el intento de sumar a los naranjas ahonda la división del tripartito

El Botànic saca sin Ciudadanos los Presupuestos de 2021 pese al mosqueo del PSPV con sus socios

24/12/2020 - 

VALÈNCIA. Una fría unidad de voto dio este miércoles luz verde a los Presupuestos de la Generalitat de 2021 en una sesión que dejó pocas sorpresas en lo que a posicionamientos se refiere, pero cuya trascendencia iba más allá de lo acontecido en Les Corts. PSPV, Compromís y Podem aprobaron sus sextas cuentas –con el rechazo del PP y Vox y la abstención de Ciudadanos– en una imagen que, por primera vez desde que se encuentran al frente del Consell, podría haber variado ante la posibilidad de sumar a un partido de la oposición. En este caso, el naranja. La voluntad, que lo es todo en política, no lo quiso así finalmente puesto que, pese a la calidez con la que el PSPV había acogido a la formación liderada por Toni Cantó, sus socios no tragaron con la táctica para mosqueo de los socialistas

Los intentos de acercamiento de Ciudadanos a las formaciones de izquierdas dentro de su estrategia nacional de centrar el discurso no fueron, desde el principio, recibidos con entusiasmo por parte de Compromís y Unides Podem en la Comunitat Valenciana, que consideraban que no les beneficiaba a nivel de imagen.

Lo contrario de lo que le ocurría al PSPV, que ha evidenciado su afán por pactar con ellos los Presupuestos como culminación de la aproximación que llevaban escenificando desde hace varios meses. Los actores principales de esa obra eran Ximo Puig y Toni Cantó, algo que no ha gustado a los socios en el Ejecutivo autonómico por el juego a varias bandas del jefe del Consell.  

El escenario de pandemia era, desde luego, el más propicio para que el acuerdo pudiera darse. Ciudadanos trató de negociar varias enmiendas con el discurso de que las cuentas tenían que dar respuesta al Pacto de Reconstrucción suscrito por todos los partidos menos Vox. Ximo Puig lo recibió con los brazos abiertos en ese propósito de ampliar la base social de su partido. A lo que acompaña la lectura de que con ello podría reforzar su figura presidencialista dispuesta a los consensos con formaciones de la oposición, lograr arañar votos de Ciudadanos y, de paso, desactivar los ataques de una marca antaño beligerante con la gestión de su Ejecutivo durante los próximos años. En definitiva, un objetivo de conversión de la formación naranja similar al acaecido la pasada legislatura cuando Alexis Marí la lideraba. El movimiento, sin embargo, no interesaba a Compromís y Unides Podem, cuyas bases ni ven con tan buenos ojos el acercamiento a los naranjas ni cuentan con esa posibilidad de que les reporte más apoyos. 

La relación entre Puig y Oltra, clave en el asunto 

Unido a todos esos factores se encontraba el contexto. Una clave importante en este asunto es la propia relación entre PSPV y Compromís. O, mejor dicho, entre Ximo Puig y Mónica Oltra. Los Presupuestos llegaron a Les Corts el pasado octubre con un importante cabreo de la vicepresidenta del Consell porque sus partidas habían sido modificadas por el departamento de Hacienda que dirige Vicent Soler sin acordarlo previamente con ella. Aunque se acabaron corrigiendo parcialmente, la relación con Puig sufrió un nuevo deterioro que se encalló al no producirse ninguna reunión entre ellos hasta pasado un mes pese a las peticiones de Oltra. Mientras ese tiempo transcurría, a quien sí recibió el presidente de la Generalitat en el Palau en reiteradas ocasiones, y con foto incluida, fue a Toni Cantó. Una diferencia de trato que sirvió para acrecentar todavía más el descontento de Compromís. 

Y en esto llegaron las semanas clave de tramitación de las cuentas en el Parlamento autonómico. El tripartito al completo accedió a sentarse a negociar el bloque de 25 enmiendas presentadas por Ciudadanos con las que darían su voto a favor si eran aceptadas. Sin embargo, las relativas a un Fondo Covid de 76 millones de euros para sectores económicos afectados por la pandemia y a una bajada de impuestos provocaban el choque con Compromís y Unides Podem. La primera era finalmente acordada, pero la segunda –la reducción de medio punto del tramo autonómico del IRPF para las rentas inferiores a 50.000 euros– se encontró con el rechazo hasta el final con el argumento al unísono de ambos partidos de que no se mantenía la progresividad y afectaba a la previsión de recaudación actual. 

A pesar de las conversaciones entre Cantó y Puig –y con la participación del responsable de Hacienda, Vicent Soler–, Compromís y Podem se mantenían en el "no". La última esperanza la fiaron a la intercesión de Mónica Oltra, a la que el líder de Ciudadanos llamó este martes. Pero la respuesta fue que era el Parlamento el que se encargaba de tramitar los Presupuestos. Es decir, que no iba a intervenir. Algo que podría haber ocurrido en otro momento, pero que parece claro que no iba a pasar después del episodio de noviembre y de su manifiesto alejamiento de Puig. 

Acusaciones del PSPV a sus socios

El desenlace quedaba entonces claro. Las negociaciones solo iban a servir para una abstención de Ciudadanos a las cuentas y el voto en contra de la ley de Acompañamiento. Los socialistas no disimulan el enfado con sus socios, a quienes acusan incluso –en un discurso más propio de la derecha– de no querer una bajada de impuestos para las clases medias y bajas en plena crisis económica. Cuando, además, en la reforma fiscal de 2017 aprobada por el propio Botànic dejaron de ingresar 77 millones de euros y, según sus argumentos, el dinero de la recaudación que se iba a perder en 2021 se podía compensar con la llegada de los fondos europeos. 

Pese a todo, el cabreo no iba a provocar una ruptura en la unidad de voto, de manera que el pleno de aprobación de los Presupuestos se desarrolló sin sobresaltos aunque con dardos en forma de palabras y gestos. Puig y Oltra, que normalmente entran juntos al hemiciclo, lo hacían cada uno en solitario. Fuera por las mamparas de separación en los escaños, por la imposibilidad de tocarse en plena pandemia o porque el propio ambiente tendía más a la indiferencia, las habituales celebraciones con abrazos y besos en la luz verde a las cuentas entre los máximos responsables del Gobierno no se vieron ayer. Las miradas cómplices tampoco existieron y los reconocimientos entre el propio tripartito fueron reducidos.

Hasta los aplausos, siempre baratos, parecían caros, especialmente cuando salió adelante la ley de Acompañamiento. El presidente de la Generalitat y el portavoz del PSPV en Les Corts, Manolo Mata, se "olvidaron" de pregonar su emoción más de una vez. 


Llegó el turno a continuación de los discursos de fijación de posición por parte de los grupos, que dejaron momentos llamativos por el cruce de alabanzas y de acusaciones. Ferran Martínez y Aitana Mas, de Unides Podem y Compromís respectivamente, defendieron su no cesión ante Ciudadanos y la importancia de la esencia Botànica. "No podemos pasarle la factura a los valencianos de los 20 millones de euros que costaría la foto con Ciudadanos", afirmó el primero, quien los acusó que haberse "autoengañado" por creer que podían pactar únicamente con una parte del Gobierno (en referencia al PSPV) "para ponerlo en contra de la otra".  

El portavoz del partido naranja, Toni Cantó, centró su alocución en los logros obtenidos con las enmiendas aceptadas a las cuentas y en alabar el trabajo de los socialistas para llegar a un acuerdo. "Gracias señor Puig por escucharnos y por reunirse con nosotros. Algunos nos lo han puesto muy complicado, solo querían dinamitarlo y están encantados con ello. Y como tenían muy difícil explicar que nosotros queríamos bajar los impuestos, han tenido que mentir", dijo, en alusión a Compromís y Unides Podem, para añadir que no les hacía falta Ciudadanos "para pelearse". Tras finalizar su intervención, se acercó al escaño del jefe del Consell para darle un codazo ante la sorpresa de Mónica Oltra, que parecía querer decir "¿y a mí por qué no me saluda?", y el gesto impasible del vicepresidente segundo del Ejecutivo autonómico, Rubén Martínez Dalmau. Al final, hubo foto.

Tomó la palabra posteriormente la síndica del PPCV, Isabel Bonig, quien quiso dedicar un minuto de silencio a las víctimas de la covid y se emocionó en un discurso con cita del Evangelio incluida para recordar la lucha por la vida. Sus palabras fueron cargadas de reproches a Ximo Puig y, curiosamente, de elogios a Compromís. "¿Qué más hubiésemos podido hacer el PP con los Presupuestos si ni siquiera ha tenido la dignidad de descolgar el teléfono y proponerle a la líder de la oposición que se reúna con usted? ¿Es consciente de lo que ha hecho? Acaba de dejarnos la oposición entera al PP", le espetó al jefe del Consell. Además, dio las gracias a Compromís por su "impulso al Pacto de Reconstrucción" en Les Corts que, en su opinión, salió por la voluntad de la coalición y de los populares. "Si a mí me lo dicen en el 2015, hubiera dicho que jamás en la vida", ironizó.

El síndic del PSPV, Manolo Mata, quien en los últimos días ha reiterado su deseo de que Ciudadanos se sumara a las cuentas, expresó sus dudas sobre si la política "ha estado a la altura" en este momento porque "para construir hay que sumar muchas manos". Y al PP le replicó que "si a uno no le llaman, llama él" porque "cuando se quiere aportar se aporta". 

Desde Vox, su portavoz, Ana Vega, criticó que los Presupuestos recién aprobados no sean "para las personas sino para los amigos del régimen" y tildó a Ciudadanos de "cuarto partido del Botànic". 

   

La sesión, pese a las pullas, finalizó con buenos deseos generalizados para el próximo año, aunque si el espíritu navideño parecía percibirse en alguna relación política, era la de PSPV y Ciudadanos. "Hay un camino abierto y una voluntad de entendimiento", afirmó Ximo Puig sobre la formación naranja. Pese a no haber conseguido lo que pretendía con las cuentas, el mensaje apunta a que el episodio de amor todavía no ha terminado. 

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