X AVISO DE COOKIES: Este sitio web hace uso de cookies con la finalidad de recopilar datos estadísticos anónimos de uso de la web, así como la mejora del funcionamiento y personalización de la experiencia de navegación del usuario. Aceptar Más información
GRUPO PLAZA

la nueva hornada de escritoras de ciencia ficción

Venidas de Andrómeda

En un género tradicionalmente dominado por hombres como es el de la ciencia ficción, el colectivo Artemisa ha conseguido un hueco. Siete escritoras de la Comunitat Valenciana que ya se están reivindicando

22/09/2019 - 

VALÈNCIA. No se exagera un ápice si se señala València como uno de los epicentros de la literatura de ciencia ficción en España. Puede resultar un tanto extraño dada la preponderancia de la industria editorial radicada en Barcelona y Madrid, pero se debe al papel que jugó en los años cincuenta la capital del Turia a la hora de producir novelas de género destinadas a nutrir los estantes de todo el país (véase el número 52 de Plaza). Lejos de quedar como un fulgor momentáneo, desde el cap i casal han surgido figuras relevantes, como el también cineasta Juan G. Atienza, volcado en una vertiente más social y encaminado a una franja de mercado más intelectual, como marcaba la colección Nebulae que acogió sus escritos de anticipación en los años sesenta. Cabe mencionar a Gabriel Bermúdez Castillo, probablemente la pluma de más prestigio en los años setenta, natural de València pero desplazado a Zaragoza en su infancia. Nos dejó en mayo de este año, en Elche. Quedan al menos algunas de sus novelas, Viaje a un planeta Wu-Wei o El señor de la rueda entre otras, como jalones indispensables.   

Las páginas de la revista Nueva Dimensión (1968-1983) acunaron a dos autores valencianos, Javier Redal y Juan Miguel Aguilera, llamados a revolucionar el panorama literario al plantear escenarios interestelares con tal ambición que dejaron boquiabiertos a propios y extraños. De finales de los ochenta datan sus novelas Mundos en el abismo e Hijos de la eternidad, que firmaban al alimón. Años más tarde el escritor Eduardo Vaquerizo al referirse a estas obras recalcaba que, a diferencia del cine, no hacía falta grandes presupuestos: «Era una pastilla de papel». Era, en efecto, cuestión de talento.

Lea Plaza al completo en su dispositivo iOS o Android con nuestra app

Cuatro generaciones de literatos y, sin embargo, teníamos una locomotora a medio gas, faltaba la representación femenina. Evidentemente, como causas de esa ausencia palmaria subyacía una serie de factores, cuando en los Estados Unidos por aquel entonces escritoras como Lois McMaster Bujold y Connie Willis estaban en la cresta de la ola, encabezando la renovación del género. El mencionado Juan Miguel Aguilera entendió la necesidad, con el cierre de siglo, de poner remedio, siquiera momentáneamente: «En ese momento, la ciencia ficción española era un género masculino. La única mujer que escribía ciencia ficción era Elia Barceló. Y lo hacía de maravilla, pero te preguntabas cuántas buenas escritoras como Elia había por ahí, fuera de nuestro foco. En EEUU, ya empezaban a acaparar los premios y aquí parecía que íbamos muy por detrás. El año 2000 fue muy especial para mí, fue el año en el que empecé a publicar en Francia y el año en el que me fui a Hollywood para rodar mi película de ciencia ficción espacial. Y también fue el año en el que me ofrecieron seleccionar la antología Visiones, mi visión de la ciencia ficción. Y mi visión era que había que encontrar nuevas firmas femeninas. A pesar de mis esfuerzos, solo conseguí incluir un 25% de escritoras. Era mucho para la época pero a mí me parecía insuficiente». 

* Lea el artículo completo en el número de 59 de la revista Plaza

Noticias relacionadas

next

Conecta con nosotros

Valencia Plaza, desde cualquier medio

Suscríbete al boletín VP

Todos los días a primera hora en tu email