1955 y 2018, como en el periodo autonómico, con avances que han afianzado su papel de tercera región española, tras Cataluña y Andalucía. En el mismo periodo, 1980-2018, junto a Madrid, la distribución de la población española se ha intensificado con mayor intensidad en Canarias y las regiones mediterráneas.

La combinación de PIB y población nos permite llegar al PIB per cápita (Tabla 2) como indicador -siempre discutible-, del bienestar económico. Si nos centramos en los cambios experimentados entre 1980 y 2018, la posición relativa respecto a la media española ha empeorado, por este orden, en Baleares, Canarias, Cantabria, Asturias, Comunitat Valenciana, Murcia y Cataluña, permaneciendo Andalucía prácticamente inalterada. 

En el lado opuesto, los mayores avances, asimismo ordenados, se aprecian en Extremadura, Galicia, La Rioja, Castilla y León, País Vasco, Aragón, Navarra y, a distancia, Castilla La Mancha y Madrid, que recupera la primera posición, perdida en 1980 a favor de Baleares. 

En el primer caso, durante la etapa autonómica, parte de la fachada atlántica, el Arco Mediterráneo y Canarias acumulan los distanciamientos negativos respecto al comportamiento global de España. En el segundo, las CCAA del Valle del Ebro, el resto de la España interior y Galicia se han desplazado en sentido positivo. 

Algunas de las variaciones indicadas han supuesto que determinadas CCAA cayeran, en 2018, por debajo del PIB per cápita español cuando su posición era la opuesta en 1980. Así ha sucedido en Canarias, Asturias y Cantabria. Otros retrocesos significativos han sido los de Baleares que, de encabezar el PIB per cápita, se ha deslizado a la baja hasta coincidir con la media española. La Comunitat Valenciana y Murcia han visto agravada su distancia negativa respecto a esta última, mientras que Cataluña ha acentuado, en la etapa autonómica, la pérdida relativa que ya había experimentado entre 1955 y 1980.

En conjunto, parte del litoral Cantábrico, la España insular y el Arco Mediterráneo -esto es, una importante extensión de la España periférica a la que se añade la ultraperiférica- concentran el retroceso relativo observado en el PIB per cápita durante la vigencia del Estado de las Autonomías.

Ello no impide que, en el ranking de las CCAA, ordenado de mayor a menor para esta misma variable, las tres últimas posiciones siguen recayendo en Extremadura, Andalucía y Castilla La Mancha, entre 1980 y 2018. En los puestos de salida sí se han producido cambios. Además de la recuperación por Madrid y el País Vasco de la cabecera del ranking, Navarra se ha aupado a la tercera posición, desde la quinta que ocupaba en 1980. Aragón y La Rioja han pasado a formar parte de las seis CCAA con mayor PIB per cápita, a diferencia de lo sucedido en Baleares, que ha retrocedido del primero al séptimo lugar. El número de CCAA que superaban la media española en 1980 (nueve), se ha reducido en 2018 a únicamente seis, lo que, aparentemente, amplía la dimensión de la España “pobre” respecto a la “rica”. Un balance que pone en cuestión el grado de éxito de la política de redistribución territorial.

Entre la España 'rica' destaca, de otra parte, el considerable peso logrado por Madrid en el conjunto del PIB español y su primer lugar en PIB per cápita pese al significativo aumento demográfico que ha experimentado. Cabe preguntarse si, frente al objetivo constitucional de un mayor equilibrio global de las CCAA, se han contrapuesto los efectos de la España radial. En concreto que, con Madrid como gran protagonista pública y privada, se ha potenciado un núcleo central que suma, a su tradicional rol político, la condición de contrapeso económico y demográfico de otras áreas españolas. En cualquier caso, el Estado Autonómico no ha constituido un obstáculo para ello. 

En segundo lugar, no pasa desapercibida la positiva evolución del PIB per cápita del País Vasco y Navarra; ambas, durante la etapa autonómica, han ampliado su distancia respecto a la media española. En este caso una, de entre diversas hipótesis de trabajo, sería la relación de tal hecho con el régimen de financiación foral que tienen atribuido. 

Finalmente, junto a otras regiones mediterráneas, el crecimiento de la producción económica en la Comunitat Valenciana no ha avanzado a la misma velocidad que la población, provocando su distanciamiento del PIB per cápita español. Un curso sobre el que convendría indagar la importancia relativa de las causas internas y la alcanzada por otras de origen externo, como la infra-financiación autonómica y la infrainversión estatal.

Manuel López Estornell es doctor en Economía

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(1) De la Fuente, Ángel. Series largas de algunos agregados económicos y demográficos regionales: Actualización de RegData hasta 2018. Fedea 




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