Sequía estructural, inundaciones cada vez más severas y una intensa presión demográfica en municipios turísticos configuran un escenario de máxima complejidad para la gestión del agua en la Comunitat Valenciana. Tras el impacto de la última Dana, que obligó a activar dispositivos de emergencia y a planificar una reconstrucción millonaria, el debate ya no se limita a garantizar el suministro, sino a cómo adaptar infraestructuras y ciudades a un clima cada vez más extremo.
En este contexto, la antigua Hidraqua ha culminado su integración en el grupo Veolia y pasa a operar bajo su marca, dentro de una estrategia que conecta agua, energía y residuos. Al frente, en la Comunitat, se sitúa Jordi Azorín, director territorial de Veolia, ingeniero industrial por la Universitat Politècnica de València y con más de dos décadas de experiencia en el sector del agua y el medioambiente. Desde esa posición, defiende una gestión basada en la planificación a largo plazo, la digitalización y la inversión sostenida, y advierte de los riesgos de trasladar al agua una lógica estrictamente financiera.
Veolia gestiona actualmente el ciclo integral del agua en cerca de ochenta municipios de la Comunitat Valenciana y da un servicio habitual a casi dos millones de personas. Una cifra que puede rozar los tres millones en periodos de máxima afluencia turística. La compañía cuenta con una plantilla de 1.206 trabajadores, opera cuarenta depuradoras, reutiliza alrededor del 70% del agua tratada para riego agrícola y alcanza una facturación anual de 360 millones de euros, consolidándose como uno de los principales operadores del sector en el territorio.

- Daniel García-Sala
— Se encuentran en pleno proceso de cambio de marca e integración en el grupo en Veolia. ¿A qué se debe?
— Veolia es una multinacional que, en 2022, lanzó una OPA sobre Suez, propietaria de Hidraqua. Desde entonces, se ha desarrollado un proceso de adaptación al modelo del grupo, y ahora se da un paso más con la unificación de las distintas marcas con las que opera en España. Hoy, la gestión del agua no puede abordarse de forma aislada, porque está estrechamente vinculada a la energía y a los residuos. Disponer de una visión integral de estos tres ámbitos nos permite ofrecer soluciones más eficientes, sostenibles y completas, y nos aporta una fuerza que antes no teníamos.
— ¿Qué va a suponer la disposición en Valencia de las verticales de energía y residuos?
— En la Comunitat Valenciana, nuestra principal presencia ha estado tradicionalmente en el ámbito del agua. Es un territorio con elevado estrés hídrico, lo que ha hecho que históricamente se valore especialmente una gestión eficiente y avanzada de este recurso. En otros ámbitos, como energía y residuos, hasta ahora nuestra actividad había sido más limitada.
Sin embargo, cuando trabajamos con un ayuntamiento en la descarbonización del ciclo del agua, muchas veces nos plantean extender ese proceso al conjunto del municipio: edificios públicos, producción energética o gestión de residuos. Por eso hemos iniciado esta línea, que ahora cobrará más peso con la integración plena en el grupo.
Además, la Comunitat Valenciana afronta un problema estructural con los vertederos, y el debate sobre alternativas, como las plantas de valorización energética, está sobre la mesa. Somos la compañía que más instalaciones de este tipo gestiona a nivel mundial y en España, lo que nos permite aportar experiencia y conocimiento técnico en este ámbito.

- Daniel García-Sala
— ¿Cuáles son los principales desafíos a los que se enfrenta la Comunitat en gestión del agua?
— El arco mediterráneo es una de las regiones más afectadas por la crisis climática, y la Comunitat Valenciana la está viviendo desde hace más de una década. Son fenómenos cada vez más intensos y frecuentes. Por otro lado, ahora parece que cuesta hablar de sequía, y el foco es el exceso de agua. Pero son ciclos. El estrés hídrico sigue siendo uno de los grandes retos estructurales de la Comunitat. Estamos acostumbrados a la escasez y hemos adaptado nuestros sistemas a ella, pero esta es cada vez más acusada. En las grandes ciudades, el abastecimiento domiciliario está garantizado, pero no ocurre lo mismo en todos los municipios. En zonas de la costa, especialmente en verano, se producen tensiones importantes. Los pozos aumentan su concentración salina y, en algunos casos, el agua deja de ser apta para el consumo y, además, existen problemas de nitratos. Por tanto, convivimos con dos grandes desafíos: la escasez estructural de recursos y la gestión de inundaciones cada vez más severas.
— ¿Qué papel juega la digitalización en la gestión eficiente del agua?
— Hay que usar los datos para lo que nos sean útiles y adaptar el producto a las necesidades de cada cliente. Si hacemos algún sistema que digitalice, tiene que ayudar a esta persona, al planeta o a ambos. Hace veinte años que digitalizamos la red de contadores en nuestros municipios. A nadie le parece útil hasta que se rompe la cisterna o se queda un grifo abierto y recibe un mensaje avisando de un consumo anómalo. Esto te permite actuar.
— Tanto hablar sobre la inteligencia artificial, ¿qué papel juega en la gestión del agua?
— La inteligencia artificial hace décadas que se usa en el agua, por ejemplo, en el alcantarillado. Cuando tenemos que cambiar tuberías, utilizamos la IA para decidir el orden. Con variables como la antigüedad de la red o el impacto de las raíces, y teniendo inspeccionado un 5-10%, podemos saber cómo está el resto. Esto nos permite priorizar las inversiones más urgentes. En las catástrofes, aunque no se sabe el punto exacto donde va a llover más, modelizamos cuencas para predecir el daño. También sabemos qué colectores pueden colapsar o qué calles hay que cortar porque se van a inundar antes.
— Han conseguido varios Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica en la Comunitat Valenciana.
— Hemos conseguido cinco Perte con un total de veinte millones de euros. En municipios turísticos, como Cullera, Alicante, Elche, o en pequeños municipios. Esto nos ha permitido incorporar telelectura, modelos matemáticos ante fenómenos adversos de la red de alcantarillado, inversión en sensorización de pozos para escasez hídrica, análisis de la calidad de la red de agua potable en tiempo real o control de inundaciones.
— Con toda esta digitalización, ¿se puede estimar cuánto puede ahorrar un municipio?
— Si tienes información de tu contador, te permite tomar decisiones. El tema está en cómo se puede reducir el de la totalidad del municipio. Y de esto, tenemos datos tan escandalosos como los de Cullera o Benidorm, donde han pasado más de veinticinco años desde que iniciamos la gestión. Y donde, a pesar de haber duplicado su población, estamos gastando menos agua que entonces.
— Sobre la gestión que hicieron de la Dana, teniendo en cuenta que una importante parte de los municipios afectados estaban gestionados por ustedes, ¿cómo se afrontó la reconstrucción?
— Nuestra experiencia en catástrofes hizo que montáramos un comité la misma noche, movilizamos medios, nos trajimos un macrogrupo electrógeno de Almería y conseguimos que todo volviera a funcionar, aunque fuera con parches. Hubo puentes que cayeron y tenían tuberías encima e hicimos todo tipo de inventos para que la infraestructura volviera a cruzar. Al segundo o tercer día teníamos al 80% de la gente con servicio y las cosas estaban funcionando, pero de manera provisional. Ahora, todo lo que estaba en esta situación hay que adecuarlo de nuevo y, desde el día posterior a la Dana, estamos en un proceso de priorizar a dónde destinar las inversiones, porque hay que reconstruirlo todo mejor de lo que estaba.

- Daniel García-Sala
— ¿Y cómo se avanza?
— Hay un problema. La falta de mano de obra. Ahora mismo es muy complicado hacer las obras tan rápido como nosotros quisiéramos. El mundo del agua cada vez es más complejo. Antiguamente, cuando alguien quería algo, se apuntaba en un papel y se ejecutaba. Ahora, se hace todo digital. Se manda la orden al trabajador en tiempo real, en función del sitio donde está, para evitar desplazamientos, reducir tiempos de espera, reducir emisiones, pero todo esto requiere una profesionalización.
Y, ¿quién trabaja en el mundo del agua? Desde economistas a ingenieros, pero también necesitamos mucha gente a pie de calle que esté formada en las nuevas tecnologías y no es fácil encontrarlos. Entonces, tuvimos que hacer una apuesta clara por la formación. Por eso, lanzamos nuestra propia FP dual en institutos de Xirivella y también en Benidorm.
— ¿Cuánta inversión se ha destinado a la recuperación de estas instalaciones?
— En nuestro caso, la cantidad que necesitamos para recuperar todo lo que se ha deteriorado es de 25 millones de euros. ¿Es mucho o es poco? Depende. En la red de alcantarillado, al tercer día, ya movilizamos los camiones de alcantarillado que teníamos en España, lo que nos permitió retirar el barro de las tuberías. Este carácter preventivo extraordinario ha hecho que no necesitáramos tanto dinero para reparar alcantarillado.
— ¿Cómo afrontar grandes actuaciones que ayuden a evitar que una situación similar se pueda volver a dar?
— Es un tema complejo. Cuando se diseña un barranco, una red de alcantarillado o una tubería se hace en función de un periodo de retorno. Se calcula cada cuánto tiempo se estima que puede producirse una lluvia de determinada intensidad. Recuerdo que cuando empecé como ingeniero siempre nos hacíamos la misma pregunta. «¿Cada cuánto estamos dispuestos a que se inunde una calle?» Antes hablábamos de periodos de veinticinco años.
Pero lo que según las curvas estadísticas debía ocurrir cada mil o dos mil años ya ha pasado. Y puede volver a pasar. Por eso, además de infraestructuras, necesitamos concienciación y protocolos claros de actuación. En otros países se suspenden clases, se restringe la movilidad y hay sanciones si no se cumplen las indicaciones. Aquí todavía
no tenemos completamente interiorizado qué significa una alerta, a quién afecta ni qué medidas preventivas debemos adoptar.

- La Marjal, el parque urbano inundable cerca de la Playa de San Juan. -
— Pero también se necesitan nuevas infraestructuras.
— En paralelo, es imprescindible acometer grandes actuaciones estructurales. Hemos ocupado durante décadas el espacio natural del agua y, cuando se producen episodios extremos, esta reclama su lugar. En muchas zonas urbanizadas la única alternativa es reducir el caudal que llega a puntos críticos.
Las soluciones no requieren inventos extraordinarios. Se pueden crear canales de alivio que desvíen parte del caudal hacia otras infraestructuras, como podría ser la conexión con el bypass del Túria, o habilitar zonas de expansión controlada, como parques inundables, donde el agua pueda desbordarse sin causar daños graves. Es evidente que hacen falta actuaciones urgentes. Hoy se habla de El Poyo, pero barrancos y zonas vulnerables existen a lo largo de todo el litoral español.
— ¿Se percibe consenso entre los diferentes planes de las administraciones?
— Quiero pensar que habrá consenso y que las responsabilidades de las actuaciones están muy claras. Como hay debate político, podemos malinterpretar que las soluciones que plantean son políticas, cuando siempre hay una base técnica y científica detrás. En algunos de los grandes proyectos que se están desarrollando tanto a nivel regional como estatal, se ha consultado a empresas como la nuestra y a universidades, donde reside el conocimiento. Los planes tienen mucho más en común de lo que parece.
— ¿Cuál es la clave para que la gobernanza público-privada funcione?
— La confianza. Cuando el ayuntamiento tiene una reunión respectiva al agua y quienes acuden son nuestros técnicos como parte del ayuntamiento significa que la colaboración público-privada ha funcionado a la perfección. Aunque siempre hay cosas a mejorar. Tenemos hoy en día mecanismos que hacen que determinadas decisiones técnicas tengan que aprobarse en un pleno. Esto convierte el tema en político. Y, al final, se trata de hacer lo mejor para el municipio. Estamos todos en el mismo barco.

- Daniel García-Sala
— ¿Cómo de interesados están los fondos de capital riesgo en el sector?
— Con esta ecuación de escasez hídrica, los fondos están muy interesados en entrar en el sector del agua, y es un tema que nos supone un gran problema. Muchas personas piensan que, como existe escasez hídrica, el recurso es un valor al alza. Pero nosotros no vendemos agua, gestionamos un recurso. El agua no tiene dueño. Lo que se paga es su gestión, garantizar que llegue en condiciones adecuadas, que se depure y que el sistema funcione. El problema aparece cuando, en un mercado en crecimiento y con contratos que suelen llevar asociadas inversiones en infraestructuras, algunos operadores lo ven como una oportunidad puramente financiera. No es lo mismo trabajar con una mentalidad de servicio que entrar con el objetivo de adquirir una compañía, inflarla y venderla después.
— ¿Cómo se puede reflejar ese problema en la gestión?
— En la lógica del mercado. Los fondos de inversión compran empresas como vehículo financiero y su rentabilidad depende en gran medida del precio
al que puedan venderlas en el futuro. Cuando las compañías se compran y se venden en ciclos cortos, el mercado se desvirtúa. En algunos concursos todavía se prioriza lo económico. En esos casos, los fondos tienen ventaja porque pueden asumir estrategias más agresivas para ganar volumen y facturación. Nosotros estamos para gestionar el servicio, y eso implica no salirnos de parámetros razonables de mercado.
Gestionar el agua cuesta prácticamente lo mismo para todos, más allá de las mejoras tecnológicas o de digitalización que se incorporen. Cuando la competencia se basa en la revalorización futura de la empresa y no en la calidad del servicio, el problema es que el mercado deja de ser equilibrado. La cuestión es cuánto tiempo puede sostenerse en pérdidas e inflando la facturación.

- Panorámica de La Marjal.
— ¿Qué concienciación hay sobre el uso del agua?
— La ciudadanía tiene un alto nivel de concienciación sobre el uso responsable del agua. Si no fuera así, en verano habríamos sufrido cortes de suministro en muchos municipios turísticos y no ha sido el caso. Es cierto que toda la tecnología y las mejoras en la gestión requieren inversión, y ese coste, en última instancia, lo asume el ciudadano a través de la tarifa. Hay zonas donde esta realidad está plenamente interiorizada y otras donde sigue siendo un tema más sensible. Pero allí donde existe concienciación, no suele haber problema.
Nosotros nunca hemos percibido que el ciudadano considere injustificado un ajuste en el precio del agua cuando entiende que es necesario para mantener la calidad del servicio. Al contrario, cuando el servicio funciona y se explica bien, la respuesta suele ser positiva. El ruido aparece más cuando el debate se traslada al terreno político y se simplifica en términos de porcentajes de subida, sin explicar el contexto ni las inversiones que hay detrás.
— ¿Qué supone estar ubicados en la Marina de València con este hub de innovación?
— Hace tiempo decidimos crear hubs de innovación en distintos puntos de España. El primero fue en Benidorm, y en su momento sorprendió la elección. Pero entendemos que estos espacios deben situarse donde más se necesita innovar. Benidorm, por ejemplo, aprendió a gestionar el agua de forma ejemplar tras la dura sequía que sufrió hace treinta o cuarenta años. Esa experiencia fue el punto de partida.
El hub de la Marina de València responde a una lógica similar. Estamos en pleno Mediterráneo, una de las zonas más afectadas por la crisis climática, pero también un entorno empresarial y tecnológico muy dinámico. Nos interesa estar rodeados de empresas, startups, institutos tecnológicos y universidades con las que colaborar y compartir conocimiento.

* Este artículo se publicó originalmente en el número 134 (marzo 2026) de la revista Plaza