Honoo ha cerrado. Las brasas de su horno de leña kamado se apagan y con ellas el fuego y el humo que durante años marcaron la esencia de este restaurante. El local baja la persiana para dejar atrás el proyecto gastronómico en el que tantas veces disfrutamos del kushiyaki —esas brochetas de carne o pescado a la brasa— y de una carne de wagyu tratada con absoluto respeto. Se despide también la izakaya en la que muchos descubrimos que la cocina japonesa va mucho más allá del sushi y que abría una puerta a nuevos sabores y texturas.
El futuro de Honoo pasa por convertirse en un espacio dedicado a la cultura, pensado para acoger encuentros, talleres, catas o pequeños eventos. Un lugar abierto a la creatividad de Ulises Menezo, siempre despierta y receptiva a nuevas ideas. “Honoo cierra sus puertas como restaurante, pero las abrirá como un espacio cultural japonés”, explica el propio Ulises. No quiere dar más detalles sobre el proyecto que tiene en mente, pero deja claro que Honoo cierra como restaurante para volver a abrir con una nueva vida, manteniendo su pasión por dar a conocer la cultura nipona. “Tengo mucha ilusión en el nuevo futuro de este espacio”, recalca. De momento, explica, ese local servirá para ampliar el espacio de Shinkai Tastem y funcionará como reservado. Queda por ver si algunos de los platos que formaban parte de la propuesta de Honoo acabarán incorporándose a la carta del restaurante original.
Honoo abrió en noviembre de 2016 como una izakaya dedicada a las brasas japonesas. Lo hizo pared con pared con Tastem, abierto en 2002 y el primer proyecto de Ulises en la ciudad. Al frente estuvo primero Yoshi Yanone, después Eduardo Espejo —otro buen conocedor del mundo de la brasa— y en 2022 Roberto Peña cogió el relevo de este último. Todo ello en un momento especialmente complicado para el sector, que atraviesa una evidente falta de personal cualificado en cocina y sala. “Duele mucho cerrar un restaurante por falta de personal”, lamenta el propietario. Y es que, como él mismo explica, “empezar de cero es muy difícil, y más si estás solo como yo, que no tengo ningún grupo gastronómico detrás”.
Una realidad que muchos restaurantes están sufriendo y que también ha pesado en el futuro de Honoo. La falta de personal se ha convertido en uno de los grandes problemas de la hostelería en los últimos años. No es que falte trabajo —la demanda sigue siendo alta—; el problema es encontrar profesionales cualificados dispuestos a asumir las condiciones que tradicionalmente ha tenido el sector. “La gente quiere vivir, y eso no está alineado con turnos partidos o con horarios de difícil conciliación familiar”, lamenta Menezo. Por ello, insiste, “hoy en día es muy difícil encontrar a un buen equipo”.
Esa reflexión resume bien el momento que atraviesa la hostelería y que ha acabado marcando el destino de Honoo, que ahora se despide como restaurante para iniciar una etapa vinculada a la cultura japonesa. Un proyecto que Ulises Menezo prefiere no desvelar por ahora, aunque reconoce que afronta con ilusión.