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NUEVA APERTURA

Casa Cabanyal, bar cultural y nuevo destino de tapeo

En Guía Hedonista nos hemos propuesto hacer un buen repaso a los barrios de la ciudad de València: un rastreo exhaustivo de los bares, tabernas y restaurantes que se nos van, pero sobre todo para echarle el diente a los que vienen

Por | 25/09/2020 | 4 min, 33 seg


Y en esta labor de campo, el Cabanyal-Canyamelar reclama una y otra vez nuestra atención. Es una cantera sin fondo; todas las semanas pasan cosas nuevas, como nos contaba Paula Pons la semana pasada en este artículo. La que nos ocupa hoy es la apertura de Casa Cabanyal, un nuevo local con terraza interior situado en la antigua “zona cero” del barrio, epicentro en su día de las demoliciones derivadas del proyecto de ampliación de la avenida Blasco Ibáñez. En este entramado de calles, ahora reurbanizado, se dan curiosos contrastes.

En el número 191 de la calle Escalante, abrió sus puertas hace tres semanas un nuevo local completamente rehabilitado sobre un antiguo almacén que permaneció abandonado durante más de una década. Ahora consta de una sala de líneas modernas con cocina abierta, mobiliario vintage y amplios ventanales abatibles que recaen en una preciosa terraza interior con flores distribuidas en jardineras. Frente a este nuevo establecimiento, perfectamente mimetizado con el contexto de nuevas plazas y pavimentos a estrenar que caracterizan esta parte del barrio, se erige heroicamente la bodega Gómez, conocida entre los vecinos como La Guapa. Un bar oscuro y nada cuqui que lleva décadas sirviendo de refugio a un grupo de singulares parroquianos. Un refugio inexpugnable, que ha sobrevivido entre ruinas, demoliciones y reconstrucciones; es un símbolo de resistencia frente a la especulación y el proceso de gentrificación del barrio. Casa Cabanyal y Bodega Gómez, dos mundos antitéticos separados por una sola calle.

“Cuando compramos este edificio, hace ya varios años, me interesé mucho por La Guapa”, explica Paolo Cammarano, uno de los propietarios de Casa Cabanyal, que también es realizador audiovisual. Fue tal su fascinación por la vieja bodega que acabó rodando un cortometraje documental sobre su historia. La película, que circula ahora por festivales europeos, se estrenará en España en los próximos meses.

Paolo insiste en que Casa Cabanyal nace con vocación de hacer barrio, no de atraer exclusivamente a turistas. Los propietarios -un napolitano y un milanés- evitan referirse a este negocio como una casa de comidas o un restaurante; prefieren considerarlo un bar cultural donde puedes ir a pasar la tarde con unas cervezas o sentarte a cenar a base de tapas mientras disfrutas de una actuación en directo. Han buscado un concepto híbrido e informal en el que la programación de actividades sea continua: “Nuestro reto es que prácticamente todos los días suceda algo, ya sean proyecciones de cine, una exposición de fotos sobre puerto, una jam de jazz o una charla sobre el futuro del barrio”.

Tapas mediterráneas con elaboraciones sencillas

Paolo asume que su oferta gastronómica está todavía en una etapa de ensayo y error, en la que deben observar con atención la respuesta de sus clientes para reajustar la propuesta si es necesario. Por el momento se han lanzado a la arena con un concepto de comida mediterránea contemporánea “abierta al mundo” y elaboraciones sencillas. El objetivo es llegar a un amplio espectro de paladares sin meterse en camisas de once varas.

En Casa Cabanyal no hay carta, sino pizarra. Los platos rotan cada tres días en función de los productos de temporada que llegan al Mercado del Cabanyal. Tampoco hay fritos: “Hemos apostado por la comida saludable, así que todas las preparaciones son en crudo, horno, plancha o cazuela”, explica Paolo. ¿Ejemplos? Tostadas de camembert y manzana; rollito de berenjena con crema de nueces; quiche de salmón y calabacín; crepes de espinacas con feta y boniato; albóndigas de pollo y mango; saquito de tofu con cerdo ibérico; pollo marroquí con cuscús o pannacotta con hierbabuena. La idea de fondo es poder comer o cenar por 15 o 20 euros a lo sumo.


Hablemos del nombre

Quizás el lector habrá caído en la cuenta del pequeño “problemilla” que empezamos a tener para distinguir locales que integran el nombre del barrio en el suyo propio. Tenemos, como punto de partida, el Mercado del Cabanyal, que no hay que confundir con Mercabañal, el espacio gastronómico (y de copas) que abrió sus puertas en mayo de 2019 en la calle Eugenia Viñes. Por otra parte está el Bar Cabanyal de la calle Martí Grajales, uno de nuestros destinos preferidos en la zona para degustar productos de lonja frescos y a precios razonables. Por supuesto, existe una Bodega Cabanyal al final de Blasco Ibáñez, y ahora, por último, damos la bienvenida a Casa Cabanyal. “Sabíamos que era un riesgo -concede Paolo-, pero hace años que teníamos claro el concepto y el nombre que queríamos para este negocio. Es una marca de identidad muy fuerte, y aquí tiene sentido utilizarla, porque esto es el Cabanyal histórico, no el Canyamelar”.


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