Entrevista

Comarca y empresa

Francés: "Lo prioritario es orientar el desarrollo urbano hacia zonas con menor riesgo de inundación"

El catedrático de Ingeniería Hidráulica de la UPV, Félix Francés, destaca que el avance de la tercera actualización del Patricova incrementará las zonas inundables en la Comunitat Valenciana y revisará su efecto retroactivo

  • Félix Francés, catedrático de Ingeniería Hidráulica en la UPV.
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VALÈNCIA. La riada del 29 de octubre de 2024 evidenció que las hipótesis hidrológicas y pluviométricas empleadas hasta la fecha en la planificación territorial han quedado desfasadas para describir los episodios extremos propios del clima mediterráneo. La respuesta no pasa solo por reparar los daños, sino por revisar cómo se ordena el territorio, dónde se construye y con qué criterios se evalúa el riesgo de inundación, especialmente en los ámbitos aún no urbanizados. Sobre estas cuestiones reflexiona Félix Francés, catedrático de Ingeniería Hidráulica en la Universitat Politècnica de València (UPV), investigador del Instituto de Ingeniería del Agua y de la Vía y vicepresidente de la Plataforma Tecnológica Española del Agua, en esta conversación con Plaza.

Además, Francés coordina un equipo pluridisciplinar de 16 expertos para redactar el avance de la tercera revisión del Patricova. El plan incorpora nuevas metodologías para recalcular la peligrosidad, incrementar las zonas inundables de la Comunitat Valenciana y orientar el desarrollo urbanístico futuro hacia áreas con menor riesgo de inundación, con una cartografía pensada tanto para la ordenación del territorio como para la gestión de emergencias. 

- La riada del 29 de octubre de 2024 superó las hipótesis con las que se trabajaba hasta ahora. Desde un punto de vista técnico, ¿qué es lo que ha quedado desfasado tras ese episodio?

- En 1994, el Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas (CEDEX) llevó a cabo una investigación regional sobre la precipitación diaria máxima anual en la España peninsular. En aquel momento existían problemas con los datos disponibles en Canarias y Baleares, pero el trabajo estaba muy bien planteado y, para el conocimiento y los medios técnicos de la época, representaba lo mejor que se podía hacer. Sin embargo, con el paso del tiempo, nos hemos dado cuenta de que ese estudio estaba infravalorando los cuantiles de precipitación, es decir, las magnitudes de las lluvias extremas, al menos en el Levante, en la costa mediterránea y, en concreto, en la Comunitat Valenciana y en la Región de Murcia. Desde entonces, hemos ido trabajando en esta cuestión. En 2011, por ejemplo, participamos en un proyecto piloto de plan de gestión del riesgo de inundación para la Confederación Hidrográfica del Júcar, que quería comprobar cómo podía implementarse la Directiva Marco de Inundaciones. 

Nuestra participación se centró en la modelización meteorológica e hidrológica y en el análisis del riesgo en distintos escenarios, tanto en la situación actual como considerando posibles actuaciones. Ya entonces éramos conscientes de esta infravaloración y rehicimos el estudio regional para la zona de análisis, que en ese caso fueron las comarcas de la Marina Alta y la Marina Baixa, en Alicante. En 2020, elaboramos también un plan maestro de gestión de inundaciones para toda la cuenca del Segura. Sin embargo, en ámbitos como los barrancos de l’Horta Sud, el Magro o el Turia, este tipo de trabajos no se había realizado hasta ahora. En los últimos meses ya teníamos estos análisis bastante avanzados y, efectivamente, se confirma que se han estado infravalorando las lluvias extremas en general, no solo en las zonas de la Marina Alta, la Marina Baixa o Murcia. 

- ¿Por algún motivo en particular?

- La técnica avanza y este tipo de trabajos no pueden considerarse cerrados. Siempre existe una probabilidad elevada de detectar problemas con el paso del tiempo, aunque en este caso no se trata de errores, sino de un cambio de metodologías. Muchas de las utilizadas hasta ahora estaban pensadas para climas menos extremos, donde este efecto no se percibe tanto. Es precisamente en los climas extremos donde hay que tener cuidado, porque la diferencia entre los episodios más intensos y las lluvias o tormentas habituales es mucho mayor. 

  • - Foto: KIKE TABERNER

- El nuevo Patricova prevé ampliar la superficie inundable. ¿Significa eso que los niveles de riesgo por inundación han cambiado más rápido que la planificación del territorio?

- La cartografía va a cambiar por dos motivos principales. En primer lugar, porque será más exhaustiva y precisa que la del actual Patricova, que tiene un enfoque regional y, por tanto, no pretende alcanzar ese nivel de detalle. Para ese grado de precisión ya existe la Directiva Marco de Inundaciones y los mapas de peligrosidad del Sistema Nacional de Cartografía de Zonas Inundables. En ese ámbito se supone que el detalle es máximo, más allá del problema asociado a la estimación de la precipitación, y la intención ahora es mejorar ese aspecto. Hasta el momento, la cartografía del Patricova se ha basado fundamentalmente en criterios geomorfológicos. Se incorporaban algunos valores numéricos, pero la base era esencialmente geomorfológica, con un componente subjetivo muy elevado y un enorme trabajo de campo: análisis minucioso de mapas, fotografías aéreas y miles de kilómetros recorridos por la Comunitat Valenciana para reconocer el territorio. 

Ahora se da un salto metodológico. No se emplearán las técnicas más precisas posibles, porque no es viable alcanzar el nivel de detalle del sistema nacional sin que los tiempos de computación y los costes presupuestarios se disparen. Además, el propio sistema nacional está concebido para centrarse en las zonas de mayor riesgo. El Patricova, en cambio, debe cubrir también aquellas áreas de menor riesgo donde actualmente no existen desarrollos urbanísticos, pero donde podrían producirse en el futuro, algo clave para la ordenación del territorio. Conocer que existe riesgo en zonas ya edificadas es importante, aunque desde el punto de vista de la planificación territorial esa realidad ya está asumida. Lo prioritario es orientar el desarrollo urbano futuro hacia zonas con menor riesgo de inundación. Para ello se van a emplear técnicas numéricas y modelos matemáticos que permitirán un análisis más exhaustivo, comenzando desde las cabeceras de los barrancos. El enfoque no se centra tanto en episodios recientes concretos, como los de 2024, que a escala regional tienen un impacto limitado, sino en poner el acento en las lluvias extremas y súper extremas propias del clima mediterráneo.

- ¿En qué se diferencia esta tercera revisión del Patricova de la de 2015?

- La actualización va a introducir diferencias relevantes y, previsiblemente, mejoras, ya que se va a prestar especial atención a dos ámbitos que ya se revisaron en 2015. En aquel momento, el sistema de peligrosidad se abordó desde un punto de vista geomorfológico y se introdujeron algunos cambios en la normativa urbanística. En cambio, en este avance se pretende analizar con más profundidad esos aspectos, estudiar posibles mejoras y valorar las consecuencias de modificaciones eventuales. Hay muchos elementos que deben ser analizados. Entre ellos, la introducción del concepto de "inundación catastrófica" y, desde el punto de vista normativo, cuestiones como si el Patricova tendrá o no carácter retroactivo, si podrá intervenir sobre el planeamiento ya existente o si permitirá facilitar, más que endurecer, las condiciones de expropiación en las zonas de mayor riesgo para dejar espacio al río. También se abordará un aspecto que suele pasar desapercibido para la ciudadanía, pero que es fundamental en materia de ordenación del territorio: qué debe entenderse por un incremento significativo del riesgo.

Un ejemplo sencillo ilustra la dificultad de esta cuestión. Introducir un elemento mínimo en el cauce puede generar un pequeño remanso aguas arriba, algo que claramente no supone un incremento significativo del riesgo. En cambio, la construcción de un muro de 200 metros o incluso de un kilómetro sí puede incrementarlo de forma notable. La clave está en determinar, de manera razonable, dónde se sitúa el umbral de lo que puede considerarse significativo. Aunque pueda parecer una cuestión sencilla, desde 2003 no se ha logrado resolver de forma plenamente satisfactoria, encontrando un criterio que sea a la vez objetivo, coherente con los objetivos del plan y que no resulte excesivamente restrictivo.

  • - Foto: KIKE TABERNER

Además, se abordará un aspecto que no se incluyó en la revisión de 2015: la priorización de actuaciones. Esta sí se había realizado en 2003, pero no se actualizó en 2015, cuando se revisó el riesgo y, por parte de nuestro equipo, la peligrosidad, en colaboración con el Departamento de Geografía de la Universitat de València. En aquella revisión se introdujeron algunos ajustes en la evaluación final del riesgo y en la normativa urbanística, con la participación de expertos en ordenación del territorio, pero quedó pendiente la actualización de la priorización de actuaciones, que en su día se había establecido de forma básica, diferenciando entre niveles alto, medio y bajo, y que fue aprobada oficialmente en 2003. 

- ¿Qué implica introducir un nuevo nivel de "peligrosidad catastrófica" en la planificación urbanística de los municipios?

- No debería implicar nada, o muy poco, desde el punto de vista normativo. El objetivo es fundamentalmente el mismo del que ya hablábamos en 2015, aunque no se llegó a materializar: contribuir a la concienciación de que siempre hay un riesgo residual. En la Comunitat Valenciana, el nivel de protección que se exige es, cuando es posible alcanzarlo, el correspondiente a un periodo de retorno de 500 años. Si la cartografía de peligrosidad se limita solo a ese umbral, en las zonas protegidas no aparece ni peligro ni riesgo, lo que genera una falsa sensación de seguridad. Sin embargo, aunque exista un nivel de protección hasta los 500 años, el riesgo residual sigue estando ahí. La cartografía de inundación catastrófica tiene precisamente ese interés: ayudar a educar a la población y evitar que una situación de inundación extrema les sorprenda por completo. 

Las inundaciones catastróficas son poco frecuentes en un punto concreto, pero a escala de la Comunitat Valenciana sí lo son; especialmente en la franja costera central, en la provincia de Valencia y el norte de Alicante, donde las precipitaciones más torrenciales son habituales. No se puede saber cuándo ni dónde se producirán, pero sí que son posibles. Ese es el objetivo principal de esta cartografía, algo que ya teníamos claro hace una década y que, de hecho, se corrigió de forma parcial en 2013. Además, no se trata solo de una herramienta de concienciación ciudadana, sino también de una información muy valiosa para los gestores de emergencias. Es muy probable que en los próximos 50 años se produzcan una o varias tormentas de ese tipo, aunque también podría no darse ninguna o, por el contrario, varias si hay mala suerte. Lo que no sabemos es dónde ocurrirán. Contar de antemano con una cartografía que indique qué zonas podrían inundarse en una situación catastrófica puede ser de gran utilidad para la gestión de emergencias.

  • - Foto: KIKE TABERNER

- ¿Ese nuevo nivel de peligrosidad se aplica solo en los 43 municipios en los que se va a ampliar la superficie inundable?

- Más que ampliar las zonas afectadas, lo que se va a producir es un incremento de las áreas inundables como resultado de nuevos cálculos. En las zonas ya estudiadas se intensificará el análisis y, al ser más exhaustivos, se ampliará también el estudio hacia aguas arriba. El principal condicionante son los tiempos de computación de los modelos hidráulicos, pero el objetivo es poder elaborar la cartografía a partir de cuencas de unos 10 kilómetros cuadrados. Para preparar y validar las metodologías, se han seleccionado varios proyectos piloto, con el fin de agilizar el trabajo. Uno de ellos es el Alto Magro, hasta Requena, y el cono del río Magro desde aguas arriba hasta su confluencia con el Júcar. Incluir el propio Júcar supondría, por sí solo, varios meses de trabajo adicionales. También se estudiará el eje del Turia aguas abajo de Loriguilla, ya que aguas arriba las crecidas quedan laminadas por los embalses de Benagéber y Loriguilla, lo que permite realizar ciertas simplificaciones cartográficas sin necesidad de un nivel de detalle extremo. El ámbito se extiende hasta la desembocadura. Por último, se analizarán los barrancos que drenan en l’Horta Sud, como el Pozalet o el de Picassent.

- Para un ayuntamiento de la zona afectada, ¿qué supondrá en la práctica que su término municipal tenga más suelo clasificado como inundable? ¿Qué se podrá hacer y qué no?

- Con la normativa actual, está claro que va a haber cambios, especialmente en el suelo no urbanizable situado en zonas inundables, donde la regulación vigente es muy restrictiva. A raíz de lo que ha ocurrido en los últimos años y, en particular en 2024, en la Dirección General de Urbanismo de la Generalitat Valenciana —que es donde se concentran las competencias en gestión del riesgo y ordenación del territorio— se ha tomado plena conciencia de que quizá sea necesario que algunas de estas medidas tengan carácter retroactivo. En la normativa urbanística de 2003 el Patricova no tenía efecto retroactivo, de modo que todo el planeamiento aprobado con anterioridad quedaba al margen y no se veía afectado. 

Esa distinción obliga ahora a replantear algunas cuestiones, también en el ámbito urbano. En las zonas urbanas consolidadas o ya urbanizadas, el Patricova, a mi juicio, debería mantenerse en los términos actuales: no prohíbe la edificación, pero sí exige la adopción de medidas de protección frente al riesgo de inundación. Donde la normativa resulta especialmente restrictiva es en los suelos que todavía no son urbanizables y que se localizan en zonas con riesgo de inundación. Al no existir efecto retroactivo, ahí la aplicación del Patricova es muy estricta, también en el caso de ampliaciones de actividades existentes. Puede darse, por ejemplo, el caso de una explotación ganadera situada en suelo no urbanizable y en zona inundable que pretenda ampliarse: la normativa puede impedir esa ampliación por encontrarse en una zona de alto peligro, salvo que se adopten medidas muy relevantes o, directamente, obligando a desistir de la actuación.

  • - Foto: KIKE TABERNER

- Tras la Dana del 29-O, se ha hablado mucho de caudales extremos y de lluvias fuera de escala. ¿Estamos preparados, desde el punto de vista técnico, para modelizar fenómenos tan extremos?

- Sí, es posible modelizar estos procesos y lo estamos haciendo. Todo es siempre mejorable, pero estamos empleando metodología mucho más avanzada. En el ámbito de la precipitación extrema, por ejemplo, utilizamos generadores meteorológicos que permiten simular series sintéticas de hasta 10.000 años, lo que nos da la capacidad de analizar escenarios de inundación catastrófica. A ello se suman modelos hidrológicos de última generación y modelos hidráulicos bidimensionales, con un alto nivel de detalle espacial y temporal. El límite no es tanto técnico como operativo. Modelizar toda la Comunitat Valenciana con resoluciones de dos metros y durante miles de años no es viable por los tiempos de cálculo y los costes computacionales que implica. Incluso recurriendo a supercomputación, las mejoras serían limitadas. Por ello, el esfuerzo se centra ahora en analizar cómo simplificar estos modelos sin perder fiabilidad en los resultados. 

En paralelo, estamos explorando el uso de técnicas de Inteligencia Artificial (IA) para generar cartografía simplificada de forma más rápida y eficiente. El objetivo sería reducir de forma significativa los tiempos de cálculo, pero este enfoque todavía está en una fase experimental y no alcanza, por ahora, los niveles de calidad necesarios para aplicarlo de forma operativa. Por ese motivo, el avance del Patricova se apoya en metodologías tradicionales, aunque adaptadas para trabajar con resoluciones más amplias y supuestos simplificados. Modelizar con un nivel de detalle extremo implicaría incorporar todos los elementos del territorio —carreteras, puentes, drenajes de infraestructuras lineales— lo que requeriría un trabajo de campo muy intensivo y costoso. En este caso, se opta por una aproximación razonable basada en información disponible y comprobaciones indirectas, asumiendo que se producirán ciertos errores. El objetivo es comprobar si esos errores son asumibles, teniendo en cuenta que el resultado final del Patricova es una cartografía simplificada, con solo seis niveles de peligrosidad, y no un mapa de detalle extremo.

- Ha defendido la necesidad de pasar de sensores puntuales a modelos de todo el cauce. ¿Qué cambiaría en la gestión de emergencias ante una riada?

- La instalación de sensores en barrancos puede ser útil como complemento, ya que permiten detectar la llegada del agua y aportar información puntual. Sin embargo, los sensores por sí solos no permiten realizar predicciones. Desde hace décadas, los sistemas de previsión de avenidas se basan en modelos hidrológicos que cubren todo el territorio, con resoluciones del orden de 200 metros, más que suficientes para este tipo de análisis. Estos modelos son los que permiten transformar la predicción meteorológica en predicción hidrológica en toda la cuenca. Cuantos más sensores existan, mejor se podrán calibrar y ajustar los modelos, pero su función es mejorar la simulación, no sustituirla. La información que aportan puede utilizarse para afinar los resultados y detectar discrepancias, pero la base del sistema de predicción sigue siendo el modelo hidrológico distribuido. 

  • - Foto: KIKE TABERNER

- La rambla del Poyo es un "prototipo de avenida relámpago". ¿Qué lecciones concretas deja este cauce sobre la forma de gestionar los barrancos en la Comunitat Valenciana?

- Una de las cosas que he aprendido durante este proceso es hasta qué punto este problema preocupa a escala internacional. Existe incluso una división específica dentro de una de una asociación internacional de referencia en ingeniería hidráulica y disciplinas afines, dedicada exclusivamente a la investigación y al intercambio técnico sobre inundaciones extremas. Sabíamos que se trata de un fenómeno global, pero no era plenamente consciente del nivel de atención que suscita en todo el mundo. En nuestro caso, el barranco del Poyo se ha utilizado con frecuencia como caso de estudio, tanto por parte de los geomorfólogos de la Universitat de València como desde el ámbito de la modelización hidrológica, en buena medida porque lo tenemos muy cerca y es fácilmente accesible. Además, desde el inicio se instaló un sensor en el cruce con la A-3, lo que ha permitido disponer de información instrumental. 

No se trata de un sensor de alta precisión ni de una sección de aforo propiamente dicha, pero ofrece datos suficientes para interpretar la forma del hidrograma y detectar el inicio de la circulación del agua, lo que resulta útil para tareas de alerta. No obstante, este tipo de sensores solo proporcionan información muy localizada y no permiten conocer lo que ocurre en otros barrancos que desembocan aguas abajo ni anticipar el comportamiento global del sistema. De ahí la importancia de contar con modelos hidrológicos que integren todo el territorio. Incluso incrementando notablemente el número de sensores, seguiría faltando capacidad de predicción, que es precisamente lo que aportan los modelos.

  • - Foto: KIKE TABERNER

-  Si el Patricova se aplica correctamente, ¿qué debería cambiar la próxima vez que haya una Dana extrema: la ubicación de construcciones, la evacuación o la anticipación de la emergencia?

- El Patricova se concibe como un instrumento de ordenación del territorio, aunque su cartografía resulta extremadamente útil para la gestión de emergencias. De hecho, poco después de elaborarse la primera cartografía, a finales de los años noventa, ya estaba siendo solicitada por los servicios de Protección Civil, que trabajan con periodos de retorno de 50, 100 y 500 años. Esta utilidad sigue plenamente vigente. En reuniones recientes con responsables autonómicos de emergencias se ha puesto de manifiesto que el Patricova se utiliza porque amplía la información del Sistema Nacional de Cartografía de Zonas Inundables allí donde este no llega, especialmente fuera de las zonas urbanas o en pequeños municipios donde no existe cartografía detallada. En esos casos, el Patricova cubre un vacío esencial para la planificación y la gestión del riesgo, aunque la actualización completa de la cartografía deberá realizarse de forma progresiva y no alcanzará de inmediato a todos los municipios.

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