VALÈNCIA. La nueva regulación de usos turísticos de València, que entrará en vigor el próximo mes tras dos años de moratoria de licencias, incluirá una excepción para aquellos proyectos turísticos que impliquen la rehabilitación integral de edificios protegidos. Esto significa que aquellos edificios con protección patrimonial podrán destinarse a uso turístico aunque se encuentren en zonas que superan los límites de saturación fijados por la nueva norma, siempre y cuando supongan una conservación y reforma total del inmueble.
El cambio se ha introducido tras el periodo de alegaciones y afecta a inmuebles catalogados como Bien de Interés Cultural (BIC), Bien de Relevancia Local (BRL) o con nivel de protección integral. En estos casos, el Ayuntamiento permitirá su uso turístico siempre que se trate de edificios completos y que la actuación esté vinculada a una rehabilitación integral. La medida supone, en la práctica, no aplicar los límites—los conocidos como 'cinco candados'— en estos supuestos concretos. Así, incluso en barrios o zonas donde no se concederían nuevas licencias por exceso de saturación, sí podrán autorizarse proyectos si cumplen con esta doble condición de protección patrimonial y recuperación total del edificio.
Incentivar la recuperación de patrimonio
El objetivo de esta excepción persigue incentivar la rehabilitación de patrimonio en mal estado de conservación mediante un mecanismo que permita hacer viables económicamente este tipo de intervenciones.La posibilidad de destinar estos inmuebles a uso turístico se plantea como una herramienta para atraer inversión privada y facilitar su recuperación, en un contexto en el que muchas de estas fincas históricas presentan dificultades para afrontar procesos de rehabilitación de gran envergadura.
Por ello, la excepción queda acotada a operaciones que requieren un cierto músculo inversor, ya que exige que el uso turístico se implante en edificios completos y no en viviendas individuales dentro de fincas residenciales, lo que implica actuaciones de rehabilitación integral.

- Vista aérea de València.
- Foto: KIKE TABERNER
Una normativa basada en los 'cinco candados'
Esta excepción se inserta en una normativa concebida, según el gobierno local, para limitar la expansión de los apartamentos turísticos en la ciudad.
El modelo se articula a través de los llamados “cinco candados”, un sistema de filtros que se superponen y que impiden la concesión de nuevas licencias cuando se superan determinados umbrales. En esencia, la norma bloquea cualquier nuevo uso turístico si en un barrio ya se ha alcanzado el 2% de viviendas destinadas a este fin, si en una misma manzana se supera el 5% o si el número de plazas turísticas rebasa el 8% de la población empadronada, estableciendo así varios niveles de control territorial que actúan de forma simultánea.
A estos límites se suma un cuarto filtro que restringe la implantación de actividad turística en planta baja, de manera que solo una parte de los locales puede destinarse a este uso (el 15%), y un quinto que regula las condiciones de implantación dentro de los edificios, obligando a que se sitúen en plantas bajas o primeras, sin convivencia directa con vecinos y con acceso independiente desde la calle.
La propia lógica de la norma es que los distintos umbrales actúen de forma acumulativa, de modo que bastaría con incumplir uno de ellos para que no se pueda obtener licencia. En este contexto, la nueva excepción introduce un elemento de flexibilidad, orientado a edificios protegidos que requieran una intervención integral.