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Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Bellas Artes

Vicente Patón: «Estamos condenados a una muerte lenta y agónica»

21/09/2018 - 

VALÈNCIA.-El almacén de tránsito del IVAM es una cámara secreta a la que acceden muy pocos privilegiados. Situado en el sótano del museo, aquí se guardan obras únicas, desde un Matisse a un Pollock, antes de partir a nuevo destino donde desnudarse ante el público. Entre ellas pasea Vicente Patón, quien desde hace décadas ejerce como presidente del Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Bellas Artes y Profesores de Dibujo de la CV (Cobaval). Su carrera profesional está ligada a las aulas de instituto, pero la pasión que late en él es la escultura. Admira el trabajo de Ciriaco, cree que el mejor museo de València es el San Pío V y valora la aportación —que no la ejecución— de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Ahora bien, pone la lupa sobre un tema concreto: la necesidad de fortalecer el colectivo pues de lo contrario está abocado a desaparecer.

— ¿De dónde nacen los colegios de Bellas Artes?

— De las agrupaciones de Profesores de Dibujo, que en 1955 piden al Ministerio conformarse como colegio. Al principio había cuatro adscripciones, que luego empezaron a segregarse, y en la Comunitat fuimos los primeros en acogernos al formato autonómico. Nuestras funciones son el control deontológico, evitar el intrusismo y servir de órgano de consulta de la Administración.

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— ¿Y les consultan?

— Hemos negociado todas las reformas educativas, pero creemos que la Administración pública ha hecho dejación de sus obligaciones. Hace 25 años era necesario estar colegiado para trabajar en un centro privado, pero hoy en día nadie lo exige. Tampoco cuando contratan a trabajadores públicos del sector. La Ley Ómnibus nos condenó a una muerte lenta y agónica, al eliminar la obligación de la colegiación en la mayoría de profesiones, excepto algunas intocables, y atribuirnos gastos de mantenimiento, servicios y publicidad financiados por las cuotas.

* Este artículo se publicó originalmente en el número 47 de la revista Plaza

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