VALÈNCIA. Hay espacios que se convierten en símbolo de algo. De valores, emociones o creencias, yendo mucho más allá de su significado literal. En Manises, el gran emblema de las últimas décadas nada tiene que ver con su de sobra conocida tradición cerámica. Todo lo contrario. Su mayor distintivo es una mole de hormigón blanco y gris que nunca llegó a inaugurarse, convertido en el ejemplo perfecto del despilfarro político propio de principios de los 2000.
El Auditorio Pepe Sancho, concebido en la época dorada del ladrillo, cumple más de 20 años como vestigio de aquella etapa en la que las administraciones competían por ejecutar proyectos faraónicos al calor de la 'Champions League' de la economía española. La historia que nos concierne arranca en 2004 y cristaliza un año más tarde, gracias a un convenio entre el Ayuntamiento de Manises, entonces gobernado por el popular Enrique Crespo, y la Generalitat Valenciana de Francisco Camps. El proyecto que planteaban ambas administraciones no era menor.
Un auditorio de cerca de 6.000 metros cuadrados, distribuido en tres plantas, con un patio de butacas para unas 800 personas —en su día, incluso se llegó a hablar de 1.100—. También se contemplaba una escuela de artes escénicas, con salas de ensayo, una biblioteca y aulas, además de una cafetería y un restaurante. En definitiva, un complejo cultural de escala metropolitana en un municipio de 30.000 habitantes, a escasos minutos de València. La iniciativa estaba ligada al deseo del actor manisero, Pepe Sancho, que aspiraba a que los jóvenes que quisieran dedicarse a la interpretación no tuvieran que marcharse fuera.
La idea era crear una escuela reglada de teatro con proyección nacional. El edificio, por supuesto, acabaría llevando su nombre. En un inicio, la ejecución correspondía a Ciegsa, la empresa pública creada para construir infraestructuras educativas y que años después quedaría bajo el foco judicial en el marco del Caso Taula. Sin embargo, el convenio se modificó dos años después. El Ayuntamiento de Manises pasó a asumir la contratación y el pago directo de las obras, con el compromiso de que Ciegsa reintegraría los costes. Además, el consistorio se convertía en responsable último de los posibles daños económicos derivados de su ejecución.
La obra se adjudicó a Midascon por más de siete millones de euros, pero la empresa quebró tras ejecutar solo una parte. En 2009 se firmó un nuevo acuerdo para que Ciegsa retomara el control y adjudicara los trabajos a BM3 por 6.147.701 euros. Hubo un sobrecoste del 13% respecto a la adjudicación inicial y, pese a ello, el edificio quedó inconcluso. En 2011, ante los impagos de la Generalitat, la constructora abandonó definitivamente los trabajos.
Desde entonces, el auditorio presenta una imagen elocuente. Su envolvente exterior está prácticamente terminado, pero el interior se queda desnudo, con el esqueleto del escenario y las gradas visibles, pero sin acabados ni instalaciones. Hasta la paralización se habían invertido alrededor de 6,2 millones de euros. Las estimaciones municipales apuntan a que sería necesaria una cifra similar para finalizarlo, lo que elevaría el coste total muy por encima de los 12 millones, lejos de los 9,1 millones anunciados en su día.

- Interior del Auditorio Pepe Sancho de Manises. - Foto: EVA MÁÑEZ
El intento fallido de reiniciar las obras a través del Pla Edificant
Con el cambio de gobierno autonómico en 2015, el Botànic intentó reactivar la infraestructura manteniendo su uso educativo. En 2019 se planteó trasladar allí la Escuela Superior de Danza y la de Arte Dramático. La propuesta no pasó del plano político. No se consignó partida presupuestaria ni se reanudaron las obras. El último intento serio llegó en 2023. En febrero, la Conselleria de Educación se comprometió a integrar el auditorio en el Pla Edificant para convertirlo en Conservatorio Profesional de Danza de València. En mayo de ese mismo año se aprobó la delegación de competencias al Ayuntamiento de Manises por 10,4 millones de euros, con un plan de anualidades entre 2024 y 2027. Por un instante, el municipio volvía a ver la luz al final del túnel.
Pero el cambio de gobierno autonómico tras las elecciones de 2023 volvió a alterar el guion. El 15 de abril de 2024, la Dirección General de Infraestructuras Educativas comunicó la suspensión cautelar de la delegación de competencias. El 6 de junio, la revocación fue notificada como definitiva, desestimando las alegaciones del consistorio y retirándole los más de 10 millones previstos. El Consell del ex president, Carlos Mazón, justificó la decisión en una serie de informes técnicos que señalaban la "falta de necesidad" de rehabilitar el auditorio y defendió que esos fondos debían priorizar otros centros educativos de la localidad, por ejemplo, el CEIP Joan Fuster.
La realidad es que, más de un año después de aquel anuncio, no se vislumbra mejora alguna ni en este ni en ningún otro colegio de Manises. Así lo han denunciado desde el propio Ayuntamiento en múltiples ocasiones, que ha presentado un recurso contencioso-administrativo al considerar "arbitraria" la retirada de la delegación de competencias. Pero, mientras el litigio sigue su curso, el Auditorio Pepe Sancho permanece en el mismo punto en el que quedó en el año 2011, cuando se paralizaron las obras.
"Frustración" por las obras inacabadas
Desde el Área de Urbanismo insisten en que, a estas alturas, la infraestructura requeriría prácticamente una intervención integral. "Lleva parada desde 2011 y habría que hacerla de cero", señalan fuentes municipales. Para una administración con un presupuesto que apenas supera los 30 millones de euros, culminar en solitario una actuación de esta envergadura resulta inviable sin el respaldo de la Conselleria de Educación. En el plano personal, el concejal de Urbanismo, Guillermo Martínez, admite la carga emocional que supone el edificio.

- El concejal de Urbanismo, Guillermo Martínez, durante una entrevista con Valencia Plaza. - Foto: MARGA FERRER
"Es una pena. A mí personalmente me da frustración ver que el Ayuntamiento no tiene capacidad para acabarlo", explica Martínez, aludiendo a la sensación de impotencia que le genera contemplar una obra faraónica bloqueada. En su día, el ex alcalde, Jesús Borrás, que volverá a asumir la vara de mando en junio conforme al pacto de gobierno suscrito en 2023, ya reflexionó en este diario sobre el desajuste entre la ambición del proyecto y la realidad del municipio. "Si se hubiera hecho la escuela tal y como estaba pensada no habría estado mal; habría animado la economía del pueblo. Pero se ha quedado a mitad. Ya parecía demasiado grande para lo que se quería hacer", apuntó Borrás.
Lo cierto es que Manises ya tiene un auditorio en funcionamiento, el Germanies, con cerca de 500 butacas. El nuevo auditorio iba a duplicar esa capacidad en un municipio que vive a la sombra cultural de València. La pregunta, por tanto, es si alguna vez fue necesario. Del sueño de Pepe Sancho queda una estructura blanca y gris que afeita el paisaje junto a la Plaça de la Llenya, donde se ubica el Mercado Municipal. Recuerda, cada día, la época de las grandes promesas políticas y los plazos de ejecución que se anunciaban a la ligera, con cierto optimismo temerario.
