En cata conspirada por dos Raúles, con Álvarez y sus locas ideas y bajo la dirección del grandioso Barroso. Con una selección de etiquetas de significado especial para ese bar de carretera que encandila al que lo pisa. A esta que lo cuenta, muchos años ha, cuando volviendo de la preciosa Arrayán pisó por primera vez el paraíso en carretera y sin manta. Y tan enamorados como nos fuimos seguimos, así que es un privilegio escuchar a su jefe y probar esos vinos que, nos cuenta, han marcado a su casa por motivos muy diversos, pero siempre llenitos de emociones. Empezando por La Ina Años 70,s (Grupo Caballero) que aúna jerez y vejez. Bestiecilla indomable a la vez que amable, porque conserva el sabor de su niñez. Ese anciano incansable que cuenta historietas repletas de anécdotas y enseñanzas. Con capacidad de concentrarse hasta la extenuación sin pedir perdón. Porque es sabedor de su fuerza y, aun sin la necesidad de nada más, se verá reforzado con esos famosos torreznos.
Le toca salir a la palestra a nuestro muy querido Primi para hablar de su Socaire 2018 Magnum (Bodegas Primitivo Collantes), cómo no. Porque es punto de inflexión. Reflexión que complementa a los clásicos de El Marco. Herencia de la sabiduría de una vida, con respeto y el mejor de los gustos. Albariza y palomino con rebeldía e identidad. La absoluta certeza en forma líquida y con las alcachofas delisiozas.
Al fin llega el gurbujismo con el Marguet Elements (Marguet) y el sabio y arqueólogo Enrique García. Porque el champagne es santo y seña de Las Esparteras y si es de la mano de los segovianos más marcianos, mucho mejor. No sabemos si á la volé, pero con degüelle diciembre de 2011, esto es cosa lunática. Bollería sin ninguna tontería. En magnum, sin dosage y con todo el coraje. Pinot noir y chadonnay haciendo bonito cualquier momento y en nuestros pensamientos con los guisantes con huevo y trufa que nos descoyuntan las compis de mesa.