VALÈNCIA. Entre las calles aún hay resquicios de la València de los años 50. Bajo los rótulos antiguos y entre los murales escondidos se encuentra una historia de la ciudad que está deseando ser contada, y que ayuda a comprender el presente observando el pasado. Se cuenta con una actividad única que se enmarca dentro de la exposición Atreverse a más. Valencia antes del arte normativo. 1947-1960, una muestra comisariada por Joan Ramon Escrivà y Nacho París y que ahora se extiende a una actividad: Muralismo en València durante los años 50. Paseo urbano por algunos espacios clave. Un paseo que funciona bajo reserva y que tendrá lugar el martes 20 de enero a partir de las 17h.
Partiendo desde el museo Escrivà y París acompañarán ese día a todos los ciudadanos curiosos que quieran conocer la ciudad más a fondo, para comprenderla desde las obras arquitectónicas clave de los años cincuenta. Recorriendo zonas de difícil acceso público como los murales de Manolo Gil en el Ateneo Mercantil, los murales de Vento en el Palacio de la Generalitat, los murales de Michavila en la Agencia Tributaria o la Iglesia Virgen del Remedio que alberga obras de Joaquín Michavila, Nassio Bayarri y Esteve Edo ambos comisarios pretenden generar un recorrido único para conocer la ciudad desde sus cimientos con un encargo que llega desde el corazón del museo.
“Cuando nos llegó este proyecto tuvimos claro que teníamos que partir desde un proceso de investigación y puesta en valor. Aunque conozcamos algunos de los murales de la ciudad y a sus artistas tenemos que centrarnos en cómo configuran la historia de la ciudad y cómo podemos redescubrirlos”, explica París, “la actividad nos ayuda a acercar piezas de gran formato a la narrativa del museo y enlazan su historia con la de la muestra Atreverse a más. Valencia antes del arte normativo. 1947-1960”. Paseando por espacios de difícil acceso, Escrivà y París encuentran en esta actividad una oportunidad única para comprender la evolución artística de grandes nombres como Manolo Gil, Joaquín Michavila, Nassio Bayarri y Esteve Edo.

- Proyecto de decoración de la Iglesia de la Virgen del Remedio, 1959 de Nassio Bayarri -
- Colección Alberto Ferrer
“Vemos la evolución de estos artistas a través de su obra y de sus murales. Conforme avanza el paseo pasamos de ver trabajos más expresionistas como los de Nassio Bayarri hasta el mosaico abstracto que tiene Joaquín Michavila en la capilla de la comunión. Vemos una evolución clarísima en un escaso margen de tiempo que nos ayuda a aprender sobre ellos”, destaca Escrivà. Entre murales, los cuadros de la muestra Atreverse a más. Valencia antes del arte normativo. 1947-1960 y el paseo que se propone en la actividad organizada desde el IVAM los comisarios consideran que esta actividad puede apelar a todo tipo de públicos: desde los que conocen la muestra hasta los que están interesados por el arte escondido en la ciudad.
Para ambos, la actividad Muralismo en València durante los años 50. Paseo urbano por algunos espacios clave es un recorrido clave para comprender la importancia del arte público en la ciudad y la implicación de los artistas que lo generaban. “Con este paseo hablamos del impacto social del arte aplicado a lo colectivo. Actividades como esta subrayan la importancia de aprender más allá del museo, porque muchas veces el museo está en la calle y como esas obras no pueden entrar en las salas, el museo tiene la responsabilidad de ir a visitarlas -explica París- aunque la ruta podría ser mucho más larga de lo que es nosotros, como comisarios, elegimos una serie de murales muy significativos que ayudan a comprender mejor la exposición y las épocas en las que se desarrolla”.

- Iglesia de la Virgen del Remedio de Valencia del arquitecto Vicente Valls Abad -
- Joaquín Michavila, Nassio Bayarri, Esteve Edo, Andrés Cillero
Siguiendo la pista de los murales más emblemáticos de la ciudad Escrivà reflexiona también sobre como el arte del muralismo que siguen con esta muestra se refleja perfectamente en la ciudad de València y su extensa pasión por el street art. Tanto es así que contemplan que el muralismo de los años 50 y del 2026 tienen un mismo fondo en el que pretenden “comunicar una serie de significados y valores” aunque con el paso de los años “cambia el formato, la técnica y la actitud”, y que gran parte de la esencia del muralismo se mantiene aunque estemos hablando de épocas totalmente diferentes.
“Resulta curioso descubrir que el muralismo nunca ha dejado de existir. En los años 60 sí que se llegó a producir un cierto abandono de la pintura mural sustituyéndola por las vayas publicitarias u otras herramientas del arte público, pero con el paso de los años se ha demostrado que el muralismo sigue teniendo una gran vigencia”, contempla Escrivà, a lo que París responde que el muralismo del pasado en comparación con el presente sí que muestra una gran diferencia: la voluntad de la espontaneidad.
“Digamos que ahora el muralismo funciona de una forma más bien espontánea por participar libremente en el espacio público, pero en los años 50 el muralismo, paradójicamente, contaba con un mayor amparo institucional y público. En esa época había una voluntad más ordenada de participar en el proyecto de la ciudad. Por una parte, hay un sueño integrador de las artes y por otro un sueño más de proyecto que habla de la toma libre de espacios”, destaca el comisario de la muestra, quien diferencia que los murales del pasado se comprendían bajo encargos que, en caso de ser ignorados, eran censurados y hasta destruidos como pasó en el caso de varias iglesias. Los salvados, revolucionarios y que cuentan la historia de la València del pasado, pueden visitarse ahora en una actividad del museo que ayuda a comprender la ciudad desde un nuevo prisma situado entre sus muros.