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políticos al habla / OPINIÓN

Volatilidad y volantazos demoscópicos

5/02/2019 - 

Escribe Daniel Innerarity en El País que tenemos que aprender a vivir con menos certezas, con electorados imprevisibles y futuros más abiertos que nunca. El catedrático de Filosofía Política titulaba su artículo “El año de la volatilidad”. Una volatilidad de la que nos habla Innerarity y que se manifiesta en lo impredecible. Una circunstancia que hace fracasar a las encuestas, genera inestabilidad permanente, y aviva las turbulencias políticas…. No cabe ninguna duda de que los diversos fracasos en los pronósticos electorales pueden estar también contribuyendo a esa volatilidad.

La semana pasada tuve la oportunidad de conversar con el sociólogo Ignacio Urquizu. Él es de la opinión de la gran dificultad que presentan las encuestas en la actualidad, ya que las turbulencias constantes o bien las desorientan, o las dejan obsoletas de un día para otro.

¿Pero si no nos podemos fiar de las encuestas, cómo podemos tratar de analizar nuestra realidad? ¿Qué elementos nos ayudan a acertar con las mejores políticas?, ¿a saber qué esperan los ciudadanos de sus representantes?, ¿Cómo van a poder sociólogos y politólogos acertar en sus diagnósticos si trabajan con un material defectuoso o directamente caducado?.

Ignacio Urquizu junto a Ximo Puig en una imagen de archivo

No es nada fácil analizar los estudios electorales en tiempos de cambio. No hay que detenerse demasiado tiempo para comprobar que algo está pasando con los estudios cuando encuestas como las del CIS, o sin ir más lejos la misma de esta casa, sitúan a las fuerzas políticas, un mes en lo más alto y al siguiente en el pelotón de cola.

Muy probablemente estos tiempos de gran fragmentación política y de alta instantaneidad informativa van a provocar cambios de comportamiento electoral que dificulten seriamente la realización de estudios demoscópicos más aproximados a la realidad social.

No obstante, esos vaivenes o volantazos, pueden provocar movilizaciones en distintas direcciones del electorado. Si el resultado de una encuesta es demasiado óptimo para una opción política determinada puede provocar una desmovilización de su propio electorado. Y por el contrario, si los resultados de un estudio no son tan buenos para esa opción pueden tener un efecto movilizador. Indudablemente los estudios demoscópicos que se publican constantemente acabarán generando tendencias en una dirección o en la otra.

El presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), José Félix Tezanos. Foto: EFE

Lo acabamos de ver en las elecciones del 2 de diciembre en Andalucía, donde el PSOE -en la gran mayoría de los estudios publicados- registraba unos resultados que le permitían mantener la Junta. Sólo el CIS en su barómetro del mes de noviembre se desvió un 9,4% respecto del resultado final y le adjudicaba entre 45 y 47 diputados al PSOE, mientras que a la opción de Adelante Andalucía (AA) le pronosticaba 20 escaños, lo que situaba al bloque de progreso con un número de escaños, entre 10 y 12, por encima de la mayoría absoluta. ¿Pudieron provocar estos pronósticos un efecto desmovilizador en el electorado progresista?.

En este mismo estudio el CIS pronosticaba que VOX obtendría un 3,2% y el resultado final fue de un 10,97%. Once escaños por encima de lo que le otorgaba el CIS. Siendo justos diré que estos pronósticos, aunque no tan exagerados, también fueron adelantados y publicados en los medios de comunicación por diferentes empresas del sector. Incluso la ofrecida por GAD3 el 26 de noviembre, tan sólo 7 días antes de la cita electoral, pronosticaba una mayoría absoluta entre el PSOE y AA, mientras que a VOX sólo le otorgaba entre 3 y 4 diputados frente a los 12 que acabó consiguiendo.

¿De qué manera afecta entonces esta información demoscópica tan variopinta y poco fiable al diseño de las estrategias electorales en las campañas?. ¿Cómo influye en el comportamiento emocional del electorado? Son múltiples las respuestas que los expertos están ofreciendo desde los distintos espacios de reflexión. Una de las conclusiones más extendidas es que el electorado retrasa al máximo la decisión de su voto. Anteriormente se consideraba que las campañas movilizaban realmente entre un 3% y un 5% del voto, y que la gran mayoría de los ciudadanos al entrar en una campaña electoral ya tenía decidido su voto.

El filósofo y ensayista español Daniel Innerarity. Foto: EFE

Lo cierto es que al abrir este largo ciclo electoral, que arrancó con las elecciones de Andalucía y finalizará con las elecciones generales, vemos como se han importado nuevos mecanismos y estrategias electorales que incrementan la crispación y por tanto la confrontación política. La globalización de la información, su instantaneidad, la viralidad de las falsas noticias, sin duda, van a incrementar el nivel de incertidumbre entre el electorado. Y con esto no descubrimos nada, porque lo mismo lo hemos podido ver en el referéndum del Brexit, en las recientes elecciones de Brasil, e incluso en las presidenciales de Donald Trump.

No creo que todo esto sea responsabilidad única de las empresas demoscópicas sino más bien, como nos decía Innerarity, tendremos que aprender a vivir con electorados imprevisibles. Al tiempo que cabe pedir también a nuestros ciudadanos una dosis superior de responsabilidad electoral, conscientes de que ya nada esta escrito, por muchas encuestas que nos lo digan. Como bien pude leer el otro día, es “la hora de los cobardes… de declararse en retirada. Atemperados y moderados son más necesarios que nunca en tiempos de polarización”. Si, no caigamos en la trampa.

Alfred Boix es portavoz adjunto del PSPV en Les Corts


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