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TRIBUNA LIBRE / OPINIÓN

Si Theresa May hubiera sabido impostar su voz no habría sufrido una afonía

Foto: EFE
19/03/2019 - 

Estos días se ha producido un intenso debate en el Parlamento Británico, uno más, en torno al brexit o salida del Reino Unido de la Unión Europea, en el que la primer ministro, Theresa May, salió derrotada.

Tras el debate, una crónica de prensa decía: “Afónica, incapaz de emitir poco más que un pequeño hilo de voz, May compareció ante el Parlamento por última vez, antes de la votación, para pedir el apoyo a su plan y advertir a los indecisos de las consecuencias de un rechazo”.

Al leer esta crónica, no pude evitar sentir pena por la señora May y pensar en los muchísimos candidatos a las próximas elecciones en España: municipales, autonómicas, nacionales y europeas. Miles de políticos, desde el candidato a un puesto de alcalde o concejal en un pequeño ayuntamiento de cualquier rincón de España, hasta el candidato a presidir el gobierno de nuestra nación, pasando por los candidatos a un puesto de parlamentario europeo o a uno de parlamentario en cualquier parlamento autonómico. Miles de ellos van a tratar de convencernos para que les demos nuestro voto a su candidatura. Pero, ¿saben hacerlo?

Candidatos que no saben comunicar

La inmensa mayoría de ellos no saben cómo comunicar con eficacia sus ideas a sus potenciales votantes, a sus conciudadanos. No saben cómo tratar de persuadirles de que sus proyectos de gobierno o de legislación eficaz son los mejores y los que más les conviene apoyar. Y no saben porque nadie les ha enseñado nunca a hacerlo y porque en sus partidos respectivos no se preocupan por remediar esta carencia, sin darse cuenta de que muchos de los votos dependen de que ese candidato, pequeño o grande, sepa convencer con sus palabras de que su opción es la que mejor se ocupará de solucionar los problemas que preocupan a esos votantes.

Este es uno de los grandes errores de los partidos políticos españoles, que permanecen ciegos ante una realidad tan evidente como esta: un candidato que no sea capaz de comunicar con eficacia al hablar en público, no sólo no obtendrá votos sino que hará que muchos votantes rechacen esa candidatura por la escasa o nula confianza que transmite ese candidato.

El candidato debe saber utilizar su voz, sin afonías

Pero, además, el candidato no sólo debe saber hablar en público con capacidad de persuasión, sino que debe saber utilizar su voz para que no le ocurra lo que estos días le ha ocurrido a la primer ministro británica, Theresa May.

El político, lo mismo que el profesor o el conferenciante, debe ser capaz de hablar durante horas, e incluso levantando en ocasiones la voz, sin que sus cuerdas vocales sufran irritaciones, afonías y bloqueos. Y esto se consigue aprendiendo a impostar la voz.

Para impostar la voz hay que impulsar el aire desde los pulmones, comprimidos desde su parte inferior por el diafragma. Ese chorro de aire pasa por las cuerdas vocales que se contraen con naturalidad, sin forzarlas, emitiendo el sonido con decisión y proyectando la voz para que adquiera una elegante y amplia sonoridad, que se produce en los resonadores de la voz humana: las fosas nasales, la boca y la faringe.

Si toda la potencia de la voz, cuando se grita, se concentra en hacer vibrar las cuerdas vocales con mayor fuerza, sin proyectar esa voz hacia sus “altavoces naturales”, los resonadores, es cuando se consiguen todos los números para el sorteo de una tremenda afonía, con la que el orador, en este caso el político, el profesor o el conferenciante, se queda sin su principal elemento de comunicación: su voz. Y, como me gusta repetir siempre a mis alumnos, una voz impostada no es una voz afectada y estúpida, sino que es una voz hermosa, agradable, con una sonoridad armónica y elegante; pero, siempre, natural.

Si Theresa May hubiera aprendido todo esto y lo hubiera practicado no habría visto menguada su capacidad de comunicación en el trascendental debate sobre el brexit.

Paco Grau es periodista y profesor de Oratoria 

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