VALÈNCIA. Más allá del centro histórico o la fachada marítima, prácticamente ningún barrio de la ciudad de València escapa ya a la reconversión de bajos comerciales en apartamentos turísticos. Una realidad que sumada a la crisis de vivienda, el auge del turismo y la desaparición del comercio de proximidad está generando un clima de animadversión entre la ciudadanía hacia este tipo de proyectos turísticos y tensionando la convivencia vecinal.
Para muchas comunidades de vecinos la transformación de la planta baja de su edificio ya no se percibe como una actividad más, sino como una amenaza a su modelo de vida y a la cohesión del barrio. Cada vez es más frecuente ver comunidades de propietarios que se organizan con sus asociaciones de barrio, consultan a administradores de fincas, cuelgan pancartas en las balconadas y agotan todas las vías a su alcance para intentar frenar este tipo de proyectos. Sin embargo, denuncian sentirse en una situación de indefensión frente al músculo económico y legal de las promotoras.
En varias fincas de barios como Ciutat Fallera, Patraix, el Cabanyal, Ayora o Ruzafa el conflicto ha estallado incluso antes de que estos alojamientos comiencen a operar y ya en el desarrollo de la obras se han producido problemas cuando los vecinos descubren irregularidades sobre la marcha como ventanas abiertas sin permiso hacia patios de luces o zonas comunes, trazados de cableado y tuberías que atraviesan los garajes comunitarios sin autorización o modificaciones en las fachadas.

- Fachada del edificio de Ciutat Fallera con los ventanales de los alojamientos turísticos.
- Foto: VP
Este es el caso de dos comunidades de propietarios de la zona nueva de Benicalap, justo al lado de Ciutat Fallera. Según explican los propios vecinos de uno de los edificios de la calle Carlos Cortina donde hay proyectados unos 40 alojamientos, pese a que la empresa promotora cuenta con licencia para la obra, se han realizado intervenciones sobre los elementos comunes de la finca sin consultar ni informar a la junta de propietarios.
Reprochan que la empresa ha modificado elementos de la fachada instalando grandes ventanales sin permiso y que incluso han perforado el garaje comunitario para pasar tuberías hacia los futuros alojamientos. Durante estos trabajos, según afirman los afectados, se llegaron a desconectar los sensores del sistema de extinción de incendios del aparcamiento, y uno de los propietarios llegó a encontrarse su vehículo dañado con restos de yeso caídos de la obra.
Miedo al impacto en la seguridad y la vida del bloque
A las irregularidades en las instalaciones se suma la preocupación por la seguridad y la convivencia. Los testimonios recogidos apuntan a que la promotora está abriendo ventanas orientadas directamente a las zonas comunes de este residencial cerrado. Los vecinos temen que estas aperturas permitan el acceso no controlado de los futuros inquilinos a las áreas ajardinadas y de paso donde habitualmente juegan los niños del bloque. Además, advierten de que la construcción de varios altillos en el interior del local podría sobrecargar la estructura y terminar provocando daños en los forjados a futuro.
Tal como afirman los residentes de la zona, el caso de la calle Carlos Cortina no es una excepción. En este barrio se ha multiplicado la reconversión de locales en apartamentos turísticos. De hecho, en otro residencial a escasos metros, en la calle Encarna Albarracín, también denuncian que durante las obras para un hostel de 22 habitaciones en sus bajos comerciales, la empresa está abriendo ventanas a las zonas comunes sin ningún tipo de permiso de la comunidad.
Representantes de ambas comunidades aseguran que llevan meses batallando y que han contactado en varias ocasiones con la Policía Local y han presentado instancias al Ayuntamiento de València sin éxito. “No sabemos qué hacer, nos sentimos indefensos”, denuncia una de sus vecinas.

- Protesta de los vecinos de la calle Calamocha. Foto: VP
Un caso similar sufren también los vecinos de la manzana comprendida entre las calles Calamocha y Ramón de Castro en Patraix que hace unos meses se movilizaron hasta en dos ocasiones para intentar frenar el proyecto que ha convertido los bajos comerciales y patio interior de sus edificios en un coliving de 14 apartamentos turísticos con piscina.
Unas obras que también generaron molestias en estas comunidades de vecinos, que denunciaron que la empresa realizó canalizaciones por los garajes sin permiso e incluso forzaron la puerta del aparcamiento para poder acceder ante el rechazo de los vecinos. Vecinos de estos edificios señalan que los apartamentos están operando bajo licencia de alquiler de corta estancia (más de 11 días) aunque alertan de que no se está cumpliendo este periodo y detectan una rotación de huéspedes mucho mayor. Desde esta comunidad relatan que están inmersos en actos de conciliación previos a la vía judicial, una salida que no descartan.
Safranar, uno de los primeros casos mediáticos
También en Patraix, en este caso en la zona de Safranar, se produjo hace un año una de las movilizaciones más mediáticas de una comunidad de vecinos contra el proyecto de unos bajos turísticos. Vecinos del residencial Nicet Patraix en la calle José Roca Coll mantuvieron un pulso con la empresa y las distintas administraciones contra la instalación de lo que consideran un "hotel horizontal" que no cuenta con el permiso de la comunidad pese a lo que establece la Ley de Propiedad Horizontal desde abril de 2025.
Otro de los episodios de mayor tensión se vivió en mayo de 2025 cuando vecinos de varias fincas de la calle Poeta Mas y Ros en el barrio de Ayora protagonizaron una sentada para intentar paralizar las obras de un proyecto de apartamentos turísticos en el que la empresa había abierto unos lucernarios en la terraza comunitaria sin permiso de la propia comunidad. Un caso que ha acabado doblemente judicializado y en el que siguen pendientes de la sentencia sobre la propiedad de la terraza. De hecho, la empresa llegó a denunciar a una de las vecinas que lideró las protestas.

- Concentración en Ruzafa en contra de la construcción de pisos turísticos.
- Foto: JUAN TEROL
En el barrio de Ruzafa, una de las zonas con mayor presión turística de la ciudad, la movilización vecinal consiguió paralizar un proyecto para instalar 43 apartamentos turísticos y un aparcamiento en los bajos de una manzana del corazón de barrio. Tras conocerse el proyecto para construir estos alojamientos turísticos, tal y como publicó Valencia Plaza, las distintas comunidades de propietarios afectadas y vecinos del barrio se movilizaron y finalmente el Ayuntamiento de València anunció que denegaba la licencia porque el proyecto no cumplía los requisitos legales.
Normativas "insuficientes" e "indefensión"
Pese al amparo teórico que supuso la reforma de la Ley de Propiedad Horizontal al otorgar derecho de veto a las juntas de propietarios, en la práctica la mayoría de estos vecinos admiten sentirse desorientados e indefensos. Y es que muchos proyectos esquivan los límites al uso turístico amparándose en fórmulas jurídicas como los colivings o el alquiler de corta estancia (de más de 11 días), figuras que quedan fuera de la regulación restrictiva pero que en la práctica implican un uso turístico de los alojamientos.
Reprochan que la nueva normativa municipal del Ayuntamiento de València —autobautizada por el gobierno local como “la más restrictiva de España”— está resultando insuficiente para frenar la proliferación de estos alojamientos.