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TRIBUNA LIBRE

Fallas todo el año

Publicado: 09/04/2026 · 08:33
Actualizado: 09/04/2026 · 08:33
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Las Fallas no generan nuevos problemas durante un período de tiempo acotado, sino que agravan los que ya se dan durante todo el año en una ciudad instalada en el colapso permanente. Por eso es pertinente hacer un balance de las Fallas como una tarea no acotada únicamente al mes de marzo.

La obsesión por instrumentalizar y rentabilizar los actos de las Fallas y su repercusión, tanto dentro como fuera de la ciudad, ha llevado al gobierno municipal a renunciar al ejercicio de su responsabilidad en la ordenación de la convivencia y de los espacios públicos durante las festividades, así como durante el resto del año. El gobierno de Catalá está centrando su atención en favorecer a la red más próxima de lealtades, tejiendo una red clientelar sobre la que garantizar el futuro de su gobierno y complementando esta visión empobrecedora y reduccionista con una orientación internacional que reduce València a un producto de mercado.

Cualquier actividad pública que tenga una incidencia desproporcionada sobre cualquier otro derecho, bien o interés público, como lo son la convivencia, la movilidad y el descanso, requiere de una planificación exhaustiva y que se anticipe a los problemas. Las Fallas requieren, precisamente, de una gestión planificada que haga visible ante la ciudadanía todo el peso y protagonismo de la acción pública como garante de los derechos y recursos que entran en colisión en un contexto de mercantilización de la ciudad. Reiteramos: no sólo en Fallas, sino durante todo el año.

Las Fallas, en consecuencia, agravan las deficiencias de gestión y los problemas estructurales que sufre la ciudad en el día a día. Sin ánimo de ser exhaustivos, hablamos del encarecimiento y la tensión sobre los precios del alquiler, el fomento del turismo de fiesta y borrachera, problemas de salud y salubridad pública en parte asociados por la falta de limpieza viaria, el colapso de los servicios de transporte público o el impacto en la contaminación acústica. Quien no tiene el privilegio de poder escapar de este sinfín de incomodidades se enfrenta a un duro ejercicio de supervivencia.

El actual modelo impide que quienes no participan activamente de la fiesta puedan disfrutar de la misma y, del mismo modo, dificulta que el tejido fallero pueda compartir su propuesta de ocio, cultura y fiestas con el resto de la ciudadanía de València, con sus propios vecinos y vecinas. De este modo, se da la paradoja de que las personas falleras se ven compartiendo las fiestas con turistas que desplazan al vecindario en un modelo de sanferminización que despersonaliza y homogeneiza la fiesta mediante prácticas que se alejan de un modelo popular, cívico, de alegría y convivencia amable en un contexto de diversión y creatividad. Una suerte de desconexión entre la ciudadanía valenciana que debe ser identificada, gestionada y neutralizada con urgencia por el Ayuntamiento, identificando los problemas actuales y su posterior solución a través de una planificación consensuada y estructural.

En un sentido positivo, y a modo de propuesta, urge pensar un nuevo modelo de gobernanza festiva basado en el diálogo a lo largo de todo el año mediante órganos de participación ciudadana estables y con mecanismos de convocatoria y funcionamiento efectivos destinados a garantizar la convivencia, la mediación y la gestión eficaz de la convivencia y de los usos de los espacios públicos, incluyendo normas claras sobre horarios, canales de incidencias operativos 24/7 y equipos de mediación vecinal–fallera para anticipar y reducir tensiones y molestias. También resulta preciso fijar límites a las actividades masificadoras y evitar que, de manera agravada a lo que sucede el resto del año, València se reduzca a un parque temático en el que vivir se convierte en una suma de distintas aventuras en el sentido más irónico de la expresión. Urgen medidas, en consecuencia, para garantizar el descanso, la movilidad, la accesibilidad y la reducción del ruido. Resulta fundamental, por tanto, equilibrar la fiesta con la vida cotidiana y los derechos del vecindario.

En materia de vivienda y turistificación, las medidas durante Fallas deben contextualizarse en una política estructural y ambiciosa en zonas tensionadas, mediante inspecciones reforzadas y sanciones a apartamentos turísticos ilegales, controlando los “pisos de fiesta” y elaborando un mapa de presión turística por barrios que sirva para cartografiar la ciudad durante el resto del año también.

Es preciso reforzar la limpieza con brigadas 24 horas, lavabos públicos suficientes y más contenedores con ubicaciones compatibles con la vida cotidiana. En movilidad, urge un plan EMT anti-congestión, garantizar corredores vecinales y proveer información en tiempo real del estado de la ciudad ante una situación de colapso que se extiende durante más de dos semanas completas. Todo ello con especial atención a personas vulnerables y con necesidades básicas, es decir, con criterios de sensibilidad social y atención ciudadana.

Con el propósito de garantizar unas Fallas seguras, feministas y diversas, cabrá incrementar el número de Puntos Violeta y Arcoíris, adoptar protocolos de atención y fomentar la formación para comisiones, empleados municipales y hostelería. Igualmente, resulta preciso reforzar la cultura popular mediante una agenda cultural de barrio, participación ciudadana real y alternativas laicas y sostenibles que recuperen el espíritu creativo, crítico y participativo de la fiesta. Finalmente, con el propósito de hacer valer la intervención pública en la regulación de la fiesta, el Ayuntamiento debe establecer incentivos públicos, sellos de calidad y programas municipales ejemplificadores para reconocer a las comisiones más comprometidas con la convivencia y los derechos.

Existe un consenso cada vez más generalizado sobre la necesidad de realizar una reflexión respecto asuntos clave que afectan a todos los vecinos y vecinas de València. La forma en que se privatiza el espacio público a través de las concesiones a casetas de diferente tipo, los horarios y duración de las festividades, o el régimen de limpieza durante y después de las Fallas se beneficiarían de un sano debate colectivo.

Las estructuras de decisión y gestión requieren de un proceso de democratización y modernización. Al respecto, desde Esquerra Unida tenemos varias posturas políticas claras que se suman a las anteriores: la necesidad de adoptar una tasa turística finalista para financiar los gastos que sobrecargan los servicios públicos durante las fiestas, regular la intensidad y frecuencia de la pirotecnia, y realizar pedagogía sobre el impacto en la ciudad del abuso alcohólico, entre otras.

Se trata de medidas que resultarían apropiadas en circunstancias de normalidad, pero que adquieren un carácter de urgencia en un momento en que la vulnerabilidad de la ciudad hace que la tensión derivada de las Fallas amplifique un catálogo cada vez más amplio de problemas estructurales que ponen en riesgo una ciudad viable y habitable. Es necesario repensar las Fallas para que supongan un evento que pueda disfrutar toda la ciudad, pues junto al tejido fallero, los vecinos y vecinas de València -y no los turistas- deben ser los protagonistas de las fiestas.

Bernabé Aldeguer Cerdá. Coordinador de EUPV València y Profesor Titular de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad de Valencia (UV)

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