Teatro y danza

CONVERSACIONES CULTURPLAZA

María Muñoz y Mónica Valenciano, baile por y desde la libertad

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VALÈNCIA. El pasado, presente y futuro de la danza se reúne este fin de semana en el claustro de La Nau, en València, para conmemorar los 50 años de España en libertad a través del movimiento y el arte y con una iniciativa impulsada por el Gobierno de España a través del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática. 

Para ello, el espacio independiente El Consulado y La Nau celebran este sábado 28 el ciclo Plazas y Performances bajo el título La mirada al frente y las raíces en el suelo, una jornada dedicada a reflexionar sobre la irrupción de la danza contemporánea en España en los años ochenta y noventa y su proyección en el presente a través de dos bailarinas y coreógrafas clave para la historia de España: Mónica Valenciano (Las Palmas de Gran Canaria, 1961) y María Muñoz (València, 1963).

 

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Aunque se conocieron en los años ochenta, cuando empezaron a ejercer la danza de manera comunitaria y profesional, este encuentro es realmente especial para ellas. Tras haber ejercido en París su carrera profesional y haber estado separadas en los escenarios, ahora se encuentran en València, ciudad natal de Muñoz, para presentar por primera vez su pieza Que si puo dire, que si puo fare, en la que se ceden al movimiento y la improvisación para comunicar su pasión por bailar con el público valenciano en el claustro de La Nau, a las 19:15 horas, cuando aún el sol las colma de luz. 

 

Antes de ensayar para su pieza, las bailarinas y coreógrafas conversan con Culturplaza sobre el pasado, presente y futuro del baile en un universo que les pide demasiadas explicaciones cuando para ellas el movimiento “se escapa a las palabras y es un sentimiento”. Lo hacen en una conversación en la que reflexionan sobre cómo ha cambiado el baile entre los años ochenta y el presente, la falta de interlocutores que tiene este arte y la necesidad de más espacios creativos en los que equivocarse, asesorarse y reflexionar sobre junto a otros artistas. 

 

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-En este acto sobre memoria y libertad presentáis vuestra pieza Que si puo dire, que si puo fare, que se apoya mucho en la improvisación, ¿cómo se puede proponer un diálogo entre memoria, cuerpo y presente a través del cuerpo y sin hacer uso de las palabras?

 

-María Muñoz: Creo que la danza emplea el movimiento para abrir una puerta a la curiosidad y asomarse para saber qué pasa dentro y qué pasa fuera en el mundo. A través de la danza y la improvisación, nos hemos ido haciendo a las miradas externas que llegan desde fuera y nos hemos ido encontrando con otras personas que también tenían ese deseo de conectar. Entre nosotras siempre hemos encontrado en el movimiento un lenguaje desde el que comunicarnos sobre el escenario.

 

-¿Cómo dialogaba la danza con la política en los años ochenta y cómo lo hace ahora?

 

-Mónica Valenciano: Cuando hablamos de la danza como lenguaje nos interesamos más en la investigación que en el resultado. En el pasado, el movimiento clave estaba en el momento en el que todo empezaba a andar, y en cualquier caso la danza siempre es política. Lo importante para que se desarrolle nuestra actividad es que exista un espacio de escucha en el que se pueda seguir desarrollando el lenguaje. 

 

-María Muñoz: Para que exista este espacio, tiene que haber un impulso común hacia la escucha. La escucha de un cuerpo en movimiento no solo depende de las bailarinas, depende de quienes les rodean y forman parte de este espacio; se genera una resonancia única en la que funciona y llega el mensaje de nuestro arte. Aunque la política cambia constantemente y cambia el lenguaje hacia un lugar que nosotras no elegimos.

 

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-¿Qué significa para vosotras la danza como lenguaje?

 

-María Muñoz: Estas últimas semanas hemos estado reflexionando mucho sobre ello, sobre el significado del lenguaje y el movimiento. Nos apoyamos en el que la danza apela a la acción más que al significado, y a que el público es inteligente y sabe conectar con el sonido y el movimiento. Además, es un lenguaje que libera la voz del cuerpo y, a su vez, evita repetir ecos del pasado.

 

-Mónica Valenciano: La danza no apela al significado, pero sí a la percepción. Esta disciplina si es, no significa. Hay que sentirla. 

 

-Ambas trabajáis en París, aunque habéis aprendido a bailar en España. ¿A qué se debe? ¿Cómo afecta la fuga de cerebros al baile?

 

-María Muñoz: Ahora mismo nuestra estructura se mantiene gracias a nuestras actuaciones en el extranjero, y esto no ha cambiado. Nosotras hemos tenido residencias en Bélgica, Holanda y Estados Unidos y desde fuera siempre han tenido mucho interés por lo que supone la creación joven en España, y eso nos abrió muchos horizontes. Es innegable que a día de hoy sigue habiendo fuga de cerebros hacia otros países, en busca de trabajo.

 

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-En el presente existen festivales, pioneros como Dansa València -que lleva en marcha desde 1988-, y premios que engloban el arte de la danza dentro de un mismo espacio o una ciudad, dotándola de un reconocimiento que tal vez no estaba tan celebrado antes, ¿os beneficia como creadoras?

 

-María Muñoz: No hay tantos festivales que se dediquen solo a la danza, el caso de Dansa València es algo especial dentro de nuestro panorama. Los festivales han tenido diferentes épocas, algunas más interesantes y otras menos, dependiendo del criterio de quien estuviera programando en cada momento. Lo que sí que han constituido es una cita anual donde nos podemos encontrar con nuestros colegas de profesión y con los programadores, aunque generalmente nosotras solemos estar más en los teatros o en salas que sentimos como “casa”. 

 

-¿Créeis que los festivales y los premios ayudan a que el espectador se acerque a la danza de otra manera?

 

-Mónica Valenciano: Los festivales y los premios a veces la categorizan para presentarla al público. A la danza le plantean preguntas que no se le hacen a otras artes como las plásticas o la música, en el baile es el público el que tiene que encontrar el significado en sí mismo. 

 

-María Muñoz: La danza para mí es una pantalla en blanco, un espacio en el que crear y en el que cada uno puede ver y proyectar su propia película mientras conecta con sus recuerdos y su imaginario. Comprendo que los festivales intentan dividirla en categorías para que se puedan explicar a la prensa y a los críticos y para darles más peso a las piezas.

 

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-¿Perjudica esta sobreexplicación al mundo de la danza?

 

-María Muñoz: Es extraño porque antes no era así, esto empezó a pasar en los años 2000 y a mí me chocó muchísimo. Es como que se empezó a aplicar la labor de dramaturgia dentro de la danza. Se empezaba a tejer el espectáculo con su historia.

 

-Mónica Valenciano: La dramaturgia de alguna manera hace que se asocie el cuerpo vivo y el espectáculo con unas ideas visibles para el espectador, para que comprenda las capas, pero a su vez se hace para comunicar el trabajo y contextualizarlo a través de medios. La realidad de este trabajo es que se hace para vender una pieza y meterla en circuitos, pero no para el bailarín.

 

-¿Cuál diríais que es el punto débil de esta disciplina ahora mismo?

 

-María Muñoz: No tener espacios de investigación. Nadie contempla los espacios en los que aprendemos sobre nuestros procesos y avanzamos. La danza supone crear un lenguaje y para eso se necesita tiempo y espacio, no basta solo con dar residencias. Además, los bailarines se ven obligados a pasarse el día haciendo aplicaciones a estos programas y dedican más tiempo a la burocracia que a aprender.

 

-Mónica Valenciano: Esto enlaza con otra idea, la de que nos faltan interlocutores. En nuestra época había determinados perfiles culturales con los que podrías tener una conversación sobre tus creaciones. Nos preguntaban qué pretendíamos y qué teníamos en mente con cada movimiento. Ahora esa figura ya no existe, falta un interlocutor que dé su mirada externa en este proceso.

 

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