VALÈNCIA. Hace poco más de un año la distancia entre el Cabanyal y los Goya era de apenas 4 km, pero inevitablemente (y tras la partida de los premios de València) la distancia se volvió a alargar. Sin embargo, gracias al equipo valenciano de Quieto Billy la distancia comentada se vuelve a acortar. Su director, Iván Fernández de Córdoba, cuenta en apenas 15 minutos un relato de esperanza y superación de la mano de los actores Rebeca Valls y Bruno Tamarit, ambos galardonados en los premios MAX. Esta vez el reto frente a la cámara es contar una historia de calidad humana en la que ambos protagonistas del relato se entrelazan en un relato con la esperanza como hilo conductor.
Dar y recibir
La inspiración para confeccionar Quieto Billy nace por parte de la pareja de Iván, educadora social, quien le contaba las "batallitas" de los centros de menores, historias que poco a poco fraguaron y tomaron forma en la cabeza del director, generando este cortometraje. Para contar la historia se habla de Billy, un niño conflictivo que ahora como adulto disfruta de una vida mejor: “para la construcción del personaje de Billy, me basé en una serie documental en la que trabajé hace unos tres años. Uno de los capítulos trataba sobre la construcción, abandono y deterioro del barrio de La Coma. Hubo una entrevista en concreto que me dejó conmocionado. De ahí, surgió Billy”, confiesa el director.
Para comprender el presente es necesario mirar al pasado, cuando Billy (interpretado por Tamarit) y María (Rebeca Valls) se cruzan en un centro reformatorio. El joven Billy ya está echando su vida a perder, pero es su mentora María quien logra reconducirle de cara a su futuro, que los ha llevado a encontrarse en el mítico bar La Paca del Cabanyal por primera vez, estando ambos en plena etapa adulta. La conversación entre ambos personajes pone en claro como el encuentro y enlace del pasado reconduce a ambos a un escenario totalmente novedoso en el futuro, teniendo la esperanza como hilo conductor del relato. Todo ello cuenta con un telón completamente valenciano, en el que según el director se aprovechan los recursos naturales de la terreta para generar la historia: “Me fascina el cauce del río Turia, la vegetación, la piedra, la textura, la diversidad que respiran sus espacios... y además, hacía un gran símil con el far west”.