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ciencia

Ucrania: El marketing del miedo

En las recientes elecciones en Ucrania, un actor que interpretaba a un hombre de la calle que llega a presidente se ha convertido en presidente de un país en guerra. La campaña electoral permite comprobar cómo funciona el fantasma del miedo, el nacionalismo o la lucha por las señas de identidad a la hora de ir a votar... y ver que es igual en todas partes

23/05/2019 - 

VALÈNCIA.-Domingo 21 de abril. El cómico Vladímir Zelenski, famoso por haber interpretado a un honrado profesor de historia que llega a presidente, agradece a los ucranianos su apoyo: el 73,22% de sus compatriotas ha decidido que sea él el máximo representante del país. Así, apenas uno de cada cuatro ucranianos ha respaldado a Piotr Poroshenko, un oligarca al que los ucranianos le dieron el poder en la primera ronda de las elecciones de 2015 para que asumiera los mandos de un país que había sido parte, allá por 2004, de la llamada Revolución Naranja. Ucrania ha sido en los últimos años un tiovivo político, un lugar en el que analizar cómo el nacionalismo o el miedo influye —o se usa para influir— en el estado de ánimo de un país con fines electorales.

Fabián Abdala es licenciado en filología románica y actualmente ejerce de traductor. De padre argentino y madre catalana, vivió durante muchos años en Barcelona, pero el amor se cruzó en su camino. «Llegué a Ucrania de modo azaroso. Todo empezó con la relación que empecé con la que ahora es mi mujer. Después me fui a Kiev a visitarla y me enamoré también de la ciudad; todo esto antes de comenzar el conflicto que desembocó en la revolución del Maidán [Plaza de la Independencia]». 

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Ucrania, por aquel entonces, acumulaba mucha tensión social. No obstante, sin entender el idioma era difícil darse cuenta. Abdala reconoce que «el primer año antes de la crisis, yo no sentía nada; apenas balbuceaba un poco de ucraniano. Veías que una persona se quejaba, pero bueno, algo no muy diferente a lo que puedes ver en España. Aunque, evidentemente, fuera de la burbuja donde yo vivía la cosa era muy diferente».

* Lea el artículo completo en el número de mayo de la revista Plaza

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