VALÈNCIA. Los comerciantes de Paiporta llevan meses tratando de recomponer sus negocios tras los daños provocados por la Dana del pasado 29 de octubre. La mayoría logró reabrir entre marzo y abril de este año, entre cinco y seis meses después de la catástrofe, en un proceso lento y costoso tanto a nivel económico como personal.
Desde la Asociación de Comerciantes de Paiporta (Acopa) subrayan las dificultades que aún persisten para recuperar lo perdido y lanzan ahora un mensaje de optimismo, animando a la ciudadanía a apoyar al comercio de proximidad como pieza clave para la recuperación del municipio. En este camino, los comerciantes ponen sobre la mesa un debate delicado: la continuidad, un año después, de algunos puntos de voluntariado. Insisten en que respetan y valoran la buena voluntad de quienes ayudan, y reconocen y agradencen la solidaridad, que fue imprescindible en los meses posteriores al 29-O.
Sin embargo, consideran que, en la situación actual, la falta de una mayor fiscalización ha provocado que parte de esa ayuda llegue a personas que ya no se encuentran en una situación de necesidad real. A su juicio, este uso indebido termina repercutiendo en el comercio local y dificulta la recuperación de unos negocios que, de por sí, ya arrastraban una pérdida de clientela en los últimos años.

- Local afectado por la Dana en Paiporta. -
- Foto: MARGA FERRER
"La gente cree que está haciendo un gran favor"
José Antonio Casans, presidente de la Asociación de Comerciantes de Paiporta y propietario de la papelería Tangram, explica que el efecto de las donaciones se ha notado especialmente en la venta de material escolar. “Los libros se venden más o menos igual porque son obligatorios, pero el material es otra cosa: se vendió apenas un tercio de lo que habíamos comprado”, señala. Una inversión que muchos comercios realizaron confiando en una vuelta progresiva a la normalidad y que, finalmente, no se tradujo en ventas.
Desde su punto de vista, el problema no es la intención de ayudar, que considera legítima, sino la falta de control. “La gente cree que está haciendo un gran favor, pero en realidad está perjudicando a los negocios locales”, afirma. Casans sostiene que, un año después de la Dana, la mayoría de vecinos ya tiene ingresos —ya sea por trabajo, pensión o ayudas— y que las redes de apoyo vecinal están siendo utilizadas por personas que no se encuentran en una situación real de necesidad. “Ves a gente llegar en coches que yo no tengo, coger cosas y marcharse”, lamenta.
El comerciante entiende la solidaridad, pero insiste en que mantener este sistema sin una fiscalización clara “no ayuda a nadie” y dificulta que el pequeño comercio pueda levantar cabeza. “Donar nunca es mala intención, pero si regalas lo mismo que yo vendo, acabas hundiendo al que intenta salir adelante”, resume.

- Toni en su papelería de Paiporta. -
- Foto: MARGA FERRER
"Comprar material en el pueblo y donarlo"
Flor Miretti, que también es dueña de una papelería llamada Passarella, sostiene la misma versión: “Entiendo perfectamente la voluntad de ayudar y no creo que haya mala fe, pero nos afecta directamente”, lamenta. Su propuesta es clara: “Si alguien quiere colaborar, lo más sencillo es comprar el material en el pueblo y donarlo. Da igual quién lo lleve al colegio, pero así ayudas de verdad”. La comerciante extiende esta reflexión a la alimentación. Pone como ejemplo los repartos puntuales de fruta y pan en zonas donde hay fruterías abiertas. “Es un arma de doble filo: no hay mala intención, pero te cargas a la frutería que intenta sobrevivir”, resume.

- Flor en su papelería de Paiporta. -
- Foto: MARGA FERRER
"Se aprovecha gente que no lo necesita"
Cristina Toribio, propietaria de Mi Frutería, coincide en que la ayuda fue imprescindible en los primeros días, pero considera que, a estas alturas, el reparto de alimentos ya no responde a la realidad del pueblo. “Al principio, sin agua ni luz, la comida era necesaria. Pero ahora se ha pasado”, afirma. Relata cómo en las últimas semanas se han repartido frutas y verduras mientras los comercios intentan mantenerse abiertos. “Se aprovecha gente que no lo necesita, y eso nos hace daño a los que hemos reabierto”.
Toribio subraya que el impacto se agrava en un municipio donde muchos establecimientos básicos no han logrado volver a levantar la persiana. “Solo han abierto dos hornos en todo el pueblo. Otros no han vuelto”, explica. En su opinión, la ayuda debería centrarse únicamente en quienes siguen en una situación vulnerable y estar mejor controlada. “Que se lo den a quien realmente lo necesita, pero no así, porque ahora mismo perjudica al comercio local”, concluye.

- Las dueñas de una frutería afectada en Paiporta. -
- Foto: MARGA FERRER
La visión del voluntariado
Desde uno de los puntos de voluntariado todavía activos en Paiporta, las personas que reparten alimentos y bienes básicos rechazan que su labor esté perjudicando al comercio local. “Nosotros no somos competencia de nadie, somos meros repartidores, igual que Cáritas o Cruz Roja”, explican. Aseguran que gran parte de los productos que entregan proceden de donaciones canalizadas a través de grandes superficies o del Banco de Alimentos, y que, cuando hay aportaciones económicas, estas se transforman en compras realizadas en comercios de la zona o en supermercados del entorno.

- Voluntarios de Paiporta. -
- Foto: MARGA FERRER
Según relatan, la ayuda que se ofrece dista mucho de cubrir una compra semanal. “Se entrega una bolsa muy básica: dos patatas, dos cebollas, algún tomate, una manzana, una naranja, un yogur o un litro de leche. Son productos retirados de la venta porque están a punto de caducar, no alimentos que alguien deje de comprar en una frutería”, señalan. En este sentido, consideran exagerado pensar que esta asistencia esté sustituyendo el consumo habitual en el pequeño comercio.

- Comida para donar en el punto de apoyo social de Paiporta. -
- Foto: MARGA FERRER
Los voluntarios admiten, no obstante, que el riesgo de que algunas personas se aprovechen existe. “Puede ser que alguien intente engañarte, pero si eso ocurre, no está robando al comercio, está robando a otra persona que sí lo necesita”, afirman.
Por ello, aseguran que con el paso del tiempo los criterios se han endurecido: ahora se exige acreditar la situación de vulnerabilidad, la pérdida o inhabitabilidad de la vivienda y, en muchos casos, se realizan comprobaciones previas. “Antes no se fiscalizaba tanto, ahora somos bastante estrictos, y de cara a Navidad lo vamos a ser aún más”.

- Voluntarios de Paiporta. -
- Foto: MARGA FERRER
Además de alimentos, el espacio funciona como lugar de apoyo social y emocional. Se organizan talleres gratuitos de manualidades, escritura, escucha activa o lenguaje de signos, pensados para personas que han perdido su trabajo o su negocio y atraviesan una situación de bloqueo personal. “No es solo venir a por una bolsa de comida, es tener un sitio donde no sentirse solo”, explican.
En este contexto, defienden que la solución pasa por una mejor coordinación con los servicios sociales del Ayuntamiento para dictimanar de una manera más justa quién necesita apoyo y en qué medida. “Lo ideal sería trabajar juntos, porque servicios sociales conocen todo el pueblo, aunque estén saturados”, apuntan. Mientras tanto, insisten en que cerrar los puntos de voluntariado ahora dejaría fuera a personas que siguen sin poder cubrir sus necesidades más básicas.