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Cinematográfico Saul Bass

Con su minimalismo atemporal elevó a arte el diseño de carteles y de títulos y secuencias de créditos en el cine del siglo pasado

17/06/2019 - 

VALÈNCIA.- Trabajador, perfeccionista, innovador y con una obra prácticamente inmortal. Así se podría describir a Saul Bass, de quien todos hemos visto sus carteles, sus logos y sus títulos de crédito de películas. Y es que, en su prolífica carrera, dejó cinco décadas de trabajos para publicidad y marcas, pero sobre todo destacó desde la gran pantalla haciendo tándem con los mejores directores de la época. Para llegar a la meca del cine, a mediados del siglo pasado, cruza Estados Unidos desde Nueva York hasta asentarse en Los Ángeles, donde funda su propio estudio y recibe el primer encargo de la industria del cine a manos del director Otto Preminger.

Con él experimentó cómo sería la continuación del cartel a unos títulos de crédito con Carmen Jones (1954). Fruto de este trabajo le  llegó una colaboración con Billy Wilder para La tentación vive arriba (1955) y su primer gran hit, de nuevo con Preminger, con el cartel y créditos de El hombre del Brazo de Oro (1955). Fue precisamente con el director alemán con quien terminó de encumbrarse cuatro años después diseñando la mítica gráfica, cartelería y secuencia de apertura de Anatomía de un asesinato (1959). Por esa primera época dorada se casó con quien fue su gran ayudante, Elaine Bass, que pasó de asistente a firmar con él gran parte de sus trabajos.

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Artesano de las formas y los colores, reconoció haberse inspirado en el diseñador húngaro György Kepes que fue quien le habló de estilos como el constructivismo ruso o corrientes gráficas alemanas, lenguajes que Bass trasladó con maestría a la ilustración o la animación, introduciéndolas en el mundo de los títulos de crédito del cine que hasta entonces se limitaban, técnica y gráficamente, a la sucesión de cartelas estáticas con nombres del equipo de la película. Así es cómo Saul Bass supera cualquier barrera tecnológica e incluso es pionero experimentando con ordenadores antes incluso de los años sesenta, y dignifica estos importantes primeros minutos de las películas en el momento en el que estos créditos se dejan de proyectar sobre el telón para pasar a la pantalla.

* Lea el artículo completo en el número de mayo de la revista Plaza

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