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Cuando no había streaming

'Las calles de San Francisco', compañeros y, sin embargo, amigos

Una música trepidante cargada de efectos de guitarra daba inicio a una serie que otorgó entidad televisiva a la ciudad de San Francisco. Los detectives Stone y Keller fomentaron una nueva forma de compañerismo que arrasó entre los espectadores. Además, siempre pillaban a los asesinos

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Las parejas de detectives estaban de moda en la televisión de los setenta. Era la fórmula que triunfaba: dos polis muy distintos entre sí forman un tándem infalible a la hora de resolver crímenes. Podían ser un matrimonio (Rock Hudson y Susan Saint James en McMillan y esposa) o dos tipos de aspecto desenfadado que a veces se comportaban como dos adolescentes enfurruñados (Starsky & Hutch). Las calles de San Francisco (The Streets Of San Francisco) fue una de las primeras series que apostó por los dúos con placa. Se trató de una apuesta de la cadena ABC que recayó sobre el productor Quinn Martin, experto en cosechar éxitos televisivos como El fugitivo, Los invasores, Dan August o Cannon. Estas dos últimas eran policíacas, pero con un único detective protagonista. Con la llegada de los detectives Stone y Keller las reglas del juego cambiaron. Una pareja compuesta por dos miembros muy distintos entre sí y, sin embargo, increíblemente complementarios. El detective Michael Stone (Karl Malden) es un veterano del cuerpo de policía de San Francisco. Podría retirarse en breve, pero el hecho de haber enviudado le hace aferrarse a su trabajo. En esas circunstancias, le cae como compañero un joven recién salido de la academia, Steve Keller.

Inicialmente, Las calles de San Francisco la pusieron a competir en la programación nocturna de los sábados con series de éxito como La chica de la tele y Misión Imposible. Salió airosa de la prueba y, durante los tres primeros años de emisión, obtuvo buenos resultados de audiencia. Las historias formaban parte de un esquema habitual que se repitió hasta la saciedad: se comete un crimen, llegan los agentes, investigan el crimen, sospechan de unos más que de otros y resuelven el crimen. La diferencia residía en la química que había entre Malden y Douglas. La camaradería que reflejaban en la ficción existía también fuera de los rodajes. Lo que en otro caso pudo haberse convertido en una insoportable lucha de egos, en este caso alimentó una simpatía que contagió al público.

San Francisco hecha escenario

Otro elemento que marcó una diferencia con otras series de este estilo fue el escenario. San Francisco y sus calles se convirtieron en el decorado de la serie. Eso le confirió un realismo que no era habitual en esta clase de productos. Hasta entonces, Los Ángeles y Nueva York habían sido el decorado de otras ficciones televisivas. En la producción de Quinn Martin, San Francisco se dejaba ver en cada una de las tomas realizadas en exteriores. Los tranvías. El barrio chino. El Golden Gate... y las empinadas calles. Cuestas que favorecían la espectacularidad de las persecuciones en coche. Porque si la serie podía ser vista como una colección de postales de la ciudad, el parque móvil que se utilizaba en las historias podía pasar perfectamente por un catálogo de la Ford. Esta marca proveía de vehículos a la producción. Modelos nuevos, que aparecían en cada episodio, que formaban parte de la escudería de la policía de la ciudad y que cobraban protagonismo en el Ford Galaxie 1971 que conducían Stone y Keller.

Volviendo al tándem Malden-Douglas, hay que explicar los motivos de aquella buena relación. Treinta años atrás, Malden había entablado buena amistad con Kirk Douglas, padre de Michael. Esa amistad perduró a lo largo del tiempo. Así que, cuando en una de las pruebas de reparto, Malden vio entrar a Michael, enseguida reconoció al hijo de su amigo. De inmediato, el actor habló con Quinn para que lo contratara. Otras opciones para el papel de Keller eran las de dos jóvenes y desconocidos actores, Don Johnson y Tom Selleck. Ambos acabarían apareciendo como intérpretes invitados y terminarían triunfando, protagonizando sus propias series detectivescas. En 1976, Douglas dejó la serie para desarrollar su carrera cinematográfica. Había ganado un Oscar como productor de Alguien voló sobre el nido del cuco y también quería actuar en cine. En su lugar entró Dan Hatch, que encarnó al detective Dan Robbins. Los guionistas justificaron la ausencia de Keller mandándolo a dar clases a la universidad.

Pero Robbins no convenció al público y la serie empezó a perder seguidores. Eso, unido a la petición de una subida de sueldo de Malden (se quejaba de que la gente lo confundía con un policía real), empezó a poner en peligro a la serie. El golpe de gracia llegó cuando la pasaron a la programación de los jueves. El último capítulo se emitió el 9 de junio de 1977. Su final tuvo lugar casi dos meses antes de otro sonado final, el de Elvis Presley, que falleció el 16 de agosto de aquel año. ¿Cuál es la conexión de Elvis y la serie? Parece ser que el rey del rock se negó a ver Las calles de San Francisco porque Stone era el apellido del tipo que se había liado con Priscilla.

Invitados con futuro

Por la serie desfilaron un buen número de artistas invitados. El más recordado fue Arnold Schwarzenegger, que interpretó a un culturista psicópata que asesina a una de sus compañeras de gimnasio por decirle que parecía un simio. También pasaron por allí Larry Hagman (futuro JR), Bill Bixby (El increíble Hulk) o Mark Hammill (La guerra de las galaxias).

La serie en datos

Duración: Cinco temporadas emitidas entre septiembre de 1972 y junio de 1977. En España se estrenó en La 1 de TVE.

Premios: Estuvo dieciséis veces nominada a los Emmy, pero nunca ganó.

La sintonía: The Streets Of San Francisco, de Patrick Williams.

¿Cómo verla?: En DVD y en YouTube.

* Este artículo se publicó originalmente en el número 132 (diciembre 2025) de la revista Plaza

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