VALÈNCIA (EP). La Sala L'Horta pone en escena este sábado, 25 de abril, 'Original Greek', la nueva comedia dramática creada e interpretada por Marina Alegre y Toni Agustí que plantea el "dilema ético" de hacer turismo en un mundo gentrificado.
Viajan a Atenas. Tienen pensado hacer las cosas bien: nada de foto en la Acrópolis, nada de restaurantes para turistas. Quieren encontrar lo local, lo auténtico. Han calculado su huella de carbono porque son conscientes de que su presencia contribuye inevitablemente a la gentrificación. Han aprendido a decir kalimera, kalispera y parakalo y se han informado de que en Atenas para cruzar una calle hay que lanzarse al otro lado sin pensar en las consecuencias.
Parece que lo tienen todo controlado, pero durante el viaje aparecen una serie de conflictos relacionados con la culpa y las diferencias generacionales. Él es mayor que ella y sus diferentes perspectivas vitales se convierten en un espejo de las tensiones entre autenticidad e impostura, entre vanguardia y antigüedad, que encuentran en su visita al país heleno.
Este es la sinopsis de la obra, enmarcada en el ciclo de teatro para público joven y adulto de la sala de Castellar-Oliveral, y que pone sobre el tapete un debate sumamente contemporáneo: las contradicciones intrínsecas y el dilema ético que surge en torno a la experiencia del turismo en un mundo cada vez más gentrificado.
En esta obra, Atenas no solo es un escenario. Es una ciudad donde el presente y el pasado conviven de forma palpable, donde la autenticidad y la pose turística se confunden. Lo mismo que le ocurre a los protagonistas, que encarnan a una pareja moderna, blanca, de clase media y heterosexual; con buenas intenciones y contradicciones a raudales.
"El proyecto surge de un viaje real que hicimos Marina y yo a Atenas -comenta el actor y director teatral Toni Agustí-. El lugar era perfecto para plantear, más que una discusión de pareja o sobre un tema concreto, una especie de diálogo infinito, como el que mantenían los filósofos de la Antigua Grecia. La acción se desarrolla además en uno de los lugares más turistificados de Europa; una ciudad que cada vez se parece más a las demás".
Los diálogos entre ellos confieren un carácter singular a este proyecto teatral, ya que los textos se encargaron a dos dramaturgos distintos: Eva Mir escribe las palabras del personaje femenino, y Juli Disla las del masculino.
"Es un experimento que nos apetecía hacer y para el que hemos contado con autores muy afines a nosotros a nivel profesional y personal y además tienen un estilo muy diferente que ha cuajado muy bien. Juli es más objetivo y periodístico, más prosaico y contundente, y Eva escribe de forma más poética y etérea. Entre los dos han creado un híbrido muy interesante", explica Agustí en un comunicado.
Fusión de clásicos infantiles
Por otro lado, el domingo, 26 de abril, la Sala L'Horta cambia completamente de registro para recibir al público de primera infancia. La compañía especializada en marionetas Teatro de la Estrella presenta Caputxeta i altres llops, su adaptación de Caperucita Roja de Charles Perrault que, en esta versión, se cruza con otro clásico universal: Pedro y el lobo.
El hilo conductor del espectáculo son los payasos Coscorrito y Cuchufleta, que narran una historia que se desarrolla en un pequeño pueblo de montaña donde nieva en invierno y, cuando llega el lobo, a todos hace temblar. Ese lobo es el punto de unión entre los dos cuentos: el mismo animal que acecha a Caperucita en el bosque es también el que Pedro anuncia falsamente una y otra vez, hasta que cuando llega de verdad nadie le cree.
La obra, orientada a niños y niñas de entre 2 y 6 años, propone una defensa de la colectividad frente al individualismo --la vida en el pueblo pequeño donde todos se conocen como contrapeso a la soledad de la ciudad-- y el valor de la sinceridad frente a la mentira. Además, introduce una idea poco habitual en este tipo de espectáculos: la de que el amor no tiene edad. La abuelita y Don Vitorino, dos personas mayores que se quieren mucho, son los protagonistas de una subtrama que amplía el universo de las narraciones originales.
El espectáculo termina con una fiesta de pueblo en la que se mezclan todos: grandes y pequeños, hombres y mujeres, ricos y pobres. Y con una reflexión, en forma de canción final, sobre la figura del lobo: "Al paso que vamos, pocos quedaremos, por eso os decimos que seáis seres humanos y no salvajes. Que sólo las bestias tenemos derecho a ser bestias".