CANET D'EN BERENGUER. Canet d’en Berenguer se convirtió este martes, y por segundo año consecutivo, en la capital de las comunidades energéticas. Cerca de un centenar de expertos venidos de toda España debatieron sobre un sector que, en estos momentos, está a la espera de que el Gobierno presente una nueva regulación nacional que debería permitir el desarrollo de un ámbito que permita asumir los retos qu ese han planteado hasta la fecha Así, el auditorio de la localidad se convirtió en la sede del II Encuentro por la Energía Colectiva y Comunitaria, organizado por Sapiens Energia.
“Para nosotros”, señaló Pere Antoni, alcalde de Canet, durante la presentación, “volver a ser la sede de este encuentro, por segundo año consecutivo, es una ocasión más de mostrar nuestro compromiso en la lucha contra el cambio climático. En el caso de las comunidades energéticas es, desde luego, un tema que nos toca de cerca, ya que formamos parte de una y conocemos de primera mano las ventajas que implica. Por eso es un orgullo hacer todo lo que esté en nuestra mano para ayudar a que se difunda este modelo y contribuir a su crecimiento como alternativa al suministro tradicional de energía”.
Por su parte, Juan Sacri, director de Sapiens Energy, describió el momento que vive el sector, que tras un periodo inicial de lenta consolidación tiene como horizonte más inmediato la inminente publicación, por parte del Gobierno, de un nuevo marco regulatorio que debería sentar las bases de su futuro al tiempo que propiciar un nuevo impulso. “Pronto se va a hablar mucho de las comunidades energéticas, un modelo complementario que permite participar en el reto energético al que nos enfrentamos de una manera novedosa, como una forma de descentralizar la producción y el consumo de energía que implica ahorro económico y reducción de emisiones, y que nos permite ahondar en el sentimiento de comunidad”.
Las comunidades energéticas son entidades formadas por ciudadanos, entidades públicas y pymes que colaboran para producir, consumir, gestionar y almacenar energía —generalmente renovable— a nivel local. Su objetivo principal es generar beneficios ambientales, económicos y sociales en su entorno, a partir de un modelo sostenible, económicamente escalable y replicable. En la Comunitat Valenciana, el crecimiento de esta alternativa ha sido espectacular: de los siete proyectos con apoyo público de 2020 se ha pasado a cerca de 182 en 2024, según los últlimos datos disponibles.
Optimismo y realismo
A lo largo de la mañana se sucedieron las ponencias y las mesas redondas. Una de las más interesantes fue la protagonizada por Sara de la Serna, del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica. En su intervención introdujo el concepto de “prosumidor”, el consumidor proactivo que ha tomado conciencia de la necesidad de apostar por un nuevo modelo energético y que “debe recibir un acompañamiento por parte de las instituciones que contribuya a la profesionalización del sector, al crecimiento sostenible y a apostar por modelos que vayan más allá del autoconsumo”. Además, señaló que, aunque el crecimiento y la expansión de las comunidades energéticas se dan sobre todo en zonas rurales, “debemos explorar el potencial urbano de los cascos antiguos o determinados barrios, tanto para la agregación de la demanda como para el almacenamiento”.
También destacó por su interés la mesa redonda sobre desarrollo rural, que contó con la moderación de Mariam Rodríguez (Electra Energy) y las intervenciones de Pedro Fresco —director general de la Asociación Valenciana de Empresas Energéticas (Avaesen)—, la consultora Paula Sánchez de León y Santi Martínez, presidente de la empresa pública catalana L’Energètica. En el acto se pusieron sobre la mesa las dificultades regulatorias a las que se enfrenta actualmente el sector, pero también la esperanza de que la próxima norma permita simplificar los trámites, aumentar la seguridad jurídica y abrir la puerta a nuevos modelos de negocio.
Fresco, que acaba de publicar El arte de impulsar el cambio (Barlin Libros), defendió un enfoque “optimista” a la hora de enfrentarse a los retos del sector y, sobre todo, apostar “por la transparencia y la divulgación” para atraer a nuevos agentes y explorar nuevas alternativas para el consumo cooperativo, que podrían pasar por alianzas con grandes empresas. De León, por su parte, insistió en la necesidad de hacer un esfuerzo para dar a conocer esta realidad: “el sentido comunitario no existe, se construye”.