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políticos al habla / OPINIÓN

Defender el morado

8/03/2019 - 

Hoy cuando lean estas líneas estaré de huelga. Este 8 de marzo pisaré las calles nuevamente de Valencia en señal de protesta, en defensa de la igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres, harta de que seamos discriminadas por nuestra condición sexual de las más variadas formas (trabajos, salarios, publicidad, cuidados, responsabilidades). Reivindicaré la libertad y el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo y nuestra vida. Rendiré homenaje a cuantas mujeres, niñas y niños han sido víctimas de la violencia machista que ya no están pero no olvidamos. Y mostraré mi reconocimiento y respaldo a quienes con valentía aún resisten y se enfrentan a la violencia cada día. En mi memoria estarán presentes también las mujeres migrantes, especialmente las niñas y adolescentes, que no tienen quienes las acompañen en sus desplazamientos. No las vamos a dejar solas. A ninguna de ellas. No cederemos ni un paso ni un derecho de los conquistados al abismo al que algunos necios dicen querer avocarlas. 

Me manifestaré a favor de una justicia despatriarcalizada, donde un juez no juzgue nunca a la mujer por su vestimenta ni por su resistencia cuando la evidencia es palmaria. Necesitamos unos operadores jurídicos formados en género y unas leyes que profundicen y acompasen el cambio que ya es real, que ha venido para quedarse. Recorreré esas calles junto a tantas mujeres invisibilizadas que ya no lo son tanto, porque les ponemos por fin nombre, como las aparadoras, las kellys y tantas mujeres que nos han abierto y abren cada día caminos en la ciencia, el deporte, la sanidad, la economía y en tantos lugares afortunadamente.

Saldré pisando fuerte porque llegó nuestro tiempo, porque no se puede avanzar sin nosotras. Y celebraré las nuevas masculinidades, a los hombres que ya son corresponsables, feministas, cuidadores y cómplices. No hay sociedad democrática sin ellos, por eso los necesitamos también en esta lucha que es de todos y todas, que es por la igualdad.

Esta semana también termina la novena legislatura de les Corts valencianes en la que he defendido doblemente el color morado, el del feminismo y el de Podem, como diputada y portavoz adjunta del grupo parlamentario. No es fácil ser mujer, tampoco en política. Ni en las instituciones ni en los partidos políticos. He visto a diputados vehementes defender sus materias a los que nadie ha espetado un “tranquilícese”, que siempre nos reservan a nosotras. He visto miradas y sonrisas indebidas de diputados a diputadas. He visto y afeado comentarios impropios a políticas en activo, que lo son más cuando los hacen cargos públicos. He visto y denunciado anuncios sexistas en autobuses públicos en Valencia en los que nuestra dignidad se mostraba en cueros. He visto mujeres que no aplican políticas ni prácticas feministas cuando tienen la oportunidad. He visto líderes políticos estatales que nos quieren dar lecciones a las mujeres y decirnos lo que hemos de hacer como antaño. Y otros envueltos en campañas desafortunadas que los valorizan cuando vuelven de ocuparse de tareas de cuidados que nosotras, con normalidad y discreción, llevamos haciendo siglos. Pero por encima de todo celebro que avanzamos, me gusta comprobar que en política, en todas las bancadas, tenemos numerosas diputadas formadas, valientes, buenas oradoras, ocupando puestos visibles de responsabilidad también en el primer gobierno valenciano paritario. Son pasos de gigante que hablan de una sociedad que ya se ha transformado, pero que tiene que continuar. También me congratula saber que tenemos diputados y cargos públicos a la altura de un tiempo marcado por el feminismo.

Manifestación 8 de marzo de 2018. Foto: EVA MAÑEZ

He impulsado en este tiempo en les Corts medidas específicas para luchar contra la violencia machista a través de las unidades de valoración forense integral del daño que tan necesarias son para las víctimas y cuyo papel en la prevención de la violencia contra las mujeres puede ser crucial. He reivindicado la necesidad de kits de agresión sexual en los Institutos de Medicina Legal y en los Hospitales públicos valencianos  para recoger y conservar debidamente las pruebas cuando se produce una agresión sexual para que las víctimas no sean doblemente victimizadas. He velado por los derechos de las menores migrantes en ese trayecto en el que están tan solas como expuestas a todos los peligros. He celebrado con mis compañeras de la Comisión de Igualdad de les Corts valencianes la unidad en el impulso del Pacto valenciano contra la violencia machista, que recientemente ha quebrado Ciudadanos, tan desubicados como siempre.

Esta semana ha habido también tiempo para los desencuentros políticos de primer nivel que opacan –aunque sea por poco tiempo- la manera nueva de construcción política que representa el Botánic, que ha demostrado ser un espacio estable hasta el final de la legislatura en el cual se han entendido las tres fuerzas botánicas, como prueban los numerosos brotes verdes que representan entre otros: el copago farmacéutico para quienes menos recursos tienen, medicamentos gratuitos para los enfermos de hepatitis C, una agencia independiente de lucha contra el fraude y la corrupción, una reforma fiscal más progresiva, la reversión a lo público de hospitales antes privados, y la aprobación de tantas leyes que garantizan derechos como las de  servicios sociales, infancia y adolescencia, LGTBI, renta de inclusión, o radiotelevisión valenciana. Un legado que no se debe empañar en la recta final porque sobre él y el horizonte que representa están depositadas aún muchas ilusiones, porque hay un futuro por el que seguir trabajando duro para tanta gente que sigue esperando de la política resultados tangibles. 

El ruido generado estos días ha sido pasto para quienes arrasaron durante veinte años la tierra valenciana hasta el punto de dejarla yerma; pero también para quienes no saben si vienen o van ni saben a qué han venido a la política valenciana. Olvidan estas almas carroñeras, que quieren devolvernos al pasado y desandar nuestros pasos, que el verde siempre brota en primavera y nos devuelve de nuevo la esperanza, en este caso, la de profundizar los cambios emprendidos y seguir fortaleciendo con políticas efectivas el Estado de bienestar. No saben que no vamos a darles tregua, ni excusas, porque el Botánico es sagrado, porque vino para quedarse.

Si me lees, quiero que sepas que aquí nadie se rinde, que la lucha sigue, que me verás hoy y mañana junto a tantas mujeres porque nuestro presente y nuestro futuro dependen de nuestra acción. Saldremos juntas a defender nuestros derechos en cualquier ámbito privado o público, porque cuando nos tocan a una nos tocan a todas. Aún puedes sumarte, porque nunca es tarde.

Quiero dar las gracias a todas las mujeres que nos mostraron el camino, a mi madre, a mis tías, a mis abuelas, a todas cuantas nos han traído aquí y a las que ya construyen nuestro mañana. Hoy en este 8 de marzo, hasta que todas nos sepamos libres, iguales y vivas, has de saber que:

“Soy Yerma. Estoy de 5 meses. Se llamará Lucha. Será niña” (María Nieto: Siempre Vivas).


Fabiola Meco, exdiputada de Podem en Les Corts en la IX legislatura

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