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LAS SERIES Y LA VIDA

Esas buenas series que pasan desapercibidas: 'Apple tree yard'

2/03/2019 - 

VALÈNCIA. Demasiadas series como para esta al día. Solo este mes de marzo Netflix, HBO y Movistar suman 33 series, entre estrenos y nuevas temporadas, a las que hay que añadir las de las cadenas en abierto, las de Amazon o Filmin y los canales del resto de plataformas (TNT, AXN, Calle 13, etc.) Imposible seguir el ritmo, por más que haya un buen número de ficciones que no nos interesen nada y no formen parte de nuestro consumo. E imposible también que no se pierdan cosas interesantes, sobre todo si no vienen acompañadas de ruidosas campañas publicitarias. Incluso seleccionando con sumo cuidado nos dejaremos fuera algo que merece la pena. 

Una de esas buenas series de las que no se habla, de esas que hay rebuscar o a las que solo llegas porque alguien de buen gusto e insistente te avisa, como fue mi caso, es Apple tree yard, una miniserie británica de cuatro episodios producida por la BBC y protagonizada, maravillosamente bien, por Emily Watson y Ben Chaplin. Está disponible en Sundance y en AMC. Ese trata de la adaptación de la novela homónima de Louise Doughty, un libro de gran éxito editado en numerosos países. La serie, por su parte, alcanzó los siete millones de espectadores en su pase en la televisión inglesa. 

Escrita por Amanda Coe y dirigida por Jessica Cobbs (muchas mujeres por aquí, bien) comienza como la historia de una mujer madura y exitosa (es científica especializada en el estudio del genoma humano) que, un buen día, arrastrada por la curiosidad y por el aburrimiento de su ordenada vida perfecta, se lía con un desconocido en un cuarto de la limpieza del palacio de Westminster. Nada nuevo, ya ven. Lo que pasa es que luego la historia transita por lugares un poco inesperados que juegan muy inteligentemente con nuestras expectativas. No es solo que ocurran acontecimientos imprevistos o giros sorprendentes, que alguno hay, sino, sobre todo, el modo en que eso está contado. Y ya aviso, no va a ir nunca por donde esperamos. 

En realidad estoy diciendo una verdad de Perogrullo que sirve para cualquier ficción. Este es un terreno, el de la ficción, en el que no se trata de lo que cuentas sino de cómo lo cuentas. Es su esencia. Y aquí lo cuentan todo muy bien. Algo que sucede al final del primer capítulo, no relacionado con ese affaire, cambia la historia y la traslada a otra dimensión. Si creíamos que lo que íbamos a ver era de nuevo el concepto de mujer aburrida que se lía con hombre misterioso, como en aquella cosa tan inverosímil de Adrian Lyne con Richard Gere y Diane Lane, Infiel (si se han tragado esta y no su original, La mujer infiel de Claude Chabrol, no tienen perdón, ya están tardando en buscarla y verla), la respuesta es no. Bueno, sí y no. Claro que esto está, solo que junto con muchas más cosas. 

El entregarse a la pasión, probar nuevas experiencias o descubrir aspectos inéditos de su sexualidad son esenciales en el personaje central, el de Emily Watson, que es el punto de vista desde el que se nos cuenta la historia. Pero es lo que le sucede al margen de su lío con un señor desconocido lo que impulsa la acción y remueve todo su mundo. Y lo que le sucede lleva la serie a otra dimensión y complejas reflexiones acerca de los roles masculinos y femeninos en la sociedad o sobre el deseo. Cuidado con lo que deseas (y no referido exclusivamente al terreno sexual o amoroso) podría ser un buen lema de la serie. 

Pero no piensen que estamos ante un argumento fácil y maniqueo, de buenos y malos, de acciones simples, de causa y efecto. No, no es Apple tree yard un relato cómodo ni complaciente. Todo lo contrario. Es, más bien, una serie amarga y no porque lo que pasa sea dramático, que no van por ahí las cosas. Es por el tono y porque obliga a pensar en la responsabilidad individual, en las consecuencias de los actos (y no me refiero al manido ser infiel o no). Entre thriller, melodrama y tragicomedia ofrece un relato muy sólido y bien construido, cuatro capítulos con interpretaciones de gran nivel y con ese plus de las buenas ficciones que se quedan en tu cabeza rondando y haciéndote pensar. ¿Y si…? ¿Qué hubiera hecho yo…?

Señoras mayores

La serie adopta el punto de vista de la protagonista, que es un mujer al borde los cincuenta años, si no los tiene ya. Los primeros minutos nos la muestran haciendo gala de su trabajo y de su profesionalidad: una mujer madura, segura, con trayectoria, de aspecto normal y vestida de forma elegante pero convencional. Quiero decir que no es Nicole Kidman en Big little lies, con esa belleza que eclipsa a cualquiera. No. Su encuentro con el desconocido misterioso, que tampoco es Alexander Skarsgard, hace saltar chispas y acaba en el polvo del cuarto de las escobas que ya hemos mencionado. 

Que no sean Kidman ni Skarsgard, sino Emily Watson y Ben Chaplin, intérpretes de aspecto muy normal, con un atractivo como de andar por casa, es casi una declaración de principios en los tiempos que corren. Y que en quince minutos de serie les veamos dejarse llevar por la pasión del momento, saltándose todas las normas, con sus cuerpos normales y corrientes y su belleza cotidiana no deja de ser una rareza en la representación del sexo y el deseo de las ficciones audiovisuales. Si lo comparamos con Infiel, prototipo de Hollywood para este tipo de historias, la diferencia salta a la vista: estos no son un par de bellezones bellamente iluminados a contraluz con estética de anuncio de colonia. Y se agradece muchísimo esa naturalidad, esa forma de explicar que todo el mundo desea y que todo el mundo, mal que bien, folla. 

Y es que las series, poco a poco, se están llenando de mujeres maduras, de más de cuarenta, de cincuenta y de sesenta que protagonizan las historias: The fall, Happy valley, Olive Kitteridge, The good wife, The good fight, Broadchurch, Divorce, Catastrophe, The Bletchley Circle, Mom, Big Little lies, Cómo defender a un asesino, The Closer, Ley y orden: unidad de víctimas especiales, etc. Encabezan thrillers, policíacos, comedias, dramas, melodramas, sitcoms, procedimentales, miniseries, etc. Alegrémonos. 

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