CATARROJA. 25 vecinos fallecidos, comercios y viviendas arrasados y una reconstrucción que todavía tiene por delante años de trabajo. Catarroja afronta el segundo aniversario de la Dana del 29 de octubre de 2024 con el recuerdo de las víctimas presente y el reto de recuperar el municipio sin limitarse a construir lo que había antes. La catástrofe puso en evidencia las vulnerabilidades de sus infraestructuras y la necesidad de prepararse mejor ante futuras emergencias.
La alcaldesa, Lorena Silvent (Catarroja, 1982), atiende a Valencia Plaza cuando se cumplen dos años de las inundaciones. "Todavía estamos de duelo", reconoce al recordar a las familias de las víctimas mortales del municipio, cuyo acompañamiento sigue siendo una de las prioridades del Ayuntamiento. La reconstrucción, sostiene, debe avanzar sin perder de vista a quienes sufrieron las consecuencias de la riada.
En esta entrevista, Silvent repasa los avances y los retos pendientes tras la Dana, desde la renovación del sistema de drenaje y las actuaciones previstas en el barranco de Chiva hasta la creación de nuevas infraestructuras de emergencia. La alcaldesa de Catarroja, que ha anunciado que se presentará como candidata a la Alcaldía en las elecciones municipales del año que viene, también explica los cambios en los protocolos de prevención y alerta y reivindica una mayor coordinación entre administraciones para proteger a la población.
– Se cumplen dos años de la Dana del 29 de octubre. ¿En qué ha cambiado Catarroja y qué queda todavía por recuperar?
– La Dana es un antes y un después en muchos sentidos. El primero es el emocional, por la pérdida de vidas humanas y por todos los daños que ha causado. Hemos tenido que parar de manera forzosa para replantear nuestro municipio y sus infraestructuras. Las primeras actuaciones fueron de limpieza, recuperación de servicios, comercios y sedes sociales. Ahora estamos trabajando en la fase de proyectos, porque tenemos por delante el reto de reconstruir, pero también de mejorar. Y queremos mejorar en dos aspectos. Por un lado, adecuar las instalaciones a las necesidades sociales de Catarroja. Superamos los 30.000 habitantes y estamos en el área metropolitana de València. Eso es importante porque, al final, nos afecta todo lo que afecta a la capital. Por otro lado, estamos adaptando todos los proyectos al Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático. Se trata de diseñar edificios que puedan servir como refugios climáticos, tanto ante una ola de calor como ante lluvias o inundaciones. También es muy importante mejorar todo nuestro sistema hidráulico y nuestra capacidad de drenaje. Hemos aprendido que las lluvias torrenciales son cada vez más frecuentes, y en eso estamos trabajando.
– Usted estimó que Catarroja necesitaría alrededor de 14 años para completar la reconstrucción. Es un plazo largo. ¿Mantiene esa previsión o es ahora más optimista respecto a los tiempos?
– Hay que entender que son previsiones, líneas temporales sobre las que los equipos van trabajando. Ahora mismo la gente necesita certezas y, por eso, también hay que explicar qué se está diseñando. Lo que sí puedo afirmar es que estamos intentando agilizar al máximo toda la tramitación. De hecho, estamos dimensionando los departamentos y hemos creado una unidad específica para la reconstrucción, con el objetivo de separar el trabajo diario de todo lo que es extraordinario. También estamos aprovechando esta oportunidad para atraer una mayor inversión y conseguir fondos y subvenciones del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico para mejorar la protección y autoprotección. Además, nos han concedido 9 millones de euros de los fondos EDIL-DANA y uno de los proyectos más importantes tiene que ver con la construcción de vivienda pública. Todo esto responde a unas líneas temporales que sobrepasan una legislatura, pero lo que sí podemos afirmar ahora es que estamos intentando que todos estos retos se plasmen en los proyectos de reconstrucción.

- - Foto: EDUARDO MANZANA
– ¿Qué actuaciones considera urgentes para que Catarroja esté más preparada frente a futuras inundaciones?
– En primer lugar, tenemos que pensar que todos los edificios deben contar con unas infraestructuras mínimas que les permitan funcionar como refugios. Después, hay que avanzar en eficiencia energética, con placas solares y todo lo relacionado con los suministros. También estamos trabajando en una línea que hemos llamado "Catarroja Verde". Tenemos que aprovechar nuestro territorio teniendo en cuenta nuestra orografía. Catarroja es un municipio de casi 13 kilómetros cuadrados, y eso hace que estén muy separadas las zonas de huerta, el casco urbano, el área industrial y el parque natural de l'Albufera, en la zona del puerto. Conociendo todo lo que tenemos, debemos intentar sacarle provecho. La línea "Catarroja Verde" plantea, por ejemplo, recuperar la huerta como sistema de cultivo, pero también como sistema de protección de la ciudadanía. Además, estamos trabajando en sistemas de emergencia e incorporando soluciones más automáticas e innovadoras. Uno de los proyectos contempla la creación de un centro de emergencias en Catarroja, ubicado en la otra parte del municipio.
"Queremos impulsar la mejora del sistema hidráulico y la renovación de nuestro colector principal"
Es la zona a la que llegó menos agua y donde podemos disponer de infraestructuras modernas que permitan coordinar todo tipo de emergencias. Otro de los cambios que queremos impulsar, dentro de la mejora del sistema hidráulico, es la renovación de nuestro colector principal. Queremos incorporar una red separativa, sensores, válvulas antirretorno y tanques de tormenta, además de mejorar todo el drenaje hacia l'Albufera. Estas mejoras afectan a 18 municipios cuyas aguas residuales se conducen a la depuradora de Pinedo. Es cierto que otro de los retos es que intervienen muchas administraciones y organismos responsables de infraestructuras como la pista de Silla, la línea de ferrocarril o el parque natural. Creo también que la actuación en la avenida Rambleta, uno de los principales ejes de Catarroja y una vía con mucha vida comercial, social y cultural, será una de las intervenciones que nos permitan diferenciar, cuando miremos hacia atrás, la Catarroja de antes y después de la Dana.
– Algunas de estas obras no son solo competencia del Ayuntamiento y necesitan la aprobación de la Generalitat o el Gobierno central. ¿Qué obstáculos pueden surgir antes de su puesta en marcha?
– Hemos celebrado mesas de coordinación y, lo que nos dicen ahora, es que empecemos a elaborar esos proyectos. Por eso, nuestro reto es recoger todas estas necesidades en un instrumento técnico. Después veremos qué partida lidera cada administración. Pero, de momento, lo importante es concretar las necesidades, porque, si el proyecto lo hace otra administración, solo tendrá su visión. En cambio, nosotros, como Ayuntamiento de Catarroja, tenemos el reto de decir: "No es mi competencia, pero es un problema mío, de mi gente y, por lo tanto, como sí que es de mi incumbencia, voy a intentar aportar una visión". Las soluciones pueden ser incluso multidisciplinares, porque aquí entran en juego muchos ámbitos ambientales e hidrográficos, pero también cuestiones constructivas y medioambientales. Con la ayuda de la Universitat Politècnica de València (UPV), estamos preparando una mesa de trabajo. En cuanto tengamos el proyecto, convocaremos a todas las administraciones y organismos que puedan intervenir para llegar a un acuerdo más ejecutivo. Ahora hay mucha voluntad, pero, como tenemos fondos, vamos a empezar por lo que nos corresponde dentro de nuestro ámbito territorial.

- - Foto: EDUARDO MANZANA
– ¿Qué obras considera imprescindibles para que el barranco de Chiva, que atraviesa Catarroja, no vuelva a provocar una catástrofe como la de hace dos años?
– Esta pregunta es compleja porque el barranco es una infraestructura que depende de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ). La CHJ tiene diez proyectos bastante definidos de inversión y mejora en toda la cuenca. De esos diez, cuatro afectan directamente a Catarroja, pero los otros seis también nos afectan porque lo que se haga aguas arriba es lo que permitirá reducir el caudal que llega hasta aquí. Nuestros cascos urbanos –Catarroja, Massanassa, Paiporta y Picanya– están muy consolidados. El barranco no puede crecer más en esas zonas porque está muy limitado. Por eso, tenemos que intentar reducir el agua que recoge la cuenca mediante obras que se hagan aguas arriba, en los municipios de cabecera.
"La desviación del barranco en Paiporta hará que el caudal que llegue a Catarroja se reduzca"
Por ejemplo, hay actuaciones, como la desviación que se va a realizar a la altura de Paiporta, que harán que el caudal que llega a Catarroja pase de unos 1.000 metros cúbicos a unos 700 aproximadamente, según las previsiones que manejamos. Nosotros no tenemos viviendas dentro del barranco ni en la zona de afección, lo que nos permite ampliar un poco el barranco aprovechando los laterales, muchos de los cuales son viales o zonas verdes. De este modo, podremos aumentar su capacidad. También hay otro proyecto para ampliar el paso por debajo de las vías del tren. Por último, hay actuaciones previstas en la zona del parque natural de l'Albufera. Allí se trabajará para elevar al máximo las motas, crear algunas balsas de laminación y renaturalizar todo lo posible los márgenes, de manera que la propia naturaleza contribuya a frenar una posible avenida de agua.
– El proyecto de parques metropolitanos inundables de la Generalitat ya está en marcha. ¿Ha trasladado el Ayuntamiento de Catarroja alguna observación?
– Sí, aquí hemos sido muy tajantes. Hemos dicho que no queremos perder ni un centímetro de huerta. Es cierto que la huerta también tiene esa función, pero no queremos hipotecar ninguna de esas parcelas con unas balsas que no están diseñadas con un sistema de evacuación. El agua se estancará y, al final, llegará de manera natural al casco urbano. Por eso, les trasladamos que nuestra apuesta para participar en ese proyecto sería recuperar toda la zona de huerta, recuperando así el sistema de regadío. Si ha funcionado sin estar en marcha, imaginad lo que podría hacer si lo estuviera. De momento, esa propuesta está en estudio.

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– De hecho, este martes se presentó el concurso previo. ¿Qué pasos quedan por dar?
– Nosotros tenemos que presentar alegaciones, porque contemplaban una pequeña parcela entre Paiporta y Catarroja, más próxima al barranco. Pero les trasladamos que no queremos hipotecar ni un centímetro de huerta, sino recuperarla. Por culpa de la especulación, ahora tenemos un montón de parcelas con propietarios que ni las cultivan ni quieren que se cultiven. Hay que darles una salida digna. Al final, estamos hablando del pulmón de huerta más grande que tenemos en nuestra comarca.
– ¿Qué soluciones se plantean para recuperar esas parcelas?
– Estamos intentando diseñar un plan que abarque todas las posibilidades. No hay ninguna solución clara, pero incluso estamos estudiando la expropiación forzosa por no cumplir las parcelas con su finalidad. La intención es ponerlas de nuevo en cultivo.
– Catarroja fue uno de los municipios más afectados por la Dana y perdió a 25 vecinos. ¿Cómo se convive con esa pérdida dos años después y qué necesidades siguen teniendo las familias?
– Sin ninguna duda, es lo peor. Todavía estamos de duelo, sobre todo las familias porque, además, se trata de una causa muy polémica. Cada vez que enciendes la televisión, cada vez que sales a la calle o cada vez que intentas retomar tu vida, todo eso sigue muy presente. Lo afrontamos con mucho respeto, teniéndolas muy presentes en todo momento. En cada actividad que se organiza y en cada actuación, queremos que sepan que no están solas. Aunque la vida continúa y tenemos que mirar hacia el futuro e ilusionarnos con nuestros proyectos, no perdemos la memoria. Sabemos lo que pasamos, lo que sufrimos y que esas pérdidas tienen nombre y apellidos. Intentamos que la reconstrucción respete sus tiempos. Por ejemplo, estamos trabajando con un grupo motor formado por víctimas que han querido participar y por las asociaciones para crear un monumento con el que se sientan identificadas. Al principio, era demasiado reciente y no era el momento. Queremos que, poco a poco, también encuentren esos espacios que les den paz, sobre todo a ellas, y que el monumento sea de verdad un homenaje a las víctimas. Estamos trabajando mucho a nivel comunitario, porque este duelo no es solo personal.

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– Aquella tarde del 29 de octubre de 2024, ¿cuándo fueron conscientes de que Catarroja podría sufrir una catástrofe de esa magnitud?
– Esa misma tarde no llegas a ser consciente. Recuerdo una sensación de incredulidad, de pensar: “Ostras, ¿esta magnitud? Si nadie nos ha avisado”. Habíamos activado nuestros medios ante una alerta por lluvias y fuertes vientos. También vigilábamos el barranco, pero recuerdo que el aviso hacía referencia a que tanto la CHJ como el Cecopi nos informarían de la evolución del temporal. Si no tienes analistas en tu plantilla, estás esperando esa información. Cuando, en cuestión de diez o quince minutos, ves que los rescates ya no se pueden hacer de manera coordinada, que hay un caos circulatorio en toda la avenida principal, con autobuses de línea, coches particulares y vehículos procedentes de la pista de Silla, piensas: “Ostras”. Creo que eres consciente de verdad de madrugada.
"El día de la Dana estuvimos desde las ocho de la tarde hasta las dos de la madrugada con un agua torrencial"
Al principio piensas que es una lengua de agua que va avanzando poco a poco, pero cuando ves la fuerza que tiene y que no para, te das cuenta de lo que está pasando. Estuvimos desde las ocho de la tarde hasta las dos de la madrugada con un agua torrencial. Cuando el agua empieza a bajar, empiezas a pensar en todos esos avisos que no hemos podido atender. No han podido llegar los bomberos, ni las zodiacs, ni los helicópteros, ni nada. Aquí no ha habido rescates coordinados. Con toda la actividad comercial e industrial que tenemos, dices: “Ostras, esto es muy gordo”. Recuerdo que, sobre las tres de la madrugada, tuvimos el primer aviso de que en Massanassa habían encontrado a una mujer fallecida. Entonces aparece ese miedo: “Si en Massanassa ha pasado esto, ¿qué habrá pasado en Catarroja, que es más grande?”. A las cuatro, la Policía Local localizó a la primera mujer fallecida en una vivienda. A partir de ahí, todo fue acción-reacción: atender a las víctimas y a las personas desaparecidas.
– Fueron muchas horas de angustia y de incertidumbre. ¿Cómo se organizaron para atender las emergencias?
– No había tiempo para pensar. No era una situación para detenerse a reflexionar: era una cuestión de salvar vidas. Había que seguir activando rescates, todo de manera simultánea. Creamos grupos de trabajo con agricultores, voluntarios y personal de la UME que vive en Catarroja y que ya estaba aquí. Empezamos a abrir vías de rescate para que pudieran llegar quienes necesitaban atención médica, y a acceder a los últimos puntos donde se había visto a gente pidiendo auxilio. También empezamos a achicar agua en las viviendas de familias de las que sabíamos que tenían familiares en los garajes. Esas fueron las primeras actuaciones. No había comunicaciones, así que muchas personas no podían ponerse en contacto con sus familias para decirles que estaban bien, ni las familias podían saber cómo se encontraban sus seres queridos. Las primeras horas fueron así. Después llegó la asistencia sanitaria, la recuperación de los servicios básicos, el traslado de cubas de agua y la organización de puntos de reparto para que todo el municipio tuviera uno cerca. Llamábamos a los colegios para preguntar si estaban bien, qué necesitaban y cómo podíamos organizarnos. Hicimos lo mismo con los casales falleros y las asociaciones. A partir de ahí, se trataba de organizar toda esa red y conseguir que los medios que iban llegando no se marcharan. Intentamos canalizar la maquinaria pesada que necesitábamos para evacuar y achicar agua. También organizamos toda la red de voluntariado: cuando llegaban, lo primero era asegurarnos de que estuvieran protegidos con sus equipos de protección individual y asignarles una tarea, porque, si no les dabas una, también se marchaban. Todo se hacía de manera simultánea. Emitimos avisos a la población cada hora y afrontamos necesidades que ahora pueden parecer sencillas, pero que entonces eran fundamentales. Por ejemplo, habilitar las farmacias, que habían quedado destruidas, con la colaboración del Colegio de Farmacéuticos y de los farmacéuticos de aquí, que lo habían perdido todo, pero aun así tenían que suministrar medicamentos. Había personas con tratamientos oncológicos, pacientes que necesitaban llegar a La Fe, personas con ataques de ansiedad y bebés que necesitaban leche de fórmula.

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– ¿Qué ha cambiado desde entonces en los protocolos de alerta y en la coordinación entre administraciones? Por ejemplo, a la hora de decidir si cierran los colegios ante una alerta.
– En el ámbito municipal, lo que tenemos claro, y en eso estamos trabajando, es que debemos adelantarnos todo lo que podamos. En una emergencia, lo importante siempre es la protección y la prevención. Tenemos que estar mejor coordinados, mejor informatizados y mejor preparados en materia de autoprotección, y lo vamos a hacer. Hemos actualizado nuestro mapa de riesgos y estamos pendientes de actualizar los planes a medida que se vayan actualizando los mapas de riesgo de las cuencas. De momento, hemos creado una red de coordinación con colegios públicos y privados, centros de educación infantil, empresas y comercios. En el ámbito sanitario, hemos mejorado la coordinación con el centro de salud. Antes no teníamos acceso a información sobre personas con enfermedades crónicas; ahora sí, y vamos actualizando nuestro censo mensualmente. También estamos reforzando los medios municipales. Acabamos de crear una plaza de técnico o técnica de emergencias, que se cubrirá en breve. Será la primera vez que lo haga un ayuntamiento.
"Cada vez que se produce una emergencia, activamos los protocolos como si fuera un simulacro real"
Hay que recordar que los ayuntamientos no suelen contar con personal formado específicamente en esta disciplina. Lo habitual es disponer de un plan de emergencias elaborado por una empresa privada y de la formación que pueda tener la Policía Local, que aborda algunos aspectos de las emergencias, pero es una materia muy amplia. Desde el Ayuntamiento estamos poniendo en marcha todas estas medidas. Cada vez que se produce una emergencia, activamos los protocolos como si fuera un simulacro real. Además, estamos realizando simulacros y tenemos previsto hacer uno al año. También hemos empezado a implantar un sistema de alertas tempranas a la población, que se desarrollará con una de las inversiones financiadas por el Ministerio a través de las órdenes TMD. Uno de los proyectos consiste en mejorar la red para disponer de una infraestructura de fibra y conexiones seguras.

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– ¿Y en cuanto a los protocolos supramunicipales?
– Los fenómenos tienen distintos ámbitos territoriales según su naturaleza. En el caso de las lluvias o las olas de calor, la información la proporciona la Agencia Estatal de Meteorología, que la traslada a la Conselleria de Emergencias. Es esta última la que debe concretar los protocolos de actuación. Mientras eso no suceda, los ayuntamientos tomamos decisiones para proteger y prevenir a nuestra ciudadanía. Por ejemplo, en el caso de los colegios, la Conselleria no ha establecido ninguna instrucción específica; se encarga de su personal funcionario. Eso provoca que, cada vez que hay una emergencia, tengamos que hacer mucha pedagogía con la ciudadanía para explicar por qué un municipio toma una decisión y otro adopta una diferente. Dentro de mi municipio, yo sé cómo está la red de saneamiento, qué obras hay en los colegios y dónde tengo un punto crítico. También debo valorar a qué hora se produce la emergencia: no es lo mismo que ocurra a las ocho de la mañana que a las tres de la tarde. Tengo que analizar si la población afectada es más vulnerable, por ejemplo, porque se trata de menores o de personas mayores que no pueden desplazarse con libertad.
"Ha mejorado la cultura del riesgo"
También debo tener en cuenta qué sucede en otras zonas, porque parte de la población educativa viene de la Ribera o de Valencia. Hay muchos factores que analizar y, en función de ellos, tomo decisiones que dependerán de si la alerta empeora o si se trata de un fenómeno más controlado. Lo que sí hemos visto, y creo que también ha quedado claro con la dana Adam, es que la Conselleria está actuando antes: activa los protocolos con más antelación, avisa antes a la ciudadanía, a las industrias y a las empresas, y envía alertas con indicaciones más claras. Eso sí ha mejorado. Se ve que se puede mejorar, porque en la ocasión anterior se tenía información, pero no se trasladó ni se tomaron medidas de este tipo. Por tanto, ha mejorado la cultura del riesgo.
– Aunque todavía queda mucho camino por recorrer.
– Los fenómenos son muy variables. Tenemos que saber interpretar toda esa información y disponer de protocolos muy automatizados. No puede depender de la decisión de una persona concreta en un momento determinado. Todo debe basarse en análisis científicos y tener un objetivo claro: proteger a las personas, porque el fenómeno llegará y no podremos pararlo, pero sí podemos proteger a la ciudadanía. Todavía queda mucho por hacer. La cultura del riesgo es relativamente nueva en España, mientras que en otros países estos protocolos son habituales. Siempre nos viene a la cabeza Japón, que tiene un riesgo sísmico muy alto y está expuesto a otros fenómenos naturales. Allí envían alertas a los teléfonos móviles y ningún ciudadano las cuestiona. ¿Por qué? Porque llevan años desarrollando esa cultura de la prevención. Creo que ahora tenemos que hacer lo mismo aquí, empezando por los colegios e incorporando unidades didácticas que enseñen cómo actuar ante un riesgo real. El problema es que, aunque vivimos en zonas inundables, no siempre percibimos las inundaciones como un riesgo real. Y sí lo son. Por tanto, queda mucho por hacer.

- - Foto: EDUARDO MANZANA
– Compromís, su socio de gobierno, emitió este miércoles un comunicado en el que niega que se convocara el CECOPAL días antes de la Dana, tal y como testificó usted en sede judicial. ¿Puede aclarar si fue así?
– Todas las declaraciones que hice ante la magistrada fueron respaldadas con documentación que prueba que cuanto hemos dicho desde el Ayuntamiento es cierto. Estoy muy tranquila al respecto y, a partir de ahí, no soy yo quien se tiene que aclarar. Valoramos positivamente la colaboración con Compromís esta legislatura y me decepciona este exabrupto que seguramente se debe a falta de información. Pese a ello, espero seguir haciéndolo en el futuro porque el balance general es bueno.
– ¿Qué es lo que más le preocupa ante la posibilidad de que se vuelva a repetir una Dana como la de 2024?
– Por supuesto, que no haya pérdidas humanas. Mientras exista prevención y dispongamos de información con tiempo suficiente, tendremos más capacidad de actuar. Como alcaldesa, aunque a veces no se vea, mi objetivo principal siempre es salvaguardar la vida de las personas, por encima de cualquier interés puntual que pueda tener una empresa o un centro educativo. Hay que tener muy claro que ese es el objetivo. Por tanto, lo que más me preocupa es que no haya pérdidas humanas.
– ¿Cómo se encuentra el comercio local de Catarroja dos años después de la Dana?
– La verdad es que tanto el sector comercial como el empresarial, y también nuestro mercado municipal, están fuertes. Estábamos preocupados porque durante los primeros meses había una serie de ayudas, sobre todo destinadas al personal y a los trabajadores. En este fenómeno, por una parte, la actividad no se ha detenido por completo. Algunos sectores tuvieron que parar durante los primeros meses, pero la demanda de fuera ha continuado. Además, ha habido mucha solidaridad y gente que ha venido a consumir y comprar en los municipios afectados por la Dana. Tenemos una persona en la Agencia de Desarrollo Local que está realizando encuestas y actualizando fichas para saber qué negocios abren, cuáles cambian y cómo evoluciona la actividad. Queremos conocer la situación real del tejido comercial con datos actualizados. Una de las conclusiones de esos estudios es que la mayoría de los negocios se ha tomado esta situación como una oportunidad para invertir.
"Tenemos un tejido empresarial fuerte"
Además, han mejorado mucho en promoción y marketing digital. En líneas generales, también ha habido cambios de ubicación. Algunos negocios no han llegado a un acuerdo con sus propietarios y han cerrado, pero enseguida se han reinventado y han abierto en otros lugares. Incluso hay quienes reconocen que han aprovechado la situación para trasladarse a otra avenida que les gustaba más. Otra de las conclusiones es que ha crecido mucho el sector servicios. Han abierto numerosos negocios de estética y peluquería, entre otros, dentro del ámbito de los servicios relacionados con el bienestar. Por tanto, las conclusiones de los estudios indican que tenemos un tejido empresarial fuerte.
– ¿Qué ha aprendido como alcaldesa de la Dana?
– He aprendido muchas cosas, pero me quedaría sobre todo con la fuerza de las personas y con lo que somos capaces de hacer cuando vamos todos a una. También he descubierto una fortaleza personal como alcaldesa: sentirme más útil que nunca al tener que defender los derechos de tantas personas. En primer lugar, los de las familias de las víctimas, pero también los de la gente joven, que veía cómo su día a día se desmoronaba y cómo sus centros educativos tenían que trasladarse, y los de las personas mayores, que no podían salir de casa y habían perdido sus lugares de encuentro. Todo eso te hace darte cuenta de que la prioridad siempre tienen que ser las personas en las políticas públicas. Esa experiencia fortalece todavía más tu posición y tu objetivo. Y, precisamente por toda esa fuerza, tanto la que he aprendido como la que he recibido, una de mis decisiones como alcaldesa es volver a presentarme a las elecciones. Queda mucho por hacer y quiero seguir siendo esa persona que defiende los intereses de la gente de Catarroja.

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–¿Qué proyecto tiene para Catarroja para la próxima legislatura?
– Hay muchos proyectos y todos son prioritarios. Pienso, sobre todo, en los que comentábamos antes, que se van a poner en marcha y que cambiarán el concepto de ciudad. Uno de ellos es la reurbanización de la avenida Rambleta, que es un eje principal. Queremos que continúe siendo un espacio de encuentro, pero que vuelva a ser un lugar más social. También queremos incorporar nuevas soluciones para drenar el agua y crear un eje verde. Además, queremos reordenar el estacionamiento, crear nuevas zonas de aparcamiento en altura, recuperar toda la zona de huerta y poner en valor nuestro puerto. Creo que esos son algunos de los proyectos que más me ilusionan. También quiero afrontar necesidades como la construcción de vivienda pública.
– ¿Le preocupan las elecciones generales del 29 de noviembre?
– Los ayuntamientos tenemos otro pulso. Nosotros tenemos elecciones todos los días, cada vez que salimos de casa y estamos con la ciudadanía. Pero creo que necesitamos dejar atrás esta etapa de confrontación y que, después de las elecciones del 29 de noviembre, haya una calma relativa que nos permita centrarnos de verdad en los problemas que preocupan a la ciudadanía de Catarroja. No me preocupan en el sentido de que, como buena demócrata, celebro cada vez que hay una cita electoral. Las elecciones nunca son una amenaza. Creo que también es una época ilusionante, porque permite recordar a la gente que, en el día a día, cada uno está pendiente de sus propios asuntos: los problemas en casa, los niños, la escuela, el trabajo o las enfermedades. Muchas veces no tienes tiempo para parar y reflexionar. Ahora es un momento para hacerlo, para analizar hacia dónde quiere ir la sociedad española. Para mí, es un momento ilusionante.