VALÈNCIA. Cuando un partido en la oposición cambia de liderazgo a mitad de legislatura, el relevo suele traer consigo una situación incómoda: el nuevo jefe está llamado a disputar el poder desde fuera de la institución que aspira a gobernar. Le ocurrió a Alberto Núñez Feijóo tras sustituir a Pablo Casado al frente del PP; le pasó a Carlos Mazón cuando relevó a Isabel Bonig y tuvo que confrontar con Ximo Puig sin escaño en Les Corts; y hoy le sucede tanto a Diana Morant como a Pilar Bernabé en el PSPV.
Esta situación obliga a los nuevos liderazgos a jugar en dos tableros a la vez. Por un lado, se ven forzados a delegar la confrontación directa en sus portavoces institucionales, asumiendo que el foco político y mediático recaiga sobre otros. Por otro, se afanan en activar todos los mecanismos posibles de visibilidad para que el electorado empiece a asociar su nombre con la institución que aspiran a dirigir en los siguientes comicios.
La maquinaria comunicativa se pone al servicio de la operación 'Bernabé candidata'
En el caso del PSPV-PSOE en la ciudad de València, su secretaria general, Pilar Bernabé, ya actúa como candidata oficiosa a la Alcaldía del Cap i Casal, aprovechando los huecos que le dejan su agenda como delegada del Gobierno y como secretaria de Igualdad del PSOE. Un objetivo para el que, de un tiempo a esta parte, se ha puesto a trabajar la maquinaria comunicativa del partido y, también, la del grupo municipal socialista, que en este caso comparten responsable.
Sin embargo, la particular situación orgánica del PSPV de València tensa el encaje de la operación 'Bernabé candidata’ en un grupo municipal prácticamente en situación de interinidad. No es ningún secreto que la relación entre Pilar Bernabé y parte del actual grupo municipal, especialmente los ediles más próximos a la anterior secretaria general, Sandra Gómez —los conocidos como pelayos, entre los que se encuadra el actual portavoz municipal, Borja Sanjuán—, no atraviesa su mejor momento. Una tensión soterrada que ayuda a entender alguno de los movimientos que se han producido últimamente en el seno del grupo municipal.

- El portavoz municipal, Borja Sanjuán y la secretaria general, Pilar Bernabé. -
- Foto: PSPV
Tras la salida de la concejal María Pérez, la reestructuración interna del grupo municipal ofrecía una oportunidad para redistribuir protagonismos. Se planteó que Sanjuán, uno de los perfiles más técnicos del grupo, asumiese las áreas de Movilidad o Urbanismo, en cambio Bernabé descartó esta opción y optó por reforzar el perfil de Elisa Valía, dirigente vinculada a la corriente del secretario general provincial, Carlos Fernández Bielsa, y el de Maite Ibáñez, una edil a la que la delegada percibe como más comprometida con su proyecto.
Fin de un ciclo
No en vano, en las últimas semanas, el sector pelayo ha perdido a dos piezas relevantes —la propia María Pérez y el asesor del grupo, Juan Gabriel Martínez— por motivos profesionales distintos, pero con un trasfondo que apunta a la percepción de fin de etapa. En el entorno de estos ediles se ha ido asentando una sensación de interinidad, alimentada por la convicción de que el proyecto político que se está articulando en torno a Pilar Bernabé no cuenta con ellos como perfiles de referencia. Esta percepción condiciona el clima interno del grupo, donde conviven -no sin cierta fricción- quienes asumen que la legislatura puede ser su último ciclo, circunstancia que suele lastrar la motivación, y quienes trabajan alineados con la operación ‘Bernabé candidata’.

- Pilar Bernabé en una visita al mercadillo de la Saïdia. -
- Foto: PSPV
La oposición institucional y la 'aspiracional'
El resultado empieza a ser una oposición a dos velocidades. Por un lado, la institucional, ejercida por los concejales socialistas que fiscalizan al gobierno de María José Catalá desde el Ayuntamiento. Por otro, una oposición aspiracional, protagonizada por perfiles afines a Bernabé que hoy no tienen acta, pero que empiezan a posicionarse públicamente como parte de una carrera con meta en las listas electorales de 2027.
Esta dualidad se refleja también en el terreno donde hoy se libra buena parte de la comunicación política: las redes sociales. El protagonismo comunicativo en los perfiles oficiales del partido se inclina a promocionar a Bernabé y sus afines. Un ejemplo revelador se produjo el pasado martes: mientras Bernabé comparecía en el Senado en la comisión de investigación de la Dana, en su condición de delegada del Gobierno, el Ayuntamiento de València celebraba su pleno ordinario de enero.
Sin embargo, desde la cuenta de X (Twitter) del PSPV local se difundieron numerosos mensajes con vídeos sobre la comparecencia de Bernabé, mientras que no se publicó ninguna de las intervenciones de los concejales socialistas en el pleno. Una ¿casualidad? en ocasiones bidireccional. Pues no parece precisamente haber calado entre los concejales del sector pelayo la costumbre —siempre apreciada en cualquier organización política— de amplificar en redes sociales la actividad de la líder.
En todo caso, las transiciones políticas nunca son sencillas puesto que requieren una incómoda gestión de las expectativas de unos y otros. Un equilibrio que no siempre se consigue (o se persigue) pero que en cualquier caso genera tiranteces. Y, a la vista de los hechos, el PSPV en la ciudad de València tampoco parece escapar a las tensiones propias de este interregno.