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EL CABECICUBO DE DOCUS, SERIES Y TV   

Soy Georgina... (de la Hora Chanante)

Lo mismo que cuando se hace el ejercicio mental de "no pienses en un elefante" resulta francamente complicado ver el docu-reality de Georgina, la pareja del futbolista Cristiano Ronaldo, y no pensar en La hora chanante. Todo parece guionizado por Joaquín Reyes y Julián López. A veces hay que sacudir la cabeza. Del contenido, sin embargo, no hay mucho que contar. Lo más sesudo es cuando explica que se le da bien ponerse un chándal para estar cómoda y dice: "soy muy eficaz en eso"

19/02/2022 - 

VALÈNCIA. El pasado 2 de febrero de 2022 se han cumplido 20 años del estreno de La hora chanante. A mí este programa me hundió la vida, desde entonces, no dejo de ver La hora chanante por todas partes. No hay dios que consiga caracterizar en el cine a una persona entrada en años sin que yo piense en las puestas en escena de Joaquín Reyes IIErnesto SevillaRaúl CimasCarlos Areces y Julián López. Ni siquiera es por los maquillajes, a veces es solo el espíritu, el zeitgeist. Ahora está todo el mundo deleitándose viendo con el meñique levantado las obras de Paolo Sorrentino. A mí, todo, absolutamente todo en sus películas me recuerda a La hora chanante, desde los diálogos hasta esa cadencia hierática que es exactamente la misma de los "Testimonios" del programa que emitió Paramount Comedy.

Dicho lo cual, no fue ninguna sorpresa que me pusiera entusiasmado el programa docu-reality Soy Georgina de Netflix y a los tres minutos estuviera tirándome del pelo pensando que otra vez estaba sufriendo el síndrome de La hora chanante. Todo me recuerda a La hora chanante, cuanto más en serio mire a cámara la protagonista, peor. Su caso ha sido palmario. Se supone que un espacio de estas características corre el riesgo de que, en algunos momentos, parezca una comedia involuntaria. Aquí ha sido al revés, todo parecía comedia y, en algunos destellos, un documental experimental de autor nórdico.

Sobre el contenido, a estas alturas el pueblo soberano ya ha dictado sentencia y lo que abundan son las críticas y el desdén hacia la protagonista, pareja de Cristiano Ronaldo, por el hecho de ser obscenamente rica y pretender mostrar sencillez infructuosamente. No esperen encontrar aquí algún tipo de crítica a que esta mujer tenga una cuenta corriente como el PIB de La Rioja y que le venga todo el dinero por los esfuerzos de su maromo. Aquí la buena vida se envidia, no se critica.

Porque la problemática es precisamente la contraria. Georgina es una chica sencilla. Hay muchos detalles en los que, obviamente, la luz cegadora de la pasta no deja ver nada, pero eso son cebos para el profano. Aunque llame la atención que para irse de vacaciones se ponga en contacto con su secretaria y le diga las características que ha de reunir el casoplón al que van a ir, aunque celebre el cumpleaños de un hijo cerrando un parque de atracciones y un largo etcétera, lo que la protagonista no consigue ocultar ni haciendo fuerzas es que es una persona normal. Es una paradoja curiosa. Todo esto es para que veamos lo normal que es y, efectivamente, consiguen que lo veamos pero no con los detalles que ellos quieren.

Le falta mucho kimkardashianismo. Por ejemplo, va a comprar a Roberto Cavalli y no le entran los vestidos. Ahí la gente con pasta tiene dos opciones. Si vas a ir a probarte la ropa a la tienda, pues al menos lleva ya ocho años consumiendo heroína para que te entre todo. En caso contrario, no hay que probarse la ropa, se la tienen que hacer a una a medida, vaqueros incluidos. Lo gracioso es que Georgina, cuando va a pagar, se encuentra con que no quieren cobrarla. La marca gana si ella lleva esos modelos, pero en lugar de escupirles en la cara, lo que hace es decir "si lo hubiese sabido no me llevaría tantas cosas". Por favor ¿qué clase de frase de pobre es esa?

Hay muchos más gestos destinados a que veamos lo sencilla que es. Uno podría ser su pasión por los embutidos, no deja de comerlos siempre que tiene ocasión y entra en una tienda a comprar treinta kilos. La gota de Georgina podría ser el primer spin-of de este docu-reality en pocos años y tener como fin social concienciar sobre los perniciosos efectos del ácido úrico. También entra en una tienda de golosinas y mete chuches en la bolsa hasta sumar nada menos que 95 euros. Del estreñimiento no hablaron, pero en fin, no es caviar en lo que se gasta la pasta, sino en cosas normales. Es muy sencilla.

También quieren que digamos ¡oh, qué humilde es! cuando vende de segunda mano lo que le sobra tras sus reformas y mudanzas. No derrocha. No deja la mesa casi nueva en el container el miércoles de recollida. Mira tanto el dinero que viviendo una vida de riqueza abominable, sigue echando la Primitiva y el Euromillón, como tantos miles de pagadores voluntarios de pequeños impuestos. El problema del guión es que con estos detalles en lugar de parecer normal, lo que refleja es que no sabe aún lo que es ser millonaria. Se nota cierta confusión mental. Si hasta en ocasiones sale fregando platos ¿Qué persona normal friega platos si tiene empleados para que lo hagan en su lugar?

Como todo sabemos, cuando hay que pagar la cuenta tras unas consumiciones en un bar, la verdadera personalidad de la gente se puede apreciar mejor en los pequeños detalles que en sus camisetas del Che Guevara. Aquí ocurre igual. La verdadera Georgina sale cuando no está vendiendo motos de ser una persona corriente y se adentra en la zona nebulosa y de penumbras que conduce a que ella misma se pregunte cuando vea la serie en su casa ¿por qué coño estoy haciendo esto? Es lo que ocurre cuando le explica a uno que para hacer cosas en las que necesite estar cómoda, se pone un chándal. Razonamiento que remata con la sentencia muy seria: "Soy muy eficaz en eso".

Otra frase memorable, por si no fuesen evidentes las intenciones de todo este tinglado, es cuando dice: "Cristiano es un hombre maravilloso, es supernormal, más normal que la gente normal". Aquí podríamos hacer un aparte. Tienen cuatro hijos, ella con 28 años, y parece que esperan gemelos. Será madre de seis. Esto sí que es normal, podríamos pensar, a tenor de las vírgenes que tiene colgadas Cristiano por las paredes de su casa. Sin embargo, aquí viene lo anormal, no están casados. Mucha Virgen, pero viven en pecado. Si su intención es promover la apostasía, muy fino y sutil. Nada mundano. Entretanto, mientras salimos de dudas esperando una nueva entrega de esta vida apasionante -parece que está negociando otra temporada- dejaremos una de sus frases para la eternidad; la frase más chanante de todas, cuando suelta, con cierta pausa dramática: "A veces digo, jolín, qué feliz soy".

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