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Anotaciones al margen

Turismo de multitudes

Mientras ejercemos de turistas, demasiadas veces recordamos la sensación de estar apretujados en medio de una mascletà en la plaza del Ayuntamiento o la de no poder avanzar, como cuando rodeas una falla de la sección Especial

Publicado: 16/03/2026 ·06:00
Actualizado: 16/03/2026 · 06:00
  • Turistas en Egipto

Antes de la pandemia, o quizá bastantes años más atrás, viajar era mucho mejor, o así lo recordamos al vernos ahora rodeados de especímenes vestidos de forma similar a nosotros en ese lugar al que llegamos esperando escapar de la rutina o descubrir alguna maravilla cultural o natural. Pasa en cualquier sitio, haga frío o calor, en ciudades europeas o en exóticos parajes orientales. Largas colas para entrar en los museos, en todos, no como cuando solo había que esperar en los del Vaticano. Largas colas para tomarse un café con leche, perdón, un capucchino o un latte. Todo son cafés de especialidad, aunque muchos ni se molestan ya en dibujarte la flor o el corazón en la crema, a pesar de cobrarte el doble de lo normal.

La última gran timada a cuenta de un café con leche la sufrí en el marco incomparable de las pirámides de Giza, donde era de esperar un alto precio. Volver a Egipto, veinticinco años después, me ha permitido comprobar el incremento salvaje del turismo internacional y disfrutar de las nuevas infraestructuras como la explanada a la entrada de las tumbas de Keops, Kefrén y Micerino, con el local donde tomamos el café con leche no muy bueno por unos ocho euros, las taquillas remodeladas cobrando entradas de todo tipo a 45 tarjetas por segundo, los baños perfectamente acondicionados al módico precio de 0,50 euros por incursión o los cochecillos eléctricos que evitan andar trescientos metros para acercarte al valle de los Reyes o al templo de Hatshepsut. Cierto que imagino que en agosto a cincuenta grados se agradece el paseo a cubierto, aunque sea breve.

Otras peculiaridades del destino no han cambiado. Siguen celebrándose las fiestas de chilabas y la danza del vientre en los barcos que surcan el Nilo y los guías persisten en llevar a los grupos a los supuestos talleres artesanales de granito y alabastro, de fabricación de papiros o de perfumes y esencias.

La novedad es el Gran Museo Egipcio (GEM), inaugurado oficialmente en noviembre de 2025 y que presume de ser el museo arqueológico más grande del mundo dedicado a una sola civilización, con más de cien mil objetos, incluidos los encontrados en la tumba de Tutankamón, pero sin momias, a las que llevaron en un espectacular desfile retransmitido al mundo entero en 2021 al también nuevo Museo Nacional de la Civilización Egipcia. Este no entra en los itinerarios de los apretados circuitos y no te quedas con ganas de ir después de superar la agotadora visita del enorme GEM. Más de media hora de cola para entrar y empujones para subir por unas escaleras mecánicas cargadas, como en las rebajas de antaño de los centros comerciales, para evitar unas hermosas escaleras con esculturas, que daban miedo porque no cabía un alma más. Ni que decir tiene que contemplar los tesoros de Tutankamón era desesperante entre grupos con guías gritando en diversos idiomas y gente haciéndose selfies horribles porque apenas hay luz.

Otra experiencia nueva fue ser testigo de cómo un chico español se hacía un calvo para su foto en las pirámides y acababa deportado.

Visitaron el país de los faraones diecinueve millones de turistas extranjeros el año pasado, pocos si los comparamos con los 97 millones que viajaron a España. Pero aquí se reparten por todo el territorio, allí vamos todos a menos de una decena de monumentos, entre templos, tumbas y museos. Y dirán: pues no haber ido. Cierto. Quizá no vale la pena volver a esos lugares maravillosos que tuvimos la suerte de conocer cuando no existían los vuelos low cost ni las redes sociales. Solo queda respirar hondo, intentar sonreír y tener paciencia cuando eliges viajar al mismo sitio que otros miles de personas porque tú también formas parte de esa multitud fastidiosa con gorra y mochila.

 

* Este artículo se publicó originalmente en el número 134 (marzo 2026) de la revista Plaza

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