VALÈNCIA (EFE). Los muestreos realizados en el último año por la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) para evaluar el impacto de la dana de octubre de 2024 en la calidad de las aguas continentales, especialmente en el entorno de l'Albufera, "no detectan parámetros alarmantes", y el lago ha vuelto a recuperar el estado previo a la riada, "que ya era muy vulnerable".
La CHJ ha finalizado los trabajos de campo del estudio puesto en marcha en febrero de 2025, unos muestreos que han permitido analizar más de 250 parámetros en masas de agua superficiales y subterráneas, así como en sedimentos en las cuencas del barranco del Poyo y río Magro.
Los muestreos se han prolongado durante un año completo, con campañas mensuales de toma de muestras que han permitido recopilar información detallada sobre la evolución de la calidad de las aguas superficiales, subterráneas y los sedimentos fluviales, según un comunicado de la CHJ.
Con la finalización de esta fase comienza ahora el trabajo de análisis y evaluación pormenorizada de los datos, cuyas determinaciones y resultados permitirán extraer conclusiones definitivas sobre la posible afección producida por el episodio.
Durante este periodo se han recogido muestras en distintos puntos del sistema hídrico vinculado a l’Albufera (16 acequias del entorno y cuatro puntos dentro del lago), también en cuatro puntos fluviales (dos en el río Magro, uno en el barranco del Poyo y uno en el río Buñol), así como en trece puntos de control de aguas subterráneas. A ello se suma la recogida de sedimentos en los cuatro puntos fluviales.
Pese a que el análisis completo de la información todavía no ha concluido, los primeros resultados disponibles indican que las afecciones no han sido tan importantes como se esperaba.
No se ha encontrado ningún resultado alarmante
Según explica la Jefa de Servicio en el Área de Calidad de las Aguas, Concha Durán, los datos preliminares indican que no se han detectado "concentraciones excesivamente altas entre los más de 250 parámetros analizados. Pese a que todavía no tenemos resultados concluyentes, sí podemos decir que no hemos encontrado ningún resultado que nos haya alarmado”, señala en el comunicado.
En la actualidad, las masas de agua superficiales analizadas presentan una situación estable y similar a la que existía antes del episodio. Sin embargo, durante los primeros días posteriores a la dana del 29 de octubre sí se registraron alteraciones puntuales asociadas al arrastre de materiales provocado por las lluvias torrenciales.
“Se detectó un aumento de los sólidos en suspensión debido a la escorrentía, así como una mayor presencia de nitrógeno y fósforo. Esta situación estuvo relacionada, en buena medida, con el vertido de aguas procedentes de depuradoras que dejaron de funcionar temporalmente durante la emergencia”, explica Durán.
Aguas subterráneas
Respecto a las masas de agua subterráneas, los primeros datos apuntan a que prácticamente no se han producido afecciones, según el comunicado de la Confederación Hidrográfica del Júcar.
No obstante, indica que conviene recordar que la evolución cualitativa en este tipo de sistemas (acuíferos) es mucho más lenta, por lo que será necesario mantener el seguimiento durante más tiempo para confirmar definitivamente esta tendencia.
Por su parte, los resultados correspondientes al análisis de sedimentos todavía se encuentran en proceso de evaluación.
En cualquier caso, añade, los datos preliminares reflejan la capacidad de recuperación de la naturaleza, y señala que el ejemplo más claro está en el lago de l’Albufera, un ecosistema que ha ido estabilizándose progresivamente hasta recuperar una situación similar a la que presentaba antes del episodio.
El lago de l'Albufera ha recuperado el estado previo a la Dana
“Quizás podríamos pensar que la dana habría provocado daños tremendos en l’Albufera, pero no ha sido así. El lago ha vuelto a recuperar el estado previo a la dana, que ya era muy vulnerable”, explica Durán.
A lo largo de este año continuarán los trabajos de seguimiento ordinario de la calidad de las aguas, que incluyen el análisis de indicadores biológicos como el fitoplancton o la clorofila.
Este tipo de parámetros permite obtener una visión más amplia de la evolución del ecosistema, ya que las comunidades biológicas reflejan los efectos acumulados de la contaminación a lo largo del tiempo.
La comparación con los datos de campañas anteriores ofrecerá, con mayor precisión, los efectos que haya podido tener la dana sobre la calidad de las aguas continentales.