El Orson plantea un concepto que me gusta mucho: conviven la cocina peruana y valenciana, pero sin fusionar. Es decir, se presentan por separado y es el cliente quien las combina como le da la gana.
Parece que el Orson lleve toda la vida con nosotros. Son casi veinte años. Hay quien todavía se acuerda de sus tapas clásicas. «Je me souviens —podría decir George Perec— de los bocadillos de longanizas con puerros y piñones del Orson, que hacían que las mañanas de lluvia no quisieras volver a casa»; «Je me souviens de las croquetas de confit de pato del Orson, que no eran muy grandes y de fondo sonaba música de jazz».
Hace seis años, Melissa introdujo algunos platos peruanos, sobre todo ceviches y causas limeñas. Sin embargo, el futuro —y por supuesto el presente— estaba escrito, y ambos lo vieron venir. Si les digo que Perú acaba de ser distinguido, por segundo año consecutivo, como mejor destino culinario del mundo en los World Travel Awards 2022, seguramente piensen como yo: que el Orson está, como dicen Melissa y Santiago, en el sitio al que querían llegar.