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Industria, defensa y sector espacial hacia la autonomía estratégica en la era de la IA, eje del Grupo 2

El grupo de trabajo sobre “Industria y Telecomunicaciones” reúne a María Marced, Ezequiel Sánchez, Andrés Pedreño, Javier Martí, José Rosell, Pepe Nieto, Marcos Rozas, Ángela Pérez y León Grau

VALÈNCIA. Acabar con la dependencia tecnológica y financiera de otros países se ha convertido en una de las grandes aspiraciones de las regiones europeas, además de una cuestión de seguridad. Una bandera que permitiría impulsar a los sectores que integran el Grupo 2 de FORO PLAZA: industria, defensa, TIC y espacio. Para ello es conveniente adecuar la regulación, integrar la inteligencia artificial, acabar con la fragmentación, aprender a compartir datos y favorecer la inversión en proyectos innovadores.

El Grupo 2 está integrado por la expresidenta de TSMC Europe y coordinadora en la actualidad del informe que servirá de base para la redacción de la Ley de Chips 2.0 de la Unión Europea, María Marced; el fundador y presidente de S2 Grupo, José Rosell; el presidente de PLD Space, Ezequiel Sánchez; y el fundador y presidente de 1Millionbot, Andrés Pedreño.

Lo integran también el director de operaciones corporativas de Comet Aerospace, Pepe Nieto; el CTO de DAS PHOTONICS y coordinador de ICTS MICRONANOFABS, Javier Martí; el director general de Nealis Tech, Marcos Rozas; el gerente de Hilaturas Miel y presidente de Aitex, León Grau; y la fundadora de Imegen y miembro del consejo editorial de Ediciones Plaza, Ángela Pérez.

En la reunión de constitución del Grupo 2 se ha hablado de que un problema central en la Unión Europea es la existencia de 27 regulaciones distintas en muchos ámbitos, lo que genera una enorme lentitud e ineficacia. La búsqueda de la "soberanía tecnológica" a nivel nacional está llevando paradójicamente a una mayor fragmentación en sectores críticos como las telecomunicaciones o la defensa. Por eso, la verdadera soberanía plantearse a nivel europeo para poder competir con gigantes como Estados Unidos o China, que no dudan en saltarse sus propias reglas para avanzar.

El concepto del Régimen 28 se presenta, en ese sentido, como una opción interesante a explorar, ya que constituye un marco regulatorio unificado y voluntario al que las empresas innovadoras podrían acogerse para operar en toda la UE sin sufrir los efectos de las diferencias de costes de contratación o impuestos por países.

Europa y España son buenas creando startups, pero el verdadero problema es hacerlas escalar (scaleups). En el caso de las empresas de base tecnológica (deep tech), escalarlas en Europa es ha convertido en una auténtica "tarea de valientes". La fragmentación fiscal dificulta enormemente, por ejemplo, el uso de herramientas clave para impulsar el tejido innovador como las stock options, tratadas de forma distinta en cada país e incluso con barreras a nivel autonómico, lo que impide atraer y retener talento internacional.

A ello se suma el peligro de financiar el crecimiento exclusivamente a través de fondos de capital riesgo, que en muchos casos incorporan "cláusulas de arrastre", que obligan a vender la empresa. Esto provoca que fundadores pierdan el control y que la soberanía tecnológica acabe en manos de capital extranjero.

En última instancia, todos estos inconvenientes ponen de manifiesto una falta de cultura en la economía del intangible. A diferencia de otras economías, como la de Estados Unidos, los inversores locales tienen aversión a invertir en intangibles, como tecnología, software e investigación, y prefieren los activos físicos, como los productos industriales o inmuebles. Para tecnologías profundas o aeroespaciales, que requieren largos tiempos de investigación, se necesita incluso la figura del inversor paciente que aporte valor y acompañamiento a largo plazo, en lugar de buscar un retorno rápido especulativo.

La inteligencia artificial (IA) generativa es vista ya como una commodity y la verdadera revolución inminente es la IA agéntica, que consta de sistemas capaces de actuar y tomar decisiones de forma autónoma, capaces incluso de mejorar sus propios modelos. Es manifiesta la grave desconexión del tejido empresarial tradicional con esta tendencia tecnológica. Muchos empresarios ni siquiera consideran la IA en sus planes a corto plazo y la ven como algo anecdótico.

La IA tiene el potencial de reducir las barreras entre pymes y grandes industrias, permitiendo a las primeras ser altamente competitivas si aplican bien su conocimiento de negocio. Porque introducir la IA requiere transformar la cultura corporativa. El Grupo 2 insta a crear "oficinas de inteligencia digital" que mapeen los procesos de cada empresa y busquen victorias rápidas para vencer la resistencia interna al cambio, sin obsesionarse únicamente con el retorno de inversión (ROI) inmediato.

Para que la IA funcione de manera fiable, necesita ser entrenada con datos de enorme calidad y volumen. Las empresas deben perder el miedo a compartir su información. Es imprescindible crear espacios de datos comunes, bien gobernados, regulados y seguros, y eso implica también incorporar la ciberseguridad como pilar, porque ya no es un problema lejano, sino una amenaza diaria ineludible en un contexto geopolítico inestable.

El mejor mecanismo para que una pequeña empresa tecnológica crezca no es la subvención, sino conseguir contratos reales mediante fórmulas de compra pública innovadora. Sin embargo, los sistemas de licitación pública están rotos, se adjudica casi exclusivamente por precio, sin valorar los beneficios indirectos, como la autonomía estratégica, lo que deja fuera sistemáticamente a las pymes y favorece a los "grandes elefantes".

Por último, el exceso de dependencia externa está vaciando a Europa de capacidades industriales básicas y críticas. Es necesario avanzar hacia la autonomía estratégica, para lo cual deben articularse mecanismos de colaboración público-privada y de conocimiento del ecosistema para los potenciales compradores de tecnología.

Un ejemplo válido puede ser la industria del textil. El sector europeo ha perdido su capacidad de producir fibras, lo que hace que sea totalmente dependiente de Asia, vulnerable ante futuras crisis en los suministros. De igual forma, aunque Defensa y Espacio son motores históricos de innovación, la industria europea de defensa está fragmentada en la actualidad. 

Incluso dentro de la UE, vender tecnología militar requiere licencias de exportación entre países miembros, lo que está impidiendo la creación de un verdadero mercado único de defensa o un ejército europeo unificado. Apostar por tecnologías esenciales o fabricadas en Europa bajo el concepto de suministrador confiable se ha vuelto una cuestión de seguridad nacional pura.

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