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La cartelera se prepara para una oleada de estrenos de cineastas valencianos

  • Equipo de rodaje de Morir no siempre sale bien.
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VALÈNCIA. El audiovisual valenciano se prepara para una oleada de estrenos en una de las temporadas altas de la cartelera cinematográfica, la que resta entre las vacaciones de semana santa y el verano. Será momento de que se dejen ver en pantalla grande algunos de los títulos que han ocupado notas de prensa y presentaciones los meses anteriores.

¿Hay un punto en común en esta batería de estrenos? Se puede decir que gana el drama y que son películas llamadas la sufrida clase media del cine español, que puede devenir en sorpresa o puede ser engullida entre otras muchas novedades.

El primero en llegar fue este pasado viernes: el documental Mariscal. La alegría de vivir (20 de marzo), documental dirigido por Laura Grande que se adentra en la figura del diseñador Javier Mariscal desde una perspectiva íntima. La película reconstruye su trayectoria —desde la efervescencia creativa de la Transición hasta los momentos de crisis— a partir de una larga conversación con el propio artista y de los testimonios de colaboradores y figuras de la cultura. Y más allá de un simple recorrido biográfico, el film se detiene en las contradicciones de un creador marcado por el entusiasmo y la inestabilidad, componiendo un retrato que esquiva el homenaje complaciente.

El 24 de abril llegará Después de Kim, el nuevo largometraje de Ángeles González-Sinde. que adapta su propia novela para construir un relato sobre el duelo y los vínculos rotos. Ciertamente, González-Sinde no es una cineasta valenciana, pero la producción sin duda lo es. Rodada mayoritariamente en Benidorm (una zona que la directora conoce muy bien) y València, la historia sigue a una expareja que, tras años sin contacto, se reencuentra en España al recibir la noticia de la muerte de su hija. Todo se complica cuando también se tienen que hacer cargo de la búsqueda de su nieto desaparecido, que acabara catalizando el intento de recomponer una relación atravesada por el pasado. 

Mayo concentrará varios de los estrenos más esperados. Por ejemplo, Cowgirl (2 de mayo), de Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens, una comedia romántica rural que sitúa su historia en el interior de Castellón. La película sigue a una granjera (interpretada por Isabel Rocatti) que lucha por mantener su explotación mientras intenta que su última vaca quede preñada. Entre el humor y el drama, el film quiere reivindicar la visibilidad de un personajes “poco habitual” en pantalla como es una mujer mayor, independiente y arraigada al territorio y plantea, desde lo cotidiano, una reflexión sobre las segundas oportunidades y la persistencia de ciertas formas de vida.

Por otro lado, también llegará a los cines A la cara (15 de mayo), segundo largometraje de Javier Marco, que amplía el universo de su premiado cortometraje para explorar las consecuencias del odio en redes sociales cuando este abandona el anonimato. El encuentro entre una presentadora de televisión y uno de sus acosadores se convierte en un duelo interpretativo (con los siempre solventes Sonia Almarcha y Manolo Solo) para abordar de manera compleja la culpa, la soledad y las relaciones familiares. 

Ya en junio, el día 5, llegará Mi cielo tu infierno, de Alberto Evangelio, un thriller romántico queer ambientado en la España franquista. La película recorre la relación clandestina entre dos mujeres a lo largo de varias décadas, marcada por la represión legal y social. Evangelio combina el relato histórico con elementos de tensión propios del thriller psicológico.

Cerrará este ciclo de estrenos Morir no siempre sale bien (26 de junio), de Claudia Pinto, que se adentra en la comedia desde un enfoque que mezcla humor, drama social y thriller. Una familia en crisis decide secuestrar el cadáver de su antiguo jefe para pedir un rescate. A partir de ahí, la película construye un juego de espejos entre clases sociales y explora hasta dónde pueden llegar sus personajes cuando la precariedad aprieta. Pinto ya contó en una visita al rodaje que quería abordar la historia desde un equilibrio inestable entre lo trágico y lo cómico, con ganas de ampliar los márgenes de la comedia española.

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