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Vicente Carpio: «Se siguen colocando productos de escaso valor»

El rumbo profesional de Vicente Carpio viró en 2003, cuando Rafa Carrau le ficha como director de Tesorería de Crèdit València. Un tándem que más tarde daría lugar a Finest Portfolio Ideas

| 14/10/2019 | 4 min, 51 seg

VALÈNCIA.- Gallego de nacimiento y valenciano de adopción, Vicente Carpio García (Santiago de Compostela, 1970) se licenció en Económicas por la Universidad de Alcalá de Henares. Una carrera «muy teórica, con muchos modelos macro y microeconómicos, cálculo infinitesimal, álgebra lineal» explica puntualizando que «especializarme en mercados financieros me estimulaba». Comenzó a trabajar en la mesa del Mercado Interbancario en el grupo Ahorro Corporación Financiera para luego pasar por el departamento de Inversiones de la Mutualidad de Arquitectos hasta que en 2003 su vida laboral dio un giro radical al ficharle Rafael Carrau como director de Tesorería de Crèdit València, una pequeña cooperativa de crédito que con la dupla Carrau-Carpio vivió sus mejores momentos.

«Rafa es una persona transparente, honesta y leal, que me ayudó a darle un gran empujón a mi carrera, confió en mí y me dejó trabajar igual que lo hacía con el resto de su equipo directivo», reconoce este apasionado de la música y guitarrista del grupo valenciano de rock Feel Spectros —«tocar la guitarra me permite evadirme del día a día laboral porque puedo pasar horas tocando y no pensar en nada»—.

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También fanático de la NBA, cuenta cómo surgió el ‘matrimonio’ con Carrau: «Tenía poco más de treinta años, siempre había estado vinculado a los mercados financieros y me ví con la formación necesaria como para ponerme delante de una tesorería de un volumen relevante». Fue en 2012 cuando ambos abandonaron el Grupo CRM —donde se había integrado Crèdit València— y decidieron poner en marcha Finest Portfolio Ideas, una firma de asesoramiento financiero independiente. «Crear nuestra propia empresa de asesoramiento y consultoría, sumando mi experiencia en la gestión y la de Rafa en la alta dirección bancaria y en el mundo del derecho, era muy apetecible», comenta.

Entre trabajar a ‘pie de obra’ en los mercados financieros o hacerlo en el asesoramiento financiero no tiene duda: «Me quedo con el asesoramiento, con el contacto con el cliente. Ya no se trata de grandes masas monetarias invisibles que van de un sitio a otro a través de cámaras de compensación, ahora hablo de la ayuda en la gestión del patrimonio familiar, de ahorros, de planificación, de objetivos vitales. Es mucho más satisfactorio; el resultado se puede pesar y medir».

Para quienes quieran dedicarse a este competitivo sector, como es el financiero, su consejo es prepararse para un viaje emocionante leyendo mucho a los grandes inversores, aprendiendo a interpretar cifras de negocios y datos económicos, y les recomienda mucha reflexión a la hora de tomar decisiones pero también paciencia para esperar resultados. «También ayuda tener los nervios de acero; aunque parezca lo contrario, los nervios no son buenos compañeros de viaje en este sector y como decíamos en Ahorro Corporación ‘un operador nervioso es un operador muerto’».

Preguntado sobre si sigue habiendo malas praxis en el sector, Carpio frunce el ceño y manifiesta que «se siguen colocando productos de escaso valor como por ejemplo el caso de los fondos garantizados o los de rentabilidad objetivo. La MIFID II debería haber prohibido los regalos que las entidades financieras ofrecen a sus clientes por contratar planes de pensiones o fondos mediocres con compromisos de permanencia muy larga. Eso lo considero malas praxis».

Asimismo, tiene claro que el asesoramiento financiero «debería ser tan cotidiano como tener un abogado de confianza, un mecánico o un médico de cabecera, pero la gente aún piensa que se trata de un servicio por el que no merece la pena pagar, sin saber lo caro que puede salir no tenerlo. La normativa MIFID II tampoco ayuda, especialmente a los pequeños patrimonios que no tienen acceso a los servicios de asesoramiento».

«La MIFID II debería haber prohibido los regalos que las entidades financieras ofrecen a sus clientes por contratar planes de pensiones o fondos mediocres»

Por otro lado, su visión sobre los ‘tipos cero’ es de «una anomalía que debe ser erradicada lo antes posible por la autoridad monetaria. De ella es la responsabilidad de fomentar burbujas como la inmobiliaria o la de la deuda, y de mantener unos tipos de interés reales negativos que empujan a los ahorradores más conservadores a coger unos riesgos que en condiciones normales nunca habrían asumido».

Pero además de su faceta de asesor, guitarrista y con un tercer hijo en camino —«tengo mucho trabajo pero también reparto juego», dice sonriendo— está su faceta de empresario con un componente sentimental: Jalancina. Se trata de la histórica firma de fabricación de mermeladas, almíbares y confituras artesanales gourmet fundada hace casi un siglo por su bisabuelo. «Sería absurdo negar que también lo hice por razones puramente empresariales, pero en mayor medida fue por romanticismo. Jalancina ha llevado por todo el mundo el nombre de Jalance, un pequeño pueblo casi desconocido del interior de Valencia. Me debía a mi familia, a los empleados y al pueblo; sabía que me estaba complicando la vida pero decidí seguir adelante y compré la empresa. Sobrevivimos porque tenemos un producto excepcional y creemos en la empresa».  

* Este artículo se publicó originalmente en el número 60 (octubre 2019) de la revista Plaza

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